
Surear/surearlos. Paulo Freire usa este término (que no se encuentra en los diccionarios), a fin de llamar la atención de los lectores sobre las connotaciones ideológicas de los términos “nortear” “orientar”
EL norte es el primer mundo. El norte está arriba, en la parte superior, y así el Norte deja “escurrir” el conocimiento que nosotros del hemisferio sur “engullimos sin confrontarlo con el contexto local” Marcio D’ Olme Campos, “A arte de sulearse”
El primero en alertar a Freire sobre la ideología implícita en tales vocablos, que marca las diferencias de nivel de “civilización” y de cultura, bien al gusto positivista, entre el hemisferio norte y el hemisferio sur, entre el “creador” y el “imitador”, fue el físico ya citado, Marcio Campos, actualmente dedicado a la etnociencia, la etnoastronomía y la educación ambiental.
Transcribo palabras del propio Campos, del mismo texto antes indicado, que explicarán cómo percibió y viene denunciando la pretendida superioridad intrínseca de la inteligencia y del poder creador de los hombres y mujeres del Norte:
La historia universal y la geografía, tal como son comprendidas por sociedad occidental de tradición científica, demarcan ciertos espacios y tiempos, periodos y épocas, a partir de referenciales internalistas e incluso ideológicos, muy al gusto de los países centrales del planeta.
Muchos son los ejemplos de ese estado de cosas que imprime un carácter apenas informativo y libresco a la educación en los países periféricos, es decir, del Tercer Mundo.
En el material didáctico encontramos, en los globos terrestres, la Tierra representada con el polo norte arriba. Del mismo modo, los mapas respetan a través de sus leyendas esa convención apropiada para el hemisferio norte y se presentan en un plano vertical (pared) en lugar de horizontal (piso o mesa).
Por eso encontramos personas en Río de Janeiro que dicen que van a subir a Recife y hasta es posible que crean que hay un norte en cada pico de montaña, ya que “el norte está arriba”.
En las cuestiones de orientación espacial, sobre todo en relación con los puntos cardinales, también hay problemas graves. Las reglas prácticas que se enseñan aquí son practicas solo para quien se ubique en el hemisferio norte y se Nortee desde ahí.
La imposición de esas convenciones en nuestro hemisferio establece confusiones entre los conceptos de arriba/abajo, norte/sur y especialmente principal/secundario y superior/inferior.
En cualquier referencial local de observación, el sol que nace por oriente permite la Orientación. En el hemisferio norte la estrella polar, Polaris, permite Nortearse. En el hemisferio sur, la Cruz del sur permite”Surearse”.
A pesar de eso, en nuestras escuelas continua enseñándose la regla practica del norte, es decir, con la mano derecha hacia el Oriente (Este), tenemos a la izquierda el Oeste, al frente el Norte y el SUR detrás. Con esa seudorregla práctica disponemos de un esquema corporal que por la noche nos vuelve de espaldas a la Cruz del Sur, la constelación fundamental para el acto de “surearse” ¿No sería mejor usar la mano izquierda para señalar el Oriente?
Después de esta larga pero imprescindible cita, quiero llamar la atención sobre unas pocas palabras del texto que, siendo pocas dicen mucho y con mucha fuerza. No siendo palabras abstractas, implican un comportamiento, una postura de alguien, de alguna persona que los tiene. Si los tiene es porque los adquirió concretamente.
Así, me extiendo en las observaciones-denuncias del profesor Marcio Campos, cuando pregunta con intención de invitarnos a la reflexión: “volvernos de espaldas” o “volver la espalda” o ponernos de espaldas a la Cruz del Sur – signo de nuestra bandera, símbolo brasileño, punto de referencia para nosotros- ¿no será una actitud de indiferencia, de menosprecio, de desdén hacia nuestras propias posibilidades de construcción local de un saber que sea nuestro, para con las cosas locales y concretamente nuestras? ¿Por qué es eso? ¿Cómo surgió y se perpetuo entre nosotros? ¿A quién favorece?¿En contra de quien?¿En contra de quien va esa forma de leer el mundo?
¿No será esa seudorregla practica, otra forma de alienación que alcanza a nuestros signos y símbolos, pasando por el saber elaborado, hasta la producción de un conocimiento que se da la espalda a sui mismo y se vuelve de frente, con el pecho abierto, la boca golosa y la cabeza hueca como una vasija vacía para henchirse de los signos y símbolos de otro lugar, y por ultimo para ser recipiente del saber elaborado por la producción de hombres y mujeres del norte, de la “cumbre”, de la parte superior, del “punto más alto”?
Paulo Freire, "Pedagogia da Esperança,um reencontro con a pedagogia do oprimido",1992.
Página 250, nota 15.