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Imitando a Gato y Mancha 68 años después

Offtopic5/8/2007
Al ver el sobre la hazaña de Gato y Mancha, me hizo acordar que hace unos años (14 para ser exactos) en el ´93 dos hombres de mi pueblo intentaron repetir la hazaña, y me puse a buscar info y esto fue más o menos lo poco que encontré....

"La salida..."
UN VIAJE DE 15.000 KILOMETROS

Tres años a caballo para ir de Madariaga a Estados Unidos

BROOKSHIRE, Texas (Enviada especial). " Hugo Gassioles, un gaucho alto, rubio, de 28 años, no estaba preparado para instalarse a hacer una vida tranquila en General Madariaga, su pueblo. Y cuando un amigo "vaso de vino de por medio" le propuso hacer una cabalgata, no dudó en fijar el objetivo de su destino: Nueva York. Unos meses más tarde, el 23 de mayo de 1993, el jinete partió para las Américas, con dos caballos criollos "Lucero y Nahuel" buenos, fuertes y de incuestionable aguante. Hoy, en Brookshire, Texas, con 15 mil kilometros andados, y otros 3 mil por recorrer, Gassioles tiene guardado debajo de su piel un verdadero archivo de historias irrepetibles, que ocurrieron en alturas, desiertos y llanuras, entre soledades, amores y compañias. En México, quedó su compañero de ruta, Héctor Dahur, con otros dos caballos que no pudieron entrar a Estados Unidos, enfermos de piroplasmosis. El amigo de la ocurrencia, Roberto Zopi, nunca salió de Madariaga.

Un destino incierto

No fue fácil encontrar aliados para esta peripecia, en la que, al principio, casi nadie creía. Pero, Juan José Barbieri, un estanciero de Maipú, no dudó en proporcionar los cuatro caballos: Nahuel, Lucero, Argentino y Pampero. Finalmente, llegó el patrocinio de la provincia de Buenos Aires, pero el dinero fue escaso. No obstante, los dos aventureros no retrocedieron ante las advertencias de peligros, las preocupaciones familiares, lo incierto del destino. En medio de una gran fiesta de 15 mil personas literalmente la mitad de Madariaga" salieron altivos a tierras desconocidas.

Era lindo mostrar parte de nuestra cultura en América enorgullece Gassioles" Y qué mejor que un gaucho para eso." Gassioles y Dahur se fueron convirtiendo sin darse cuenta" en un mito de los caminos. En el trayecto argentino, los esperaban de pueblo en pueblo, que se negaban a verlos partir sin brindarles primero un buen asado con cuero y mucho vino, para alegrarles la ruta. En Orén, Salta, cruzaron su primera frontera: Bolivia. Las llanuras se habían arrugado para convertirse en la cordillera. Pero a los caballos criollos no los atemorizaron las alturas. Y a pesar de alguna lesión, siguieron adelante hasta el próximo objetivo.

Terremoto y tiroteo

En La Paz, los dos jinetes fueron recibidos por el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, en medio de pompas y circunstancias. Luego, cruzaron en el anonimato a Perú. Allí, recuerda Gassioles, fuimos sorprendidos por un terremoto", una experiencia desconocida para dos habitantes de las pampas. El Ejército peruano los alertó sobre los peligros de Sendero Luminoso, al cruzar por la zona de Ayacucho. Pero la guerrilla, finalmente, no fue un problema. Siguieron por los caminos construidos por los Incas, suelos usados por indigenas y ningun turista. El sol andino les dejó un bronceado constante en la piel.

La escala que les cambió la vida fue la de Ecuador, sobre todo a Dahur, que conoció a una muchacha, con quien se casó. Yo había tenido que volver a Buenos Aires (en avion) porque lo operaron del corazón a mi padre", cuenta el gaucho. Cuando volvió, su compañero habia procreado un hijo, que se llamaria Francisco. Ambos, sin embargo, siguieron en la ruta. Cruzaron a Colombia, alertados por el peligro del narcotrafico y la guerrilla. En el valle de Cauca se encontraron con irregulares vestidos de verde. No nos molestaron, al contrario: nos indicaron el camino", dice el aventurero.

Y señala que el problema fue cruzar a Panamá, conseguir un barco que llevara los cuatro caballos. Solo una embarcación pequeña logró subirlos a bordo, pero las olas eran tan grandes, que un caballo se cayó y se rompió dos dientes", agrega.

Costa Rica fue tan amigable como la Argentina. El Salvador, peligrosisimo. Todavía le tiembla la voz cuando cuenta que "hasta estuvimos a punto de morir en un tiroteo" entre policias y delincuentes. Anduvieron con cierto temor por Honduras, Guatemala y México, en el medio de selvas y montañas, y los pueblos indigenas, que hablan solo dialectos precolombinos. Pero los caballos nunca se cansaron de caminar", dice.

En el Norte de Mexico el problema fue la garrapata, que se les pegaba al cuerpo, como papel de moscas. En la frontera con los Estados Unidos, dos caballos no pasaron el análisis sanitario. Estuvieron en cuarentena. Finalmente, Dahur aceptó el veredicto como una trampa del destino. Su hijo había sido operado de una hernia, su padre de una úlcera hemorragica. Era hora de volver. La separacion fue dura, luego de un abrazo. Ahora, Gassioles se propone llegar a Nueva York en noviembre. No tengo plata", se lamenta. Es un gaucho con tarjeta de credito, pero sin fondos. No sabe ingles, pero lo asisten en todas partes, argentinos y norteamericanos, que hoy, en Texas, lo reciben como un héroe, después de esta peripecia extraña, casi epopéyica para finales del siglo XX.


Orgullo. La bandera argentina junto a la de Estados Unidos. Hugo quiere llegar a Nueva York.

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"La llegada..."

AVENTURA CRIOLLA: UNA ODISEA DE 18.000 KILOMETROS

Un gaucho argentino a caballo por el centro de Nueva York


Hugo Gassioles tiene 28 años · Salió de General Madariaga en mayo de 1993 con los caballos criollos Nahuel y Lucero · Ayer cabalgó por la Quinta Avenida y lo bendijo el obispo de San Patricio

NUEVA YORK, EE.UU (Especial para Clarín).- El gaucho Hugo Gassioles cumplió ayer su sueño de conquistar a caballo el continente americano. En el Día de la Tradición, llegó montado a Manhattan, después de haber cabalgado casi 18 mil kilómetros para unir su pueblo de General Madariaga, y los rascacielos de Nueva York.
Escoltado por la policía de la ciudad, este gaucho de 28 años terminó su travesía en el Central Park, con los caballos Nahuel y Lucero, que pese a esta aventura de tres años y medio, estaban fuertes y sanos.

Gassioles selló el fin de la cabalgata, desplegando una bandera argentina junto al monumento al general San Martín, en la esquina de la sexta Avenida y la calle 59.

A su lado, estaba Héctor Dahur, su compañero de ruta, que tuvo que terminar súbitamente el viaje en la frontera con México, cuando las autoridades sanitarias norteamericanas le negaron la entrada a sus dos caballos, Argentino y Pampero, por estar enfermos de piroplasmosis.

Los dos jinetes habían salido el 23 de mayo de 1993, soñando repetir la hazaña de Gato y Mancha, dos caballos criollos, que entre 1925 y 1928 montó el suizo Aimé F. Tschiffely, desde las pampas hasta Nueva York.

En el camino, sufrieron frío, hambre, fiebre, pero también encontraron amigos y amores, entre las dificultades y los desafíos.

El tramo más duro

Pero, tal vez, el tramo más severo del viaje haya sido en los Estados Unidos, cuando Gassioles se quedó sólo, sin poder hablar más inglés que "I need water and grass for my horses" (Necesito agua y pasto para mis caballos).

Hoy, Gassioles se ríe de sus escasas habilidades para comunicarse con la lengua de Shakespeare, aunque las fue mejorando junto al lento paso de sus caballos, de 5 kilómetros por hora, aprendiendo frases muy convenientes como "You are a beautiful woman" (Sos una mujer hermosa).

Por suerte, un amigo español que conoció en Ecuador, Javier Ezquerra, "el gallego", se unió a su larga cabalgata en Atlanta, para ayudarlo a comunicarse.

Autopistas peligrosas

En junio pasado, Clarín había entrevistado a Gassioles en Texas, el primer tramo de su odisea en los Estados Unidos. Desde allí, cabalgó por caminos secundarios, tratando de evitar el pesado tráfico de las ciudades, por Luisiana, Mississipi, Alabama, Georgia, Tennessee y Virginia.

A 45 kilómetros de Washington tuvo que resignarse a viajar con sus caballos en camioneta, por la peligrosidad de las autopistas. Así llegó a Manhattan, en un día de otoño seminublado, dejando a sus caballos en un stud de la calle 89, a dos cuadras del Central Park.

Sin embargo, Gassioles y Dahur, que vino en avión desde Buenos Aires para la ocasión, se dieron el gustazo de pasear a caballo por la Quinta Avenida, hasta la Catedral San Patricio, donde los bendijo el obispo de Nueva York, Patrick Sheridan.

"Amazing!" (sorprendente) decían los neoyorkinos boquiabiertos, mientras obserban el extraño espectáculo de dos gauchos por Manhattan. "Les debe haber dolido bastante", bromeó un policía de la custodia montada, señalandose sin vacilaciones su trasero.

A un costado, miraba la escena Juan José Barbieri, el dueño de los caballos, de la estancia El Yaraví, de Maipú, provincia de Buenos Aires. "Estoy muy orgulloso", señaló a Clarín. Nunca dudó que estos jinetes tesoneros completarían su aventura, sobre todo, después de haber atravesado el filtro de Bolivia y Perú, por las traicioneras alturas de la cordillera.

"Gassioles y Dahur se necesitaban uno al otro para realizar esta hazaña. Uno, porque es muy hábil en relaciones públicas. El otro, porque es un gran conocedor de caballos", sostuvo.

Dahur no se siente frustrado por haber quedado varado en México. "Cumplí también esta hazaña, aunque me faltó un pedacito", dijo. Dahur, en su paso por Ecuador, se casó y tuvo un hijo.

Gassioles, por su lado, sostuvo que esta travesía fue posible "por la gente solidaria de toda América". Sin embargo, confesó que último tramo en Estados Unidos le bastó un poco más, por la soledad, y sus ya legendarios problemas con el inglés.

Lo más peligroso -dijo- fue cruzar los puentes, porque se asustaban mucho los caballos. No faltó tampoco algún loco en el camino, como en Tennessee, que quizo espantarlos, tirando bengalas al aire. Pero, aún estas anécdotas le parecen divertidas.

A estos sobresaltos se sumó la compra de "Feo", un caballo arisco y temeroso del asfalto y las autopistas, que Gassioles consiguió en un remate, en Tennessee.

"Feo", así bautizado por su desaliñada presencia, fue necesario cuando Ezquerra se unió a la marcha e hizo falta otro animal para alternar con la carga. Pero "Feo" no llegó a Nueva York. Sus servicios fueron prescindidos y quedó en un establo en Washigton a la espera de alguien que pague los 800 dólares que había costado.

Muy ansioso por volver a la Argentina, Gassioles dijo que "algún día se tenía que acabar esta aventura, no?".


En Estados Unidos. Hugo Gassioles a caballo frente a la catedral de San Patricio en Nueva York. Lo bendijo el obispo y en el Central Park, desplegó una bandera argentina

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"La Vuelta..."
DE NUEVA YORK A BUENOS AIRES

La vuelta de "El Gaucho Rubio"

Recorrió 20.000 kilómetros a caballo · Salió de Madariaga hace tres años · Y ayer aterrizó en Ezeiza

Después de tres años y 20.000 kilómetros recorridos, aterrizó ayer en Ezeiza el jinete argentino que unió Madariaga con Nueva York a caballo. Hugo Gassioles (28), apodado "El Gaucho Rubio" por la prensa norteamericana, postergó su partida un par de veces por problemas en el embarque de sus caballos Lucero y Nahuel, que lo acompañaron en su periplo. Pero finalmente lo logró.Sus padres, su abuelo, hermana, tíos y amigos lo esperaban ansiosos en el aeropuerto. Su abuelo materno, Hortensio Gervasio, de 77 años, comentó durante la espera que su nieto tenía la idea de realizar ese viaje desde chico. "Abuelo, yo voy a ir a Norteamérica", le decía. Aunque la gente que encontraron Gassioles y sus acompañantes Héctor Dahur primero, y Javier Ezquerra, en el último tramo, les dio comida y lugar donde pernoctar, muchas noches los aventureros tuvieron que dormir en establos, trailers y aun en el pasto. Para la vuelta, Gassioles recibió 18 mil pesos de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires y entre 8 y 9 mil más de lo que el pueblo de Madariaga recaudó en distintas jineteadas.

A su llegada, el joven gaucho sostuvo que "el viaje para mí terminará cuando pueda devolverle los caballos a Juan José Barbieri, su dueño".

Con honores

El raid fue declarado de interés provincial por la Legislatura bonaerense. Y este fin de semana, el gobernador Eduardo Duhalde piensa recibirlo oficialmente en General Madariaga durante los festejos de conmemoración del Día del Gaucho.

"El regreso es uno de los más lindos momentos por el rencuentro con la familia y los amigos: hubo una parte del viaje en Estados Unidos en la que me sentí verdaderamente solo", reconoció Gassioles.

Los caballos Nahuel y Lucero están fuertes y sanos. Igualmente Juan Garay, veterinario del SENASA, explicó que los animales que vienen del exterior deben ser rigurosamente revisados para prevenir la entrada de enfermedades. Si no los ponen en cuarentena, Nahuel, Lucero y su jinete serán recibidos con todos los honores por su pueblo.


EN CASA. Hugo Gassioles con sus caballos Nahuel y Lucero. Está alegre por la vuelta.

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