Revolviendo algunos libros viejos y cosas que tenia tiradas encontre esto espero les guste
Los espero en el Cielo
Cuando tenga que dejarlos por un corto tiempo, por favor, no se entristezcan, ni derramen muchas lágrimas, ni abracen su pena por mí, mucho tiempo.
Al contrario, empiecen con valentía y con una sonrisa. Y en mi memoria y en mi nombre, vivan su vida y hagan las cosas igual que antes.
No aumenten su soledad con días vacíos sino que llenen cada hora que están despiertos con actos útiles.
Den su mano para ayudar, consolar y animar; y yo, en cambio, los ayudaré a ustedes.
Y nunca, nunca tengan miedo de morir, pues los estoy esperando en el cielo.
¡Piensa en mí!
Si tú me amas, no llores más por mí...
Si conocieras el misterio insondable del cielo donde me encuentro...
Si pudieras ver y sentir lo que yo siento y veo en estos horizontes sin fin y en esta
Luz que todo alcanza y penetra, tú jamás llorarías por mí.
Estoy ahora absorto por el encanto de Dios y por sus expresiones de infinita belleza.
En confrontación con esta nueva vida, las cosas del pasado son pequeñas e insignificantes.
Conservo aún todo mi afecto por ti y una ternura que jamás pude en verdad revelarte.
Nos quisimos entrañablemente en vida pero todo era entonces muy fugaz y limitado.
Vivo en la serena expectativa de tu llegada un día... entre nosotros.
Piensa en mí en tus luchas diarias; piensa en esta maravillosa morada donde no existe la muerte y donde estoy junto a la Fuente inagotable de la Alegría y del Amor.
Si verdaderamente me amas, no llores más por mí...
¡ESTOY EN PAZ!
Carta a mis hijos
Cada día entiendo menos sus tareas de Química y Matemáticas, con frecuencia yo soy la que pregunta ¿por qué?, y estoy segura de que muy pronto tendré que pararme de puntitas para besarlos.
Hace años, cuando aún eran partículas de vida latiendo dentro de mí, cuando trataba de adivinar sus rostros, y sus cuerpos empezaban a tomar forma en mis sueños, me preguntaba si sería capaz de responder a la oportunidad que se me ofrecía de que esas pequeñas vidas florecieran en mis manos.
Ahora quiero dejarles un mensaje. Conscientes están de que nada material puedo heredarles. La verdadera riqueza quedará en sus mentes, en su corazón y en la perfecta maquinaria de sus cuerpos sanos. Agradezcan diariamente a Dios porque pueden ver, oír, amar y sentir. Y también, porque pueden llorar y fracasar para empezar de nuevo. Agradezcan sobre todo que pueden pensar y actuar, lo que les dará horizontes amplios, brillantes y fecundos.
Fijen sus metas... alcáncelas y no olviden que tienen el deber de ser felices, porque solamente así, podrán dar felicidad a quienes los rodeen. La vida es el tesoro más preciado que poseen, por lo tanto, aprendan a disfrutar momento a momento.
Y algo muy importante, recuerden siempre que no es más feliz el que más tiene,
sino el que menos envidia.
Sepan ser siempre ustedes mismos, tanto en el elegante banquete como en la comida sencilla que el amigo ofrece. Aprendan a beber el vino o el agua con la misma alegría, sepan compartir con el rico o el humilde la misma sonrisa.
Regálense tiempo para ustedes, nunca pierdan su capacidad para admirar el brillo de las estrellas en una noche clara, para escuchar el murmullo del riachuelo, para sentir el viento fresco de la mañana sobre sus rostros.
Y cuando tengan momentos de duda y tristeza, busquen entre sus recuerdos, que
ahí nos encontraremos.
Amistad
- Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo--, dijo un soldado a su teniente.
- Permiso denegado!--, replicó el oficial. --No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto.
El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.
El oficial estaba furioso:
- ¡Ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena ir allá para traer un cadáver?
Y el soldado, moribundo, respondió:
- ¡ Claro que sí, señor!, cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme:
--Juan... ¡estaba seguro de que vendrías!
PAPA OLVIDA
Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes y veo una manita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. Te regañé, porque no te limpiaste los zapatos. Te grité, porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: "Adiós, papito" ". Y yo fruncí el entrecejo y te respondí: "¡Ten erguidos los hombros!"
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso...
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de persegui-do? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta "¿Qué quieres ahora?", te dije bruscamente.
"Nada", respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón ¡y que ni aun el descuido ajeno puede agotar! Y luego te fuiste a dor-mir, con pasitos cortos y ruidosos por la escalera.
Bien, hijo, poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costum-bre de encontrar defectos, de reprender; ésta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es tan grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas, si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me mor-deré la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: "No es más que sólo un niño, un niño pequeñito".
Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro... He pedido demasiado, demasiado...
A mi hijo
No tengo oro ni plata, mas lo que tengo te lo doy.
Hijo, lentamente se aproxima el tiempo en que debo emprender el camino que no tiene regreso y al que no puedo llevarte. Sin embargo, te dejo en un mundo en el que los consejos no salen sobrando.
No todo lo que brilla es oro. He visto caer algunas estrellas del cielo y quebrarse muchos bastones en los cuales uno confiaba para poder sostenerse. Por eso quiero compartir contigo lo que yo encontré y lo que el tiempo me ha enseñado.
Nada es grande si no es bueno y nada es verídico si no perdura. No te dejes engañar por la idea de que puedes aconsejarte solo y que conoces el camino por ti mismo. Este mundo material es para el hombre, demasiado poco, y al mundo invisible no lo percibe, no lo conoce. Ahórrate esfuerzos vanos, no te aflijas y ten conciencia de ti mismo.
Considérate demasiado bueno para obrar mal. No entregues tu corazón a cosas perversas. La verdad no es gobernada por nosotros, sino que nosotros debemos ajustarnos a ella; ve lo que puedas ver y para ello usa tus propios ojos.
Y con respecto a lo invisible y eterno, atente a la palabra de Dios. Dentro de
nosotros vive el juez que no engaña y cuya voz es más importante para nosotros
que el aplauso de todo el mundo y la sabiduría de los griegos y egipcios.
Hazte el propósito de no actuar contra su voz y si algo piensas o intentas hacer póntelo primero en la mente y pídele consejo a tu juez interno, al principio él hablará únicamente en forma muy suave, balbuceando como criatura inocente, sin embargo, si honras su inocencia soltará su lengua y te hablará en forma más perceptible.
Aprende con gusto de los demás y escucha con atención donde se hable de sabiduría, dicha humana, luz, libertad, virtud, pero no confíes inmediatamente en todo, porque "no todas las nieves llevan agua" y existen diversos caminos para seguir.
Hay quienes creen que dominan una materia porque hablan de ella, pero no es así.
No se tienen las cosas por poder hablar de ellas, "las palabras sólo palabras son".
Y ten cuidado cuando fluyan en forma demasiado suave y ligera, pues los caballos
cuyos carros están cargados de mercadería avanzan con pasos más lentos.
Nada esperes del trajín ni de los trajinantes y pásate de largo, donde haya escándalo
callejero. Si alguien quiere enseñarte sabiduría mírale a la cara, si lo vez enorgullecido déjalo y no hagas caso de sus enseñanzas por más famoso que sea.
Lo que uno no tiene no lo puede dar y no es libre aquel que puede hacer lo que quiere, sino que es libre, aquí, el que puede hacer lo que debe hacer. Y no es sabio el que cree que sabe, sino aquél que se percató de su ignorancia y logró sobreponerse a la vanidad.
Piensa con frecuencia en cosas sagradas y ten la seguridad de que ello te traerá ventajas y así será como la levadura que fermenta la masa del pan. No desprecies religión alguna puesto que están consagradas al espíritu y tú no sabes lo que pudiera estar oculto bajo apariencias insignificantes, desdeñar algo es fácil, pero es mucho mejor comprenderlo.
No instruyas a otros hasta que tú seas instruido, acógete a la verdad si puedes y gustosamente permite que te odien a causa de ella, sabe sin embargo que si tus cosas no son cosas de verdad, cuida de no confundirlas, puesto que de ser así vendrán sobre ti las consecuencias.
Simplemente haz el bien y no te preocupes por lo que de ello resulte, quiere sólo una cosa y a esa quiérela de corazón. Obedece a la autoridad y deja que los otros discutan. Sé recto con todo el mundo, pero no te confíes fácilmente, sé correcto con cualquier persona, pero confíate difícilmente, no te mezcles en asuntos ajenos y los tuyos arréglalos con diligencia, no adules a persona alguna y no te dejes adular.
Honra a cada quien según su rango y deja que se avergüencen si no lo merecen, no quedes debiéndole a persona alguna, pero sé afable como si todos fueran tus acreedores, no quieras ser siempre generoso, pero procura ser siempre justo.
A nadie debes sacar canas, sin embargo cuando obres con justicia no te preocupes por ellas. Si tienes algo, ayuda y da con gusto y no por ello te creas superior. Y si nada tienes, ten a mano un trago de agua fresca y no por ello te creas menos.
No lastimes a ninguna muchacha y piensa que tu madre también lo fue, no digas todo lo que sabes, pero siempre debes saber lo que dices. No te apoyes en algún grande, no te sientes donde se sientan los burlones porque ellos son los más miserables de todas las criaturas; respeta y sigue a los hombres más piadosos no a los santurrones.
Haz lo que merezca recompensa, pero no pretendas obtenerla; si tienes necesidades quéjate ante ti mismo y ante nadie más. Ten siempre algo bueno en tu mente; cuando yo muera ciérrame los ojos y no me llores, ayuda y honra a tu madre mientras viva y entiérrala junto a mí.