CONDENA MORTAL
Una inmensa oscuridad nublaba mi vista, solo a lo lejos podían orise ruidos de cadenas chocando contra una pared. No recordaba como había llegado allí, pero prensentí que muy pronto iba a descubrirlo. Intenté mover mis brazos, pero estaban encadenados a un tubo en el techo, comencé a dar patadas sobre otro tubo, lo que provocaba un sonido metálico casi hipnótico.
De repente las luces se encendieron y pude ver donde me encontraba. Estaba en el Hall de un hospital, el hospital donde yo trabajaba hace 3 años. Detrás del tubo que tenía sobre mi cabeza y que me imposibilitaba moverme había un cartel que decia: " Solo podrás escapar si utilizás tu don para realizar cirugías". Entonces al mirar mis manos descubrí que había un bisturí atado a las cadenas. Lo saqué y me dispuse a abrir el candado, luego de varios minutos logré abrirlo.
Recorrí todo el pasillo hastala puerta de salida. En ella estaba pegado un cartel que decía: " Podés escapar, pero si de verdad estás dispuesto a enfrentar tu destino, dirigite a la sala de operaciones". Pensé en huir pero me intrigó el pensar sobre a que podria enfrentarme y entonces me dirigí a dicha sala. Al entrar una nube de humo me cegó por unos minutos, lo suficiente como para que alguien me agarre y me ate a una camilla de pies y manos. Una voz suave me dijo:
- Tu destino es morir, muchas veces tus manos sanaron miles de enfermos, pero también supieron hacer mucho daño.
Por entre el humo apareció una persona, una mujer de aproximadamente 40 años, era la persona que me estaba hablando. Luego oi otra voz, más gruesa y fuerte que decia:
- Mataste a nuestra hija desgraciado, llevaste a cabo una operación estando borracho y la dejaste morir desangrada.
Detrás de la mujer apareción un hombre de la misma edad con una cadena en sus manos. Se acercó hacia mi y comenzó a golpearme repetidas veces en el cuerpo. La sala se inundaba con mis gritos de dolor y sufrimiento. La mujer aún más enojada que el hombre me dijo:
- Por todo el dolor que nos causaste vas a sufrir lentamente igual que nuestra hija.
Entonces tomaron un bisturí y me cortaron las venas de los dos brazos, haciendo que me desangre lentamente.
A lo lejos se oyó el sonido de una puerta al cerrarse mientras mis brazos seguían brotando sangre. Mi final era inevitable, pero sabía que merecía morir por todo lo que había causado. Muchas veces el destino juega con nosotros y nos hace cometer muchos errores. Debi haberme escapado, aunque asi no hubiese entendido todo el dolor que causé. El sufrimiento es tan fuerte, pero ya todo está por terminar. Mis ojos se nublan, ahora todo es oscuridad, justo como al principio.
FIN