InicioOfftopicPlatón y Tolkien.
Acá vengo con otro post, medio filosófico, medio literario (?). Sé que muchas veces es más interesante un post sobre como tatuarse con una mandarina, así que el que piense que este post no tiene importancia, por favor retirese, la casa se reserv el derecho de admisión y permanencia.



Hace unos días estaba leyendo un poco de Platón y me encontré con un relato que me hizo acordar mucho a Tolkien y su Señor de los Anillos.








El relato al que hago referencia se encuentra en el Libro Segundo de La República, de Platón. En este relato, lo que pasa es que...

wikipedia dijo:

Narra la historia de Giges, un pastor que un día pierde una de sus ovejas al abrirse un agujero en la tierra; el pastor se adentra en la profunda grieta y descubre un precioso anillo con el que se marcha sin encontrar a su oveja. Tras este incidente, el pastor se une a un grupo de pastores que están hablando mal de él, descubriendo que el anillo que ha encontrado le vuelve invisible. Gracias a esta cualidad que le otorga el anillo, el pastor obtiene el trono de Lidia tras asesinar al rey Candaules y se casa con la esposa de éste, Nisia.




Pero la cuestión es un poco más profunda, me parece a mi. El relato posta, dice así:

Para darnos mejor cuenta de cómo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastará con imaginar que hacemos lo siguiente; demos a todos, justos e injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto, impulsado -por el interés propio, finalidad que todo ser está dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desvíe por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad.
Esta licencia de que yo hablo podrían llegar a gozarla, mejor que de ningún otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges:

Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino.

Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otro el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. Esto es lo que yo tenía que decir.


http://caballodeletras.blogspot.com/2008/06/el-anillo-de-giges-platn.html


Bueniiiisimo. Bah a mi me encanta la filosofía platónica y sobretodo este tema de la Justicia, la diké.


Bue, era corto. Simplemente me llamó mucho la atención el paralelismo que hay con la historia narrada por Tolkien en El señor de los Anillos. Casi seguro este hombre ha leído a Platón.

Bueno saludos y espero que haya gustado.
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