Eliminé los virus con alcohol
Ya era tarde y estaba terminando el día, el hombre, de unos 60 años bajó de su flamante camioneta y luego de cruzar la puerta se sacó la boina y saludó muy amablemente, algo extraño de ver en este siglo, y preguntó si podía hacerme una con sulta, pregunta que acepté amable mente. En estos casos debo reconocer que la empatía funciona.
El hombre sacó del bolsillo de su campera un disco rígido, Western Digital de 250GB si no me falla la memoria y cuando lo deja sobre el mostrador me dice con una seriedad y tranquilidad pasmante:
“Mira m’hijo, llamé a mi sobrino por que no podía conectarme a internet, el entiende algo de esto, viste, y me dijo que era casi seguro que la computadora tenía virus y tenía que eliminarselos, y yo ni lerdo ni perezoso le pregunté donde se juntaban los virus en la computadora, el me dijo que era en el disco rígido, un cuadrado negro con una etiqueta y que se conectaba a la placa mas grande con un cable rojito”
A todo esto le comenté que hubiese sido genial si me hubiese traído el gabinete completo, ya que si bien era probable que el Sistema Operativo esté infectado no era del todo seguro que haya sido la causa de que no se conecte a internet, que podía estar fallando la antena (en el campo se utiliza mucho el Wi Fi rural), el cable o la misma placa de red, pero que me deje el disco para, al menos, chequearlo por virus y hacer una imagen del mismo mien tras me traía el gabinete.
“Pero yo ya le eliminé los virus, querido” me dijo.
Quedé un poco estupefacto, a lo que le pre gunte ¿Y como hizo?
“Mira, yo desde chico arreglo todo, mi abuelo y mi papá fueron mecánicos, lo agarré con un destornilladorcito de esos de reloj y después le pasé alcohol con un algodoncito por los platos, así eliminé los virus”… “El problema es que ahora la computadora no me arranca”
Quedé mas estupefacto todavía. Sumado a la odisea que había hecho tenía que ver cómo que explicarle a ese tan amable y educado señor la diferencia entre los virus informáticos y los de las personas, y que, visto desde su pers pectiva, lo que hizo no había sido tan ilógico.
Estuve hablando un rato largo con él, y quizás ahora parezca gracioso (de hecho, lo es) pero en su momento esta persona me generó mas admiración que otra cosa, esa admiración que me genera la gente que siempre intenta, que nunca dice “de esto no entiendo” o “nunca voy a aprender esto” y sigue para adelante. Probando y equivocándose, y sin avergonzarse por haberlo intentando.
El hombre compró un disco rígido nuevo de 500 GB y accedió a traerme el gabinete para que le instale su Sistema Operativo con la condición de que le muestre como se instalaba. Mates por medio pasamos un largo rato hablando de mecánica y de las semejanzas y diferencias entre los vehículos y las computadoras. Estoy seguro que para la próxima quizás traiga el equipo para que le elimine virus, pero no para instalar su Windows, por que lo aprendió ese día.
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