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Empezemos con el mate...
Lo que hace hace falta para un tomar un buen mate
El mate: Lo primero que hay que definir es el tipo de mate que se usará como recipiente, según dicen los que saben, el mejor es el que está hecho con una calabaza seca, pues adquiere los sabores propios de la yerba.
La yerba mate: Se venden distintos tipos de yerba: con palo y sin palo, saborizadas o no y de distintas marcas, las hay en paquetes de 1/2 y 1 kilo en supermercados, almacenes y kioscos.
El agua: Es muy común escuchar en una estación de servicio, en una "parada" de ómnibus de larga distancia, en los alojamientos donde uno pasa unos días, (hoteles, hosterías, posadas, casas de campo etc.) una frase que dice algo así como
..." podría llenar este termo con agua caliente"?..., es que el matero lleva a cuestas todo el kit, sólo falta ese último ingrediente, el agua, que se considera "a punto" unos grados anteriores a la ebullición. Si el agua hierve, el mate no sirve, porque se quema la yerba(además de por supuesto nuestras bocas).
Pava/termo: La pava es un recipiente metálico, con un asa por encima del orificio de llenado de agua y un pico vertedor, preparado especialmente para ser inclinado sobre el mate y poderlo cebar correctamente.
Con el objetivo de que el agua dure más tiempo caliente se la puede traspasar a un recipiente térmico o "termo", con lo cual nos aseguramos que la temperatura del agua va a estar en su punto justo de principio a fin.
La bombilla: Su función es la de sorber el agua desde el mate . La mayor parte de ellas están confeccionadas en metal, aunque también puede ser de caña, no es lo mas común. Las más comunes son de aluminio, pudiendo ser también de plata o alpaca, simples o con incrustaciones de otros metales nobles. Respecto a su forma las hay rectas o con formas curvas de distintos diseños, y mide aproximadamente 20cm. El lado inferior es una especie de “media esfera” hueca con pequeños agujeros para que filtre el agua; la superior es como un sorbete achatado.
Un buen cebador: Cualquier persona puede servir o hacer un mate pero no es fácil encontrar buenos cebadores de mate.
Cebar no es simplemente servir o verter agua caliente al mate sino mantener el mate en condiciones agradables para ser tomado.
Ese trabajo, en la época de la colonia, estaba reservado para sirvientes especializados: las cebadoras de mate.
En la actualidad, entre los gauchos y arrieros o entre un grupo de amigos, sea en un taller mecánico, una oficina o un banco, siempre hay alguien que se especializa en hacerlo.
Los clásicos acompañantes

* Tortas fritas
* Bizcochitos de grasa
* Chipás
* Churros
* Pastelitos
* Bizcochitos de grasa
* Chipás
* Churros
* Pastelitos
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Mates saborizados:
-Mate con naranja o limón
-Mate con hierbas serranas
-Mate con café
-Mate con leche
-ETC.
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Lo que NO debe hacer un aprendiz de matero
* Ojo con el azúcar. Hay personas que toman el mate con azúcar, pero si usted es invitado a una mateada el mate será dulce o amargo según el gusto del cebador o de la mayoría de los participantes.
* No agregarle otras infusiones.
* Mate antihigiénico????. Si no quiere ser tan íntimo con alguien, no comparta el mate.
* No tarde mucho en tomar el mate. Debe tomar toda el agua hasta que escuche el sonido que señala que el mate está vacío.
* No revolver el mate.
* No cambiar el orden. Respetar siempre la vuelta del reloj, y el orden de la persona que le toca tomar el mate.
* El cebador debe tomar el primer mate. El sabor del primer mate es el más fuerte y no a todos les gusta.
* No agradecer antes de tiempo. Sólo hay que decir gracias cuando uno ya no quiere seguir mateando.
* Si la bombilla se tapara una de las formas de destaparla es poner la palma de la mano mirando hacia arriba y luego apoyar el mate sobre ella, con movimiento uniforme girar el mate en círculos, (4 ó 5 veces aproximadamente), luego aspirar por la bombilla a ver si se destapó.

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Sigamos con el asado...
Cuestiones antes de empezar:
El asador (persona que hace el asado) tiene sus secretos para encender el fuego; la forma para acomodar los distintos cortes en la parrilla, los tiempos de cocción y los puntos de la carne según los gustos de cada comensal. Aquí se explican los pasos básicos para realizar un buen asado argentino.
Para empezar:
Para calmar el hambre, cerca de la parrilla se sirven las empanadas y la picada con un buen vino tinto, mientras se asa la carne y de paso se le da charla al asador.
Parrillada:
Siempre hay una excusa para reunirse entorno a la parrilla y comer una parrillada (distintos cortes de carne, los chorizos, las morcillas, las achuras "chinchilunes, tripa gorda, mollejas y riñones", el queso provoleta, el pollo, etc.).
Asado al asador y al disco:
En el campo se acostumbra prepara la carne al asador (se disponen clavados en el suelo los costillares, corderos o chivitos ensartados en estacas alrededor del fuego para ser asados lentamente). La dificultad de esta cocción se relaciona con el manejo del fuego y su cocción se asemeja a la vida en el campo, tranquila, sosegada y sin apuros, ya que los animales al asador se cuecen con paciencia.
Asado a la parrilla con leña o mixto:
Bueno, esto es aconsejable para quienes ya han hecho varios asados. Es un poco más complicado porque hay que encontrarle el punto a la leña. La leña (dura, por supuesto, por ejemplo quebracho colorado o blanco) tarda más tiempo en encenderse. Si son trozos grandes, necesitarán por lo menos una hora (hora y media) para estar al punto necesario para cocinar nuestro asado. Cuando estén el punto, tendrán un rendimiento de una "media hora" de asado, así que habrá que irlo enciendo gradualmente para no quedarse sin fuego en el camino.
Otra difilcutad, que uno irá aprendiendo con la experiencia, es el control de humo mientras se enciende el fuego. La leña es propensa a generar humo mientras se enciende. Si hay mucho humo, es muy probable que se apague la llama por la falta de oxigeno, asi que, apantallar será la opción. Si no se tiene algo de experiencia, no recomiendo hacer un asado con leña en un balcón... tus vecinos pueden llegar a matarte.
El asado con leña será el deleite de los comensales por el ahumado resultante. Asi que para los que recien empiezan en el "arte" del asador, se recomienda un asado mixto, un poco de leña y un poco de carbón. El carbón nos va a asegurar no quedarnos sin fuego.
Otra técnica para ahumar, haciendo el asado con carbón, será agregar en la parilla mientras se está asando, trozos de madera o hierbas. Con los trozos de madera, la única precaución será retirarlos antes de que hagan llama.

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Folklore...
Historia del folklore argentino...
La música folklórica de Argentina tiene una historia centenaria que encuentra sus raíces en las culturas indígenas originarias. Tres grandes acontecimientos histórico-culturales la fueron moldeando: la colonización española (siglos XVI-XVIII), la inmigración europea (1850-1930), la migración interna (1930-1980).
Aunque estrictamente «folklore» sólo es aquella expresión cultural que reúne los requisitos de ser anónima, popular y tradicional, en Argentina se conoce como «folklore» o «música folklórica» a la música popular de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas y afro-hispano colonial. Técnicamente, la denominación adecuada es música de proyección folklórica de Argentina.
En Argentina, la música de proyección folklórica, comenzó a adquirir popularidad en los años treinta y cuarenta, en coincidencia con una gran ola de migración interna del campo a la ciudad y de las provincias a Buenos Aires, para instalarse en los años cincuenta, con el «boom del folklore», como género principal de la música popular nacional junto al tango.
En los años sesenta y setenta se expandió la popularidad del «folclore» argentino y se vinculó a otras expresiones similares de América Latina, de la mano de diversos movimientos de renovación musical y lírica, y la aparición de grandes festivales del género, en particular del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, uno de los más importantes del mundo en ese campo.
Luego de ser seriamente afectado por la represión cultural impuesta por la dictadura instalada entre 1976-1983, la música folklórica resurgió a partir de la Guerra de las Malvinas de 1982, aunque con expresiones más relacionadas con otros géneros de la música popular argentina y latinoamericana, como el tango, el llamado «rock nacional», la balada romántica latinoamericana, el cuarteto y la cumbia.
La evolución histórica fue conformando cuatro grandes regiones en la música folclórica argentina: la cordobesa-noroeste, la cuyana, la litoralena y la surera pampeano-patagónica, a su vez influenciadas por, e influyentes en, las culturas musicales de los países fronterizos: Bolivia, sur de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Atahualpa Yupanqui es unánimemente considerado como el artista más importante de la historia de la música folclórica del Argentina.
Algunas canciones folklóricas bien argentinas!

Playlist 1
Playlist 2
Playlist 3


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Tango
Un poco de informacion sobre el Tango...
El tango es un género musical y una danza. De naturaleza netamente urbana y renombre internacional, musicalmente tiene forma binaria (tema y estribillo) y compás de cuatro cuartos (a pesar de que se le llama «el dos por cuatro»). Clásicamente se interpreta mediante orquesta típica o sexteto y reconoce el bandoneón como su Carlos Gardel, un ídolo sin tiempo instrumento esencial.
La coreografía, diseñada a partir del abrazo de la pareja, es sumamente sensual y compleja. Las letras están compuestas con base a un argot local llamado lunfardo y suelen expresar las tristezas, especialmente «en las cosas del amor», que sienten los hombres y las mujeres de pueblo, circunstancia que lo emparenta en cierto modo con el blues, sin que por ello opte para el tratamiento de otras temáticas, incluso humorísticas y políticas.
Enrique Santos Discépolo, uno de sus máximos poetas, definió al tango como «un pensamiento triste que se baila». En 2009 fue presentado por los presidentes de Argentina y Uruguay para ser incluido, y finalmente aprobado en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la humanidad por la UNESCO.
Carlos Gardel, un ídolo sin tiempo:
Ocurrió el 24 de junio de 1935 y era lunes. Aquel día, por esas cosas del destino, “la ciudad de la eterna primavera” (como los colombianos definen a Medellín), se convirtió en una referencia inevitable a la hora de hablar de Carlos Gardel. Allí, hace hoy 75 años, el fuego de una tragedia terminaba con la vida de ese morocho cantor que cautivaba no sólo con su voz. Sin embargo, las llamas no pudieron con esa mágica sonrisa de dientes blancos y parejos que quedó instalada para siempre dándole paso a un mito que todavía, aunque hayan pasado las tres cuartas partes de un siglo, sigue como un ícono imbatible de la perfección artística y símbolo de lo argentino.
Pero eso no fue el resultado de una casualidad. Detrás había cuarenta y cuatro años y medio de una vida de leyenda que había comenzado a las dos de la madrugada del 11 de diciembre de 1890, en la ciudad de Toulouse, en el suroeste de la vieja Francia.
Es cierto que hay otras teorías que promueven un origen más cercano a nuestro país y le asignan ese sitio preferencial a la ciudad uruguaya de Tacuarembó. Inclusive hasta el propio Gardel le dio aire con algunas declaraciones confusas. Pero esa teoría es justamente parte de una vida fascinante que sólo sirve para alimentar aquel mito que empezó a consolidarse después de Medellín.
A esta altura de la historia, lo más importante es que Gardel nació y que bajo el nombre de Charles Romuald Gardes llegó al puerto de Buenos Aires cuando tenía apenas dos años. Junto con su mamá, Maríe Berthe Gardes Camarès (después sería simplemente Doña Berta) venía de pasar casi un mes en el mar en el vapor de bandera portuguesa Dom Pedro, junto a otros inmigrantes que llegaban con el sueño de hacerse la América.
Sin embargo, en la corta vida de esa mujer (tenía 27 años) había algo más. Y aunque al llegar se registró como viuda, era una madre soltera, algo que iba a fogonear aún más la leyenda cuando su hijo pasara a ser Carlitos, El Morocho del Abasto, El Mudo o El Zorzal Criollo. Esa carga de ser “hijo de padre desconocido”, en un tiempo en que aquello era un estigma, no iba a tener respuesta.
Siempre se habló de un tal Paul Lasserre, un ingeniero nacido en una familia burguesa de Toulouse, quien murió en 1921. Dicen que hasta alguna vez intentó un acercamiento cuando el muchacho ya era Gardel y que madre e hijo optaron por responderle al posible reconocimiento con un no. Otros mencionan a un monje llamado José Gardes, un primo de Maríe Berthe. Los que alimentan la tesis uruguaya nombran al coronel Carlos Escayola. Lo concreto es que el tema del padre quedó como un secreto eterno y lacrado.
Después del paso por algunos colegios porteños (el recorrido incluyó hasta un par de años como pupilo del Colegio Pío IX, que aún está en Yapeyú y Don Bosco) y con el nuevo siglo ya en marcha, “el francesito” comenzó a vivir su etapa adolescente. La calle se iba a convertir en su primer escenario. Y los alrededores del Mercado de Abasto, entonces casi un suburbio de la ciudad, serían el territorio en el que Carlos Gardel hallaría un caldo de cultivo que estaba en plena ebullición, dándole forma a esa música de fusión que el mundo conoce como tango. La confluencia de criollos e inmigrantes, en especial italianos, le pondrían marco a su apego por la música, algo heredado de su mamá.
En medio de esa bohemia, con cantinas y burdeles a tiro de lazo, el chico empezó a ser conocido. Y así llegó al ambiente artístico trabajando entre bastidores de distintos teatros. Por entonces también frecuentaba los comités de los conservadores que no sólo le daban protección paternal: también le permitían ganarse unos pesos.
Al uruguayo José Razzano lo conoció en 1911, a través de amigos comunes. El Morocho y El Oriental estarían cantando juntos hasta 1925. En el medio no sólo contaban con innumerables grabaciones sino que se habían lucido en muchas giras, actuando hasta en España. Por entonces Gardel ya tenía en su haber el estreno de Mi noche triste, interpretación a la que se define como la fundadora del tango-canción.
Junto con los calendarios, también iban pasando los tiempos del “cantor nacional” para empezar a abrirle la puerta a ese profesional que no sólo se imponía por presencia sino que también, en la fragua tanguera, forjaba un estilo personal. Era la forma de preparar el terreno para que después quedara ese molde, esa matriz que se sintetizó en cuatro palabras: “esto se canta así”. Esto, obviamente, era el tango.
Además del tango, por esos años Gardel había conocido a Isabel Martínez del Valle, una adolescente a la que le llevaba diecisiete años. Bajo el nombre apocopado como Isabel del Valle, aquella chica quedaría en la memoria colectiva como “la novia oficial” del cantor. Pero por su condición de eterno muchacho del café y de los amigos, la relación nunca se profundizó, aunque la propia Isabel se encargara de difundir siempre que ella fue “el único amor” de la vida de Carlos, a pesar de los múltiples amoríos que se le atribuyeron.
Hacia 1927, ya afianzado como solista, su figura también crecía afuera del país. Primero sería en España. Después llegaría el turno de Francia y vendrían aquellos años de “morocho y argentino, rey de París”. Y la cercanía a otra de sus pasiones: el turf y los pura sangre de carrera.
La lucha contra los kilos de más (el “buen diente” de Gardel y su apego a la mesa bien servida nunca fueron un secreto) había dado sus resultados y ya era todo un dandy con el peso estabilizado orillando los 75 kilos.
Además, las buenas pilchas (incluían hasta frac) y una presencia siempre impecable (se hacía afeitar todos los días a la navaja) mostraban algo fundamental para su carrera: el cantor ya había descubierto que a la buena voz había que sumarle imagen. Es decir: hasta en esas cuestiones extra artísticas fue un auténtico pionero.
Aquella prosperidad económica también se reflejó en una inversión que sorprendía en medio de su vida de joven andariego y mundano: en ese tiempo Carlos compró una casa en lo que hoy es el número 735 de la calle Jean Jaurés. La pagó 50.000 pesos y Gardel la definió como “la casa de mamá”, aunque siempre funcionó como su refugio porteño. La leyenda dice que en ese lugar del Abasto alguna vez hubo un prostíbulo. Hoy, esa típica “casa chorizo” (por las habitaciones corridas y junto a un patio) es un museo que recuerda al cantor. Para Doña Berta también eran historia los duros tiempos en los que se ganaba la vida como planchadora, un oficio en donde se destacaban las inmigrantes francesas que habían podido optar por estar lejos de la noche porteña para sobrevivir.
El salto definitivo hacia la conquista artística del mundo llegó junto con el encuentro de un joven periodista y poeta de su misma edad. Se llamaba Alfredo Le Pera. Ese hombre nacido en San Pablo, Brasil, pero criado en el porteño barrio de San Cristóbal desde que tenía un año, fue el complemento ideal para las aspiraciones de Gardel. Y aunque alguna vez se habían visto en Buenos Aires, el acuerdo para trabajar juntos se selló en París en 1931. Esa unión sólo se iba a truncar en la tragedia de Medellín, donde murieron ambos. Pero en menos de cuatro años la dupla iba a producir obras de una belleza aún intacta.
Por supuesto que en aquella etapa final no todo fueron flores. Quizá lo más representativo de aquellos contratiempos para el cantor, que por entonces no sólo grababa tangos sino que incluía con la misma calidad otros ritmos, lo marque una nota que Carlos Muñoz (conocido como Carlos de la Púa o El Malevo Muñoz) publicó el 15 de septiembre de 1931 en el diario Crítica. El título, mordaz, era contundente: decía simplemente “Che Carlitos, largá la canzoneta”.
Era apenas uno de los tantos que todavía no se había dado cuenta de la dimensión de artista internacional que Gardel había alcanzado. Tendría que llegar aquella tarde del lunes 24 de junio de 1935, en Colombia, para que el cantor, el músico, en definitiva el artista, transformara su nombre en un adjetivo para calificar lo más excelso. Para que 75 años después, cuando alguien busca definir a lo máximo en cualquier disciplina, se siga diciendo: “éste sí que es Gardel”.

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Empanadas criollas y locro!

Ingredientes empanadas criollas:
Masa
500 grs de harina
1 cucharadita de sal
200 grs de margarina
1 huevo
Leche (cantidad necesaria)
Relleno
1/2 Kg de carne picada
200 grs de margarina
1/2 Kg de cebolla de verdeo
Sal
Ají molido
Comino
3 huevos duros
50 grs de pasas de uva sin semilla
100 grs de aceitunas verdes
Picamos la cebolla, la colocamos en una cacerola con la margarina, la tapamos y la cocinamos lentamente hasta que esté transparente. Luego agregamos la carne y revolvemos hasta que cambie de color. Retiramos el recipiente del fuego.
Añadimos el ají molido, el comino y la sal, las aceitunas descarozadas y picadas, las pasas de uva remojadas y escurridas. Llevamos el relleno a la heladera para enfriarlo.
Masa
Colocamos la harina sobre la mesa con la sal, agregamos la manteca y mezclamos bien los ingredientes. Colocamos en el centro el huevo y tres o cuatro cucharadas de leche. Incorporamos la harina de a poco hasta lograr una masa algo blanda, añadiendo más líquido hasta lograrla. Amasamos muy bien y la dejamos descansar tapada durante 30 minutos.
Dividimos la masa en tres partes, luego cada una en doce porciones. Tomamos los bollitos y los estiramos en forma de disco algo fino.
Repartimos el relleno sobre los discos de masa, al igual que los huevos duros picados. Pintamos el borde de los discos con agua y los doblamos por la mitad formando las empanadas.
Ponemos las empanadas sobre placas limpias, las pintamos con agua y las cocinamos en horno muy fuerte hasta que estén doradas. Y ya están listas para comer!
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Locro:
Ingredientes:
• 500 grs de maiz blanco
• 500 grs de porotos
• 500 grs de Garbanzos
• 500 grs de Carne de cerdo y cueritos
• 3 chorizos comunes (no colorados - es decir con pimentón - porque queda muy picante )
• 500 grs de carne vacuna trozada
• 500 grs de mondongo
• 500 grs. carne y cuerito de cerdo
• 750 de zapallo
• 500 grs de papa
• 500 grs de batatas
1.Pone en remojo la noche anterior el maíz partido y los porotos. Poner a cocer lentamente ambos en la misma agua de ablande, junto a las patitas de chancho y los cueritos cortados chicos, durante una hora y media a dos horas; hasta que el maíz y porotos estén tiernos (pero al morder que tengan resistencia), si ve que falta liquido, agregar agua hirviendo y continuar la cocción.
2.Agregar el resto de carnes, chorizos, panceta, achuras cortados en trozos y el mondongo en cuadraditos, hacer que rompa el hervor, despumar; dejar cocer lentamente otra hora más; antes de añadir las verduras, sacar las carnes y cortas en trozos pequeños; luego si se añaden las verduras cortadas en trozos chicos y dejar el tempo necesario para que todo este bien cocido y espesito.
3.Mientras freír la cebolla de verdeo picada fina con la grasa de pella colorada (se prepara la grasa de pella con el pimentón en el fuego y se deja hasta que la grasa quede colorada, cuidado que no se quema, sino tomara feo sabor), sacar y echar un chorrito de agua fria.
4.Servir en platos hondos con una cucharada de cebolla de verdeo y la pella colorada.




Bueno amigos, Espero q hayan disfrutado mis 7 horas de esfuerzo!... y voy a seguir agregando y tmb voy a hacer una comunidad!... , a y otra cosa, solo queria decirles q me den recomendaciones para mejorar el post

