La Marca de La Muerte
Creo que existe un destino para todos y que nadie sabe cuando este leggará a su fin. En algunos el destino está completamente marcado. Yo aprendí a ver sas marcas que el mal les pone a las personas.
La primera vez que vi una de ellas fue cuando comencé a sentirme mareado, al instante una persona se me había acercado y en la frente tenía una mancha roja con la forma de la cara de un diablo.
Pensé que la mancha era una marca de nacimiento, pero la persona cruzó la calle sin mirar y un taxi la atropelló. Me hice examinar por un médico para ver si las visiones que tenía eran algún problema en la vista, los resultados era normales.
Di por terminado las visiones y llegué a la conclusión de que las manchas eran productos del dolor de cabeza y los rayos del sol que se habrían reflejado en algún vidrio de la calle.
Al día siguiente me dirigía hacia el parque cuando una mujer me preguntó si le podía decir la hora, miré a mi reloj y casi al mismo instante en el cual le iba a decir la hora, vi en su brazo derecho la misma mancha de color rojo de la vez anterior.
Mi cabeza estaba a punto de estallar, cuando de una construcción cayó una enorme barra de acero, la cual chocó contra la cabeza de la bella mujer.
Empezaba a convertirme en una especie de enviado asesino, no me gustaba lo que veía, pero eso podía ser utilizado para salvar vidas.
Recuerdo otra ocasión que me sucedió cuando entré en un banco, estaba todo muy tranquilo, cuando de pronto unos ladrones armados burlaron a las cámaras de seguridad y al rato estaban apuntándonos con pistolas. Un hombre estaba completamente nervioso y comenzó a rezar en voz alta, uno de los ladrones lo agarró y le sacó todo el dinero que tenía.
Entonces nuevamente observé en el cuello del hombre una mancha roja y un poco más cerca de el, había una anciana que tenía en su pierna una mancha roja pero más suave.
Me decidí a ayudar al pobre hombre y me lancé sobre el ladrón sacándole el arma.
La recogí y apenas la toqué la mancha del hombre desapareció y la mancha de la anciana se hizo mucho más oscura. La pistola se disparó sola asesinando a la anciana. Al oír la sirena de la policía los ladrones huyeron con lo poco que habían recolectado.
Estaba desesperado, corrí confundido hacia mi casa y me choqué contra un pequeño niño que me pidió una moneda, en la palma de la mano tenia la mancha, el niño corrió por la calle y se tropezó. Un camión que venía a toda velocidad no pudo frenar y lo aplastó.
Faltaban dos cuadras para llegar a mi hogar, iba a cruzar pero un colectivo me bloqueó el camino, en la parte trasera de este había una mancha enorme. Como el colectivo se hallaba en medio de la calle un auto que no tuvo tempo de frenar lo impactó desde atrás, haciendo que ambos estallen en una fuerte colisión.
Una cuadra me separaba de mi casa y comencé a debilitarme, mis piernas dejaron de correr y mi cabeza comenzó a dar vueltas.
Llegué hasta mi casa, abrí las puertas y me metí en el baño. Me quedaba sin fuerzas, con el último esfuerzo logré llegar hasta la canillas.
Me mojé la cara y saqué una aspirina del espejo, al cerrarlo pude ver mi cara cubierta por una gigantesca mancha roja. Parpadeé un instante y respiré, ese fue mi último respiro.
La primera vez que vi una de ellas fue cuando comencé a sentirme mareado, al instante una persona se me había acercado y en la frente tenía una mancha roja con la forma de la cara de un diablo.
Pensé que la mancha era una marca de nacimiento, pero la persona cruzó la calle sin mirar y un taxi la atropelló. Me hice examinar por un médico para ver si las visiones que tenía eran algún problema en la vista, los resultados era normales.
Di por terminado las visiones y llegué a la conclusión de que las manchas eran productos del dolor de cabeza y los rayos del sol que se habrían reflejado en algún vidrio de la calle.
Al día siguiente me dirigía hacia el parque cuando una mujer me preguntó si le podía decir la hora, miré a mi reloj y casi al mismo instante en el cual le iba a decir la hora, vi en su brazo derecho la misma mancha de color rojo de la vez anterior.
Mi cabeza estaba a punto de estallar, cuando de una construcción cayó una enorme barra de acero, la cual chocó contra la cabeza de la bella mujer.
Empezaba a convertirme en una especie de enviado asesino, no me gustaba lo que veía, pero eso podía ser utilizado para salvar vidas.
Recuerdo otra ocasión que me sucedió cuando entré en un banco, estaba todo muy tranquilo, cuando de pronto unos ladrones armados burlaron a las cámaras de seguridad y al rato estaban apuntándonos con pistolas. Un hombre estaba completamente nervioso y comenzó a rezar en voz alta, uno de los ladrones lo agarró y le sacó todo el dinero que tenía.
Entonces nuevamente observé en el cuello del hombre una mancha roja y un poco más cerca de el, había una anciana que tenía en su pierna una mancha roja pero más suave.
Me decidí a ayudar al pobre hombre y me lancé sobre el ladrón sacándole el arma.
La recogí y apenas la toqué la mancha del hombre desapareció y la mancha de la anciana se hizo mucho más oscura. La pistola se disparó sola asesinando a la anciana. Al oír la sirena de la policía los ladrones huyeron con lo poco que habían recolectado.
Estaba desesperado, corrí confundido hacia mi casa y me choqué contra un pequeño niño que me pidió una moneda, en la palma de la mano tenia la mancha, el niño corrió por la calle y se tropezó. Un camión que venía a toda velocidad no pudo frenar y lo aplastó.
Faltaban dos cuadras para llegar a mi hogar, iba a cruzar pero un colectivo me bloqueó el camino, en la parte trasera de este había una mancha enorme. Como el colectivo se hallaba en medio de la calle un auto que no tuvo tempo de frenar lo impactó desde atrás, haciendo que ambos estallen en una fuerte colisión.
Una cuadra me separaba de mi casa y comencé a debilitarme, mis piernas dejaron de correr y mi cabeza comenzó a dar vueltas.
Llegué hasta mi casa, abrí las puertas y me metí en el baño. Me quedaba sin fuerzas, con el último esfuerzo logré llegar hasta la canillas.
Me mojé la cara y saqué una aspirina del espejo, al cerrarlo pude ver mi cara cubierta por una gigantesca mancha roja. Parpadeé un instante y respiré, ese fue mi último respiro.
FIN