Se creía que el hombre con cabeza de árbol era solo una historia de viejas pero no es así.
Este mítico personaje existe y al parecer no es cuento.
Esta es la foto de su sombra, tomada por el mismo en algún lugar de la Argentina, supuestamente en la provincia de Córdoba.
No sabemos porque motivo no tomo la foto de frente. Tontamente supusimos que no fotografió su rostro para mantener cierta discreción y así no quedar expuesto pero nos dimos cuenta que esto era un tontería dado que, por mas que no conozcamos su rostro, identificarlo seria muy sencillo por lo poco común que suele ser el llevar "ramas" en la sesera.
En todo caso solo podríamos confundirlo con un hombre venado, que sabemos extintos, o con un hombre cuya mujer sea ligera de cascos.
Links:
http://www.flickr.com/photos/ricardo-vargas
http://comunicadocero.blogspot.com/2007/12/foto-de-la-sombra-del-hombre-con-cabeza.html
Beto Carpinus , el hombre árbol
Alberto Carpinus Vargas no es un hombre mas, Carpinus es conocido como “el hombre árbol”.
Hasta hace tiempo creí que se trataba solo de una historia pero confirme su existencia gracias a una fotografía de su sombra tomada por el mismo a la que accedí recientemente.
Beto, como lo llaman sus amigos, vive en la Provincia de Córdoba, tiene 40 años de edad, es admirador de Goyeneche y sabe mucho sobre fútbol, un deporte que ama pero que no puede jugar hace mucho tiempo ya debido a su...digamos… anomalía.
“A Beto Carpinus lo han molestado mucho”, me contaba una vecina de la zona.
Norma, una señora de unos 60 años de edad, me comentaba: “Aquí Beto es feliz, es querido por la gente de la zona y es cuidado, todos lo respetamos y hacemos lo que podemos para evitar que vengan a molestarlo”.
Norma no miente, pasé meses tratando de dar con “el hombre árbol” y las largas vueltas que tuve que dar me llevaron a pensar que solo seria una historia de viejas con ganas de que alguien les preste atención. Sin embargo, cuando estaba a punto de abandonar la búsqueda recibo un llamado y escucho una voz gruesa, al mejor estilo Edmundo Rivero, que me dice “¿Diga, vos sos el pibe que quiere conocer a Beto Carpinus?, si es así, este que, veni a Traslasierra el sábado, hablá con Norma”. Tras decir eso cortaron, decidí comunicarme con la Sra. Norma quien me confirmo el llamado, dijo que había sido el mismísimo hombre árbol quien me había llamado.
No podía creerlo.
El sábado cerca del mediodía me entrevisto con la Sra. Norma quien me invita a almorzar un guiso para nada diet.
Ansioso, comencé a hacer preguntas sobre el encuentro pero no encontraba respuesta, mis palabras parecían no tener quien las oiga, se perdían mudas en aquella cocina sorda de una pequeña casita de adobe y paja en las afueras de Traslasierra.
De pronto veo acercarse una nube de polvo que escondía un jeep azul descascarado, intente salir corriendo a la puerta pero Don Gervasio, el marido de Norma, me intercepto y me pidió que me quedase en la casa, que cuando Beto este listo me iban a avisar.
Yo me parapete detrás de un sillón y unos jarrones cercanos a la ventana y desde allí pispie el jeep.
Lo reconocí de inmediato, era él, Diego Sokol el cantante de Las Pelotas. Como es sabido los chicos de Las Pelotas están radicados en esta zona hace años, aquí nació el pre-sumo.
“Si, es Sokolito, vuelta y vuelta sabe pasar por acá. Norma siempre le prepara unas empanadita de carne con tomillo y albahaca, son las preferida de Germancito”, me comento luego Don Gervasio.
Parece ser que Norma siempre les prepara una vianda para cuando los “pelotitas” visitan la casa de Ludovica Squirru.
Todo era muy interesante pero yo quería ver a Beto
Eran las cinco de la tarde, hacia mucho calor y Gervasio me dice que estaría todo dado para mi encuentro con Beto, el hombre árbol cordobés.
Salimos en una vieja camioneta Ford hacia la casita de Beto, cuando llegamos fuimos recibidos por Pichuco y Contursi, dos perros Doberman que acompañan a Beto hace años.
Y allí estaba el motivo de mi viaje, Alberto Carpinus, bajo una parra, tomando mates.
Me recibió sin mayores estruendos, me dio la mano y me invito asentarme.
Ceba un mate, me mira y dice “¿Se le anima a un cimarrón, diga?, me va a tener que disculpar pero no consumo azúcar, se me están viniendo los años encima y no me hace bien lo dulce. Los edulcorantes los miro con desconfianza dicen que son cancerígenos, además lo tengo como algo femenino y no quiero dar lugar a suspicacia, vio.”
Conversamos alrededor de unos 45 minutos acerca del viaje y de la hospitalidad de doña Norma y don Gervasio. Me explicaba que son dos personas muy importantes para él, que lo habían ayudado mucho cuando era asediado por los oportunistas.
Así comencé a meterme en la historia de este hombre sobre el que mucho se ha dicho.
Recientemente salió publicado en los medios el caso de Dedé, un joven Indonés, pero Beto nos explica que nada tiene que ver con su caso.
“El pibe este no es un hombre árbol como yo, lo que pasa es que hay mucho burro en la televisión que habla tonteras”, me comenta Alberto mientras enciende un Particulares 30.
“Ese chico tiene unas verrugas grandes como el estadio de Boca, ¿viste?. Es otra cosa, es de otro palo.”
También me comento sobre Ma Zhong Nan, una mujer de 98 años originaria de China a la que le creció uno extraño apéndices en la parte superior de la cabeza y de aquel caso que llevara la fama Robert Ripley´s con su exitoso show “Ripley’s, Believe It or Not!”, Según Nuestro amigo cordobés esos serian casos de un tipo de tumor benigno como los osteomas o a una agresiva variante de una enfermedad conocida como “cornu cutaneum”.
“Sabe que pasa, diga, -continua Beto- acá se creen mas piolas si se ríen de los otros, yo he sufrido la discriminación desde chiquito. Cuando comenzó a manifestarse mi caso los chicos comenzaron a hacerme chistes de toda clase. Una vez me quisieron decorar para el 8 de diciembre, los pibes son crueles si pueden te arrancan los ojitos como a los muñecos o como los cuervos. Así crecen, que se yo.”
Alberto se mostró algo amargado, recordar ciertas vivencias de su época de niño le dolía, por un momento su vos ronca y gruesa se aflojo. Hice de cuenta que nada había pasado y cambie de tema.
Entre mate y mate conocí también al artista que se esconde detrás de aquellas ramas que nacen en la cabeza de Alberto. Así estuve un par de horas escuchando algunos tangos y algunas chacareras que Alberto interpreto muy gustoso, como si durante años estuviese esperando que alguien le dedique tiempo a sus habilidades
Doña Norma me comentaría después que Alberto estaba muy contento con mi visita, que nunca nadie se había interesado en sus anécdotas y opiniones, que pocos sabían de su facilidad para la música, la recitación y el canto. Todos, acotaba Gervasio, se quedan en lo exterior y bromean y lo discriminan.
Tuve acceso también a un dibujo que Alberto habría hecho a corta edad o como menciono él “de cuando aun usaba pantalones cortos”, una suerte de autorretrato.
Esa noche cenamos alrededor de las 22 horas, yo colabore con Alberto a hacer el asado. Mas distendido, mientras cuidábamos el fuego cortando queso de cabra elaborado por doña Norma y don Gervasio, Alberto me comento que a fines de los años 80 Horacio Embon intento hacerle una nota que se frustro por una broma de mal gusto de un joven que lo vio y acercándose a él con in vasito de esos telescópicos le arrojo agua en los pies al grito de “no sea cosa que te seques!!!”. Esa tarde Embon se quedo plantado en su oficina esperando a Alberto que nunca llego y se refugio en Córdoba hasta el día de hoy.
Volvió sobre el tema de su juventud y contó algunas de las chanzas que el hacían de pequeño. Sus vecinos solían decir que si lo dejaban en penumbras el se inclinaría hacia la zona de la luz por aquello de que las planta son fotosensibles, o cuando le preguntaban si hacia la fotosíntesis.
“Esa fue una etapa fulera de mi adolescencia, en la escuela se veían esos temas en ciencias naturales y yo siempre era victima de bromas pesadas y chistes, por eso me tuve que ir del colegio”.
Alberto dejo el colegio cuando su anomalía apenas se comenzaba a manifestar, no estaba bien, tenia miedo de salir a la calle y su familia decidió que lo mejor era protegerlo de la mofa. Norma le daba clases. De Munro, donde nació, se mudo a Flores allí vivió hasta que comenzó el asedio de los curiosos y algunos medios de comunicación que veían la posibilidad de hacer una nota de color.
Luego vivió en una quinta por la zona de Lujan hasta que decidió irse a Córdoba lugar del que era oriunda Norma.
La noticia sobre el hombre árbol era un secreto a voces, pero nunca nadie había podido llegar a entrevistarlo.
Su caso no es el primero en el mundo, por suerte Alberto escapo al destino de “Fenómeno de Circo”, suerte que no habrían corrido otros.
Beto no conoció a su padre y su madre se negaba a hablar de él, su genealogía no es algo que le interese mucho pero parece ser consciente de que este estigma se trasmitiría por la rama masculina de los Carpinus.
“Mi origen genealógico es para mi todo un misterio, es algo con lo que debo reconciliarme
Estoy trabando relación con un conocido psicólogo. Intente con Vivian Loew pero no pudimos acordar una rutina.”
Dice que esta en una etapa de reconciliación con su persona y que esta dispuesto a entrevistarse en Cuba con un grupo de profesionales que lo recibirían para investigar a que se debe la copiosa copa que nace de su cabeza.
Suspendimos la charla y Beto interpreto unos temas del cubano Carlos Puebla, dijo que si bien él era peronista y había colaborado con el peronismo revolucionario en los años 70 tiene un gran aprecio por el pueblo cubano y que lamenta que un pueblo tan solidario y digno sea victima del bloqueo impuesto desde Washington.
Nunca pensé que iba a terminar mi encuentro con el hombre árbol hablando sobre política, y enterándome que en las elecciones apoyo al partido de Pino Solanas.
A la mañana siguiente bien temprano, volví a la casa de Beto para despedirme y agradecerle su hospitalidad.Allí lo encontré, en camiseta blanca y pantalones cortos, tomando mates mientras dos pajaritos se posaban en sus ramas.
http://comunicadocero.blogspot.com/2007/12/beto-carpinus-el-hombre-rbol.html
Hombre con cabeza de árbol y pararrayos
Era figura escueta, era,
y en conjunto, a la distancia,
hombre con cabeza de árbol.
Era (puntos suspensivos) ¿Cómo se dice animal en la tierra?.
Era todo lo imposible y ¿te cuento?
no se parecía a nadie.
Era, permiso voy a cerrar la ventana,
te decía que era
como esos dibujos que ya no se hacen.
Una vez tuve uno,
no se le mira a los ojos, no se le canta, esos también son juguetes
y ese mecanismo que hay
al fondo del pecho.
Y un pararrayos que,
otro día te explico.
de Cristian Lagos, 30 años, Chile
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