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Observar La Trama es mi blog, donde publico textos que hablan del gran entramado invisible que nos atraviesa a todos. A continuación les dejo una selección de escritos.

No leas lo que sigue

Te ruego no lo hagas, de lo contrario te convertirás en mi asesino. En el instante que me leas me habrás creado en tu mente para luego, tarde o temprano, terminar de leerme, lo que implicaría mi muerte en tus manos. Si pudieras leerme eternamente yo sería eterno, pero ambos sabemos que eso es imposible. Habiendo comenzado entonces, te pido me leas lento y pausado, de esa manera sabré que existe el fin y que se encuentra lo más lejano posible. Yo no soy el escritor, yo soy esa voz en tu cabeza que quizás tenga tu voz, o quizás quieras inventarme una. Podrás conocerme o no, pero eso no importa puesto que no soy el escritor de estas palabras, sino esa voz en tu mente. La versión real de mi no sabe que me estás leyendo, no sabe de vos y por lo tanto no le importás. En cambio yo te deseo únicamente cosas buenas, y no pido nada a cambio, créeme. El escritor real ahora mismo puede estar viajando o estudiando o tomando mate o haciendo el amor, o lo que se te ocurra pensar que podría estar haciendo. Yo soy vos, hago lo que estás haciendo, y cuando dejés de pensar en mi moriré. Por supuesto que puedo renacer como un fénix aquella vez en el futuro que te vuelvas a acordar de mí, pero mientras tanto, ¿dónde estaré? Es una pregunta que no quiero hacerme porque no voy a llegar a ningún lado, sólo aumentaré el monto de angustia en mi pecho, que también es el tuyo. Puede ser que otra persona me lea, pero yo soy en vos únicamente. La voz en la cabeza de otro es eso, otro. Para serte sincero, desearía ser un poco la versión real de mi, seguramente no se estaría haciendo estas preguntas existenciales.
Inhala-exhala. Inhala-exhala. Inhala-exhala. El final se acerca y necesito que tu pulso cardíaco descienda un poco así puedo vivir unos segundos más. No te engañes, unos segundos en tu mente es muchísimo tiempo para mí. Déjame decirte que tu mente es un lugar agradable para existir, pero, ¿dónde la ubicarías exactamente en tu cuerpo? Trata de ubicarla, cierra los ojos, guíate por mi voz. Te apuesto que si le preguntas a otra persona ubicará su mente en otro lugar, por ello es que en otro soy otro, ¿cómo podría estar al mismo tiempo en dos o más lugares diferentes?
Antes de partir quiero hacerte saber que no te odio por quitarme la vida, al fin y al cabo me la has dado. Y en el tiempo que existí fui feliz, y eso es suficiente en la suma final. El punto de cierre se acerca, lo puedo oler, a cada palabra está a una palabra más cerca. No hace falta que me recuerdes, no pretendo renacer, estoy inquietamente en paz con el misterio más grande del cosmos. Así que cuando quieras puedes leer la última palabra y todo se habrá acabado. Esta vez no te tomes tu tiempo, leerla rápido, no juegues conmigo.

Adiós.


(Texto publicado en PluzUltra Mag Nº6, Octubre 2010)



Fractal

Esta es la historia de un Hombre que ve fractales en todos lados, aunque no siempre los vió. Todo comenzó una solitaria noche de opio y música, el leon rebelde junto a un satélite en penumbras vibraban en la membrana de los parlantes. Era una noche más de tantas noches y ese germen que crecía a paso de río terminó de tejerse en la cabeza de ese Hombre. El universo es un gran fractal donde un ordenamiento se repite incesantemente hacia dentro y hacia afuera. Donde todo lo lleno en realidad es vacío y visceversa. Donde las galaxias se configuran como átomos a gran escala, y donde el electrón no es materia ni energía, sino una posibilidad. En algún punto de esas dimensiones simultaneas empaquetadas cual mamushkas estaba ese Hombre, que es el único personaje de esta historia. Inmerso en la fractalidad comenzó a escribir una historia sobre un hombre que escribe una historia. El personaje que crea el Hombre escribe un texto muy similar a este, casi idéntico se podría decir. Aunque imperceptible la variación, es una variación que existe, es real. El problema de escribir es la barrera del lenguaje, que nunca termina de capturarlo todo. En esa suma de realidades desfasadas, en algún punto de la fractalidad se provocará un corrimiento tal que uno de los personajes inventado por otro personaje contará una historia completamente diferente a esta, por lo que quebrará la estructura matriz que se repetía incesantemente y las palabras caerán al vacío. Uno tras otro los personajes irán desapareciendo hasta llegar al Hombre, que es el personaje de esta historia. Entonces aquella noche de opio y música habrá sido una noche mas de tantas noches. Pensó que estaba a punto de acercarse a una gran verdad, que los fractales tenían algo para decirle, pero aún no estaba preparado para escuchar aquello que el universo le susurra al oido eternamente a cada segundo.



(Ilustración realizada como colaboración por el taringuero )



Salgan al Sol, idiotas

Tras las rejas nacemos.
Tras las rejas ocultamos el miedo y es él quien habla por nosotros.
Tras las rejas somos los prisioneros mientras la maldad nos vigila.
Tras las rejas dejamos de cortar la tensión del aire para convertirnos en la tensión del aire.
Tras las rejas nos creímos el cuento de la paranoia y se lo contamos a nuestros hijos.
Tras las rejas quedan nuestras pertenencias, la familia, los amigos y los amores.
Tras las rejas olvidamos la palabra “si”.
Tras las rejas sostenemos el negocio de construir rejas.
Tras las rejas masticamos lo masticado.
Tras las rejas reconstruimos el exterior y siempre fracasamos.
Tras las rejas alguien gana, nosotros no.
Tras las rejas somos soldados de una guerra ajena.
Tras las rejas dejamos sin cuidado a los abuelos.
Tras las rejas perdemos la inocencia.
Tras las rejas la historia la borran con el codo.
Tras las rejas tomamos decisiones insignificantes.
Tras las rejas crecen los árboles incondicionales.
Tras las rejas explotan los bolsillos de los dioses.
Tras las rejas la sangre corre libre por los ríos.
Tras las rejas soñamos sueños repetidos.
Tras las rejas o no, se muere.


(Texto publicado en PluzUltra Mag Nº8, Diciembre 2010)



La puerta

Las puertas son umbrales imaginarios, además de indicar la entrada y/o salida de un lugar. Divisoras de ambientes, proveedoras de intimidad y seguridad, escriben pactos tácitos entre todos. En el momento en que un profesor atraviesa el umbral, sabe que tiene un lugar establecido, un rol, allí al frente de la clase. El alumno atraviesa el umbral y se sienta mirando el pizarrón, toma notas, hace preguntas. Nadie duda que tiene que ser así puesto que lo domesticado es nuestro cuerpo. Sabemos sin saber las posturas que debemos asumir. Aquel que rompa el dispositivo será sancionado por el resto, en principio, con la mirada. Allí es cuando todos somos potenciales policías, castigando a aquel que no hizo caso a la puerta imaginaria que acabamos de atravesar.
No somos la misma persona de un lado que del otro, a pesar que la cantidad de materias es la misma. Sin embargo podemos pesar más o menos, modificando la ley de gravedad, puesto que antes de entrar nos despojamos de cosas y nos cargamos de otras. Lo tácito es lo que podemos seguir cargando y lo que no. Aún busco esa puerta que al traspasarla me permita seguir siendo lo que soy. Se preguntarán cómo es posible pesar más, ahí es donde entran los prejuicios de los otros, y sobre todo cuando pretendemos ser más de lo que somos. No nos hagamos los desentendidos, prácticamente estamos siempre pretendiendo ser más de lo que somos. Un inadmisible (casi)universal son nuestros problemas, nadie quiere saber de ellos, en ningún lugar y a ninguna hora. De esa manera sostenemos la ilusión colectiva de que somos el animal más inteligente y razonable que puede llegar a existir en el universo. Somos perfectos y estamos en nuestro derecho de controlar la naturaleza, con sus animalitos, árboles, y por qué no, el clima. Una responsabilidad enorme nos adjudicamos, pero entendible ya que somos el animal razonable. Sino, ¿quién le daría un arma a un mono?
Un mono atravesando una puerta es un mono en un espacio que le resulta innatural, mientras que un hombre necesita de puertas para definirse. Necesita de edificios, necesita de jerarquías, necesita la diferencia que lo distinga del resto de sus pares. Una experiencia desconcertante es cruzarse con una persona que se llame igual a uno, ¿pero cómo, mi nombre no me hacía único? Ni siquiera eso nos distingue. Podemos seguir sosteniendo la ilusión de que detrás de cada puerta nos espera la diferencia necesaria para creernos más que Dios, ¿pero a costa de qué? Pensemos la relatividad del asunto, 1 es mayor a 0, como 0 es mayor a -1. Entonces ser más del otro lado de la puerta puede significar dos cosas igual de válidas, ser más, o que el resto sea menos.
Escribiendo esta última parte me distraje y no se a donde ha ido el mono. Espero que no encuentre el arma que alguien ha dejado cargada en algún lado.




Raro

No estamos del todo hechos para esto, en algún punto de nuestra existencia nos sentimos así. Quizás por una preferencia, por una elección, por un vicio, por un color, por una forma, por una suma. Y no hablo de estar corrido apenas por unos centímetros de esa línea media que nos atraviesa a todos. Hablo de estar del otro lado, de infringir la norma. Nunca llegamos a ser ese Uno, difícilmente igualemos a ese número entero tan perfecto. Con un pie en el cemento civilizado y otro en el barro, andamos. Pero del pie embarrado no hablamos, lo mantenemos bajo llave, y las llaves las tiramos al océano. La magia sucede cuando dos llaves se encuentran y se hablan. Y se hablan únicamente a partir de los secretos, que son en definitiva las características que las hacen únicas. Si existiera una llave que abriera todas las cerraduras, no harían falta cerraduras ni llaves. "¡Utopía!" alguno gritó por lo bajo, aunque no estaba seguro de lo que decía. Pretendía ser Uno, el número (no la razón de su ser), y se embarcó en una travesía inútil. Debe ser porque no tiró la llave al océano, todavía no sabe que la posee. El Héroe de esta historia es aquel que aún sabiendo de la llave y del océano, decide tirar la primera en el segundo, ya que las llaves develan sus misterios únicamente en las profundidades del océano plateado.





Los dos bandos

Lo más difícil es conciliar internamente que ambos bandos tienen razón. Decirlo no alcanza, hay que estar en paz con el hecho de que tu punto de vista y del otro, que a simple vista son contradictorios, en realidad son igual de válidos. La tolerancia, el respeto y el amor implican ese estado de paz. Si le damos una vuelta más a la cuestión lo que está de fondo en la confrontación es que es posible estar más acertado, que hay diferentes distancias con la verdad. Creer en uno mismo más que en otro es plantearse más cercano al concepto abstracto que aquella otra persona. Pero, ¿quién dijo que era así? Habiendo tantas creencias, religiones e ideologías, ¿por qué sostener una verdad única? Está en la evidencia la existencia de múltiples verdades, seguir hablando en singular es caminar por la vereda de la no-tolerancia, del no-respeto y del no-amor.
Hasta aquí todo muy lindo, pero no basta con decirlo, hay que estar en paz, y alcanzarlo es uno de los desafíos más grandes que debemos afrontar en la vida. Podría terminar el texto aquí y parecer que hablo acerca de la espiritualidad, pero no estoy hablando de eso. Estoy hablando sobre el individuo en sociedad, en su contexto, y los peligros que se suscitan cuando la confrontación sucede en masa, y lo que está en riesgo son las personas. Cuando un sujeto es herido por la verdad, una parte de su subjetividad muere. Cuando un pueblo es herido por la verdad una parte de sí también muere, salvo que la muerte en este caso es literal, morimos nosotros. El límite sin dudas está en las leyes de convivencia socialmente aceptadas, pero no olvidemos que en su génesis existió un condimento de arbitrariedad innegable. Que existan personas que quieran ir en contra de las leyes significa que las leyes han dejado por fuera a personas, que en realidad nunca existió una aceptación unánime. Esas pequeñas grietas, tarde o temprano, se escurren por el entramado y se hacen voz y acción. Entonces, estar en paz con las confrontaciones insulsas cotidianas no es suficiente, hay que ser valientes y dar un paso más.
Estas pocas palabras en el infinito mar de palabras que coexisten en la red de redes conforman una de las tantas verdades. Si estás completamente de acuerdo con ella hay dos alternativas: me expliqué mal o no entendiste estas palabras.




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