Cástulo Guerra, actor
Luces y sombras de un salteño en Hollywood (video)
Está radicado desde hace 33 años en EEUU y su historia de esfuerzo muestra la otra cara del trabajo de los actores. "Hice teatro hasta el 83, cuando llegó mi primera película: ‘Tal para cual’, con Travolta. Me di cuenta que estaba en las grandes ligas".
Atravesaba sus 13 años cuando Cástulo Guerra entró al set de "Taras Bulba". Eran los años 50 y la película se rodaba en las yungas de Salta . Fuera de escena, todavía vestidos como personajes de fábula, charlaban Toni Curtis y Yul Brinner. Entonces, en medio de las cámaras, los personajes fantásticos y el ajetreo de la producción, Cástulo intuyó su destino como en una epifanía.
"Esto es lo que voy a hacer toda mi vida", se prometió. Para llegar al set principal se valió de una herramienta que ya dominaba como un experto y que luego le abriría las puertas de Hollywood: un pulido inglés. De aquel suceso iniciático al día de hoy, Cástulo Guerra es el actor argentino que más participó en grandes producciones del cine y un desconocido para sus compatriotas.
Cástulo Guerra ha participado de filmes como "The Pikle", bajo la dirección de P. Mazursky; "Sunset", de Blake Edwards; "Nuts", de Martín Ritt; "Stick", de Burt Reynolds; "Terminator II", de James Cameron , "Los sospechosos de siempre" y más recientemente "La mexicana" -junto a Brad Pitt y Julia Roberts-, "El Álamo", con Danny Quaid y Billy Bob Thorton, y "La Novena Revelación", aún no estrenada. Tuvo breves apariciones en más de una veintena de filmes como "Amistad", de Spielberg.
Actuó también en telefilmes populares como "La Law", "Star Trek: Next Generation", "Beverly Hills Buntz", "Beauty & The Best", "Starman", "Remington Steele" o "Falcon Crest", entre otros. "Todavía me reconocen en la calle por el personaje de Falcon Crest. Creo que fue la serie distintiva de los 80", dice Cástulo. Trabajar en "Falcon Crest" hizo conocida su efectividad escénica, tan necesaria a la hora de reducir tiempos y costos entre los gastos de producción. "Pertenezco a la clase trabajadora de la actuación", dice Guerra. Sin embargo, aunque lejos del cielo de las "celebrities", el actor salteño cuenta con un espacio propio dentro de su oficio.
Sin embargo, Cástulo Guerra es desconocido en los grandes centros urbanos argentinos. "Me fui derecho a Estados Unidos", cuenta al respecto. "Sin tocar tronera en Buenos Aires", Guerra comenzó su trabajo de actor en la efervescente Tucumán de los 60, donde las universidades -las más grandes y reputadas de la región- concentraban a los jóvenes del Norte argentino. Había partido de Salta con la promesa de convertirse en médico. Pero en medio de la carrera sufre otro embate del destino: lo invitan a participar en el elenco de teatro de la Universidad Nacional de Tucumán.
Al poco tiempo abandonó la carrera de medicina y trabajó como actor en el Teatro Estable de Tucumán. Con ese elenco llevó a escena "La casa de Bernarda Alba", en 1965, con la dirección de la recordada directora tucumana Alicia López Vera. "Recuerdo que en los 70 no había mucho para mí en Tucumán. Me propuse hacer ‘Pic-Nic’ en inglés, ignorando que se gestaba el ‘Tucumanazo’.
Lo iba a estrenar y nos amenazaron con poner una bomba en la sala. Yo, que conocía a algunos changos que estaban en la cosa, los desafiaba a encontrar algo ofensivo a lo suyo en mi puesta. Por supuesto que fueron a ver Pic-Nic -¡así era el espíritu de esos años!-, y se dieron con un clásico que nada tenía de antinacional ni pizca de ideología. Después tomé coraje y le confesé a mi padre que no iba a seguir en medicina, que lo mío era el teatro. ‘¿De qué vas vivir?’, me preguntó. Después de tantos años, la pregunta sigue en pie", confiesa el actor.
La revelación del "ángel"
Sin escala en Buenos Aires, en los 70 se radicó en EEUU, en principio gracias a una beca de la Fundación Ford. Se trasladó a la Universidad de Kansas, donde fue elegido para el mismo rol de "Pic-Nic". Al terminar la beca, recorrió Nueva York entrevistando actores y directores.
"Andaba sin rumbo por el Lincoln Center -recuerda Guerra-, cuando un actor callejero me preguntó para qué iba a volver a la Argentina. Después de pensarlo, me quedé en NY por 11 años. Supuse que el tipo del Lincoln era un ángel. Busqué trabajo y comencé haciendo teatro en las iglesias. Después fuimos por los suburbios, llevando las obras a espacios como cafeterías de hospitales públicos o a la cárcel del Bronx. Fue algo terrible y a la vez maravilloso. Los presos me decían: ‘Quiero hacer lo que tú haces’". Meses más tarde la Fundación Ford le concedió una de sus becas de teatro experimental, para formar actores en los barrios neoyorquinos.
"Hicimos ‘Asesinato en la catedral’, con una propuesta que ocupaba toda la Trinity Church y actuaba gente de los barrios. Esto fue del 73 al 75. De todo ese trabajo de laboratorio nacieron inquietudes que se me imponían a mí como actor. Con esa saturación gravitando en mi trabajo personal, llegué hasta ‘Fiesta para un unicornio’, una obra con la que volví a la Argentina en el 76, dispuesto a quedarme.
Trabajé en Buenos Aires, Tucumán y Salta, bastante bien. Pero unos sucesos peligrosos me hicieron dar cuenta que la cosa estaba muy jodida, así que me volví a Estados Unidos. Si me hubiera quedado, mi historia sería otra‘.
"Un opa grandote"
"Me emocioné el día que conocí a Oliver Reed. Pero lo único que puedo contar es que era una persona muy difícil", confiesa. Entre sus actores predilectos, Guerra trabajó con Gene Hackman y Charles Durning, con quienes rodó "Donde nace una leyenda". Luego vendrían otros filmes como "Nuts", con Barbra Streissand en el 87 y "Terminator II", en 1990. En esa película le hace decir a su personaje -un ex represor argentino, aunque no se explica en el filme- un norteño "¿Quién e’ el grandote éste?", cuando enfrenta al cyborg.
"Schwarzenegger vive haciendo chistes y hasta puedo decir que es un buen tipo... Aunque tiene sus ideas acerca de los ricos y los pobres. James Cameron es un obsesivo. Al final de la filmación todos lo odian, pero es clarito en lo que quiere. ‘Terminator’ me dio renombre y una enorme cantidad de propuestas para televisión. En el 94, Brian Singer iba a filmar ‘Los sospechosos...’ y a unos días de comenzar me hizo el casting directamente por teléfono. Fui Arturo Márquez, un traficante argentino.
Era un papel pequeño pero intenso. Al final, como de costumbre, me matan. He muerto montones de veces. En ‘Terminator’ me estaban por matar, pero al reacomodar el presupuesto la escena quedó afuera. En ‘La Novena Revelación’ ¡me matan dos veces!". En este filme, aún no estrenado, Guerra comparte escena con Jurgen Prochnow, Thomas Kretchman y Joaquín de Almeida.
"Lo produjo el mismo Redfield, porque no quería que Hollywood lo convierta en uno de sus productos. Bueno, eso decía. Yo todavía no he visto el filme", dice Guerra. También trabajó para Spielberg en "Amistad", "porque conocía mi trabajo y le había gustado. Ese es otro tipo amable y considerado", rememora.
Pero no todo es luz en el cine. "Lo peor para una ‘celebrity’ es quedarse sin trabajo, ser ignorado. Boris Gudonov se suicidó por depresión después de estar tres meses sin trabajo. Es que en el ambiente del cine de Los Ángeles se lleva una vida social aislada. Por eso lo mejor que se puede hacer en este trabajo es una vida propia, mantener la intimidad con tu familia es la única salvaguarda", dice Guerra sobre la diferencia entre la vida de una estrella y un "worker actor".
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=e0zgQ3bkcT8
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=7eaM-_Oeg9g
Luces y sombras de un salteño en Hollywood (video)
Está radicado desde hace 33 años en EEUU y su historia de esfuerzo muestra la otra cara del trabajo de los actores. "Hice teatro hasta el 83, cuando llegó mi primera película: ‘Tal para cual’, con Travolta. Me di cuenta que estaba en las grandes ligas".
Atravesaba sus 13 años cuando Cástulo Guerra entró al set de "Taras Bulba". Eran los años 50 y la película se rodaba en las yungas de Salta . Fuera de escena, todavía vestidos como personajes de fábula, charlaban Toni Curtis y Yul Brinner. Entonces, en medio de las cámaras, los personajes fantásticos y el ajetreo de la producción, Cástulo intuyó su destino como en una epifanía.
"Esto es lo que voy a hacer toda mi vida", se prometió. Para llegar al set principal se valió de una herramienta que ya dominaba como un experto y que luego le abriría las puertas de Hollywood: un pulido inglés. De aquel suceso iniciático al día de hoy, Cástulo Guerra es el actor argentino que más participó en grandes producciones del cine y un desconocido para sus compatriotas.
Cástulo Guerra ha participado de filmes como "The Pikle", bajo la dirección de P. Mazursky; "Sunset", de Blake Edwards; "Nuts", de Martín Ritt; "Stick", de Burt Reynolds; "Terminator II", de James Cameron , "Los sospechosos de siempre" y más recientemente "La mexicana" -junto a Brad Pitt y Julia Roberts-, "El Álamo", con Danny Quaid y Billy Bob Thorton, y "La Novena Revelación", aún no estrenada. Tuvo breves apariciones en más de una veintena de filmes como "Amistad", de Spielberg.
Actuó también en telefilmes populares como "La Law", "Star Trek: Next Generation", "Beverly Hills Buntz", "Beauty & The Best", "Starman", "Remington Steele" o "Falcon Crest", entre otros. "Todavía me reconocen en la calle por el personaje de Falcon Crest. Creo que fue la serie distintiva de los 80", dice Cástulo. Trabajar en "Falcon Crest" hizo conocida su efectividad escénica, tan necesaria a la hora de reducir tiempos y costos entre los gastos de producción. "Pertenezco a la clase trabajadora de la actuación", dice Guerra. Sin embargo, aunque lejos del cielo de las "celebrities", el actor salteño cuenta con un espacio propio dentro de su oficio.
Sin embargo, Cástulo Guerra es desconocido en los grandes centros urbanos argentinos. "Me fui derecho a Estados Unidos", cuenta al respecto. "Sin tocar tronera en Buenos Aires", Guerra comenzó su trabajo de actor en la efervescente Tucumán de los 60, donde las universidades -las más grandes y reputadas de la región- concentraban a los jóvenes del Norte argentino. Había partido de Salta con la promesa de convertirse en médico. Pero en medio de la carrera sufre otro embate del destino: lo invitan a participar en el elenco de teatro de la Universidad Nacional de Tucumán.
Al poco tiempo abandonó la carrera de medicina y trabajó como actor en el Teatro Estable de Tucumán. Con ese elenco llevó a escena "La casa de Bernarda Alba", en 1965, con la dirección de la recordada directora tucumana Alicia López Vera. "Recuerdo que en los 70 no había mucho para mí en Tucumán. Me propuse hacer ‘Pic-Nic’ en inglés, ignorando que se gestaba el ‘Tucumanazo’.
Lo iba a estrenar y nos amenazaron con poner una bomba en la sala. Yo, que conocía a algunos changos que estaban en la cosa, los desafiaba a encontrar algo ofensivo a lo suyo en mi puesta. Por supuesto que fueron a ver Pic-Nic -¡así era el espíritu de esos años!-, y se dieron con un clásico que nada tenía de antinacional ni pizca de ideología. Después tomé coraje y le confesé a mi padre que no iba a seguir en medicina, que lo mío era el teatro. ‘¿De qué vas vivir?’, me preguntó. Después de tantos años, la pregunta sigue en pie", confiesa el actor.
La revelación del "ángel"
Sin escala en Buenos Aires, en los 70 se radicó en EEUU, en principio gracias a una beca de la Fundación Ford. Se trasladó a la Universidad de Kansas, donde fue elegido para el mismo rol de "Pic-Nic". Al terminar la beca, recorrió Nueva York entrevistando actores y directores.
"Andaba sin rumbo por el Lincoln Center -recuerda Guerra-, cuando un actor callejero me preguntó para qué iba a volver a la Argentina. Después de pensarlo, me quedé en NY por 11 años. Supuse que el tipo del Lincoln era un ángel. Busqué trabajo y comencé haciendo teatro en las iglesias. Después fuimos por los suburbios, llevando las obras a espacios como cafeterías de hospitales públicos o a la cárcel del Bronx. Fue algo terrible y a la vez maravilloso. Los presos me decían: ‘Quiero hacer lo que tú haces’". Meses más tarde la Fundación Ford le concedió una de sus becas de teatro experimental, para formar actores en los barrios neoyorquinos.
"Hicimos ‘Asesinato en la catedral’, con una propuesta que ocupaba toda la Trinity Church y actuaba gente de los barrios. Esto fue del 73 al 75. De todo ese trabajo de laboratorio nacieron inquietudes que se me imponían a mí como actor. Con esa saturación gravitando en mi trabajo personal, llegué hasta ‘Fiesta para un unicornio’, una obra con la que volví a la Argentina en el 76, dispuesto a quedarme.
Trabajé en Buenos Aires, Tucumán y Salta, bastante bien. Pero unos sucesos peligrosos me hicieron dar cuenta que la cosa estaba muy jodida, así que me volví a Estados Unidos. Si me hubiera quedado, mi historia sería otra‘.
"Un opa grandote"
"Me emocioné el día que conocí a Oliver Reed. Pero lo único que puedo contar es que era una persona muy difícil", confiesa. Entre sus actores predilectos, Guerra trabajó con Gene Hackman y Charles Durning, con quienes rodó "Donde nace una leyenda". Luego vendrían otros filmes como "Nuts", con Barbra Streissand en el 87 y "Terminator II", en 1990. En esa película le hace decir a su personaje -un ex represor argentino, aunque no se explica en el filme- un norteño "¿Quién e’ el grandote éste?", cuando enfrenta al cyborg.
"Schwarzenegger vive haciendo chistes y hasta puedo decir que es un buen tipo... Aunque tiene sus ideas acerca de los ricos y los pobres. James Cameron es un obsesivo. Al final de la filmación todos lo odian, pero es clarito en lo que quiere. ‘Terminator’ me dio renombre y una enorme cantidad de propuestas para televisión. En el 94, Brian Singer iba a filmar ‘Los sospechosos...’ y a unos días de comenzar me hizo el casting directamente por teléfono. Fui Arturo Márquez, un traficante argentino.
Era un papel pequeño pero intenso. Al final, como de costumbre, me matan. He muerto montones de veces. En ‘Terminator’ me estaban por matar, pero al reacomodar el presupuesto la escena quedó afuera. En ‘La Novena Revelación’ ¡me matan dos veces!". En este filme, aún no estrenado, Guerra comparte escena con Jurgen Prochnow, Thomas Kretchman y Joaquín de Almeida.
"Lo produjo el mismo Redfield, porque no quería que Hollywood lo convierta en uno de sus productos. Bueno, eso decía. Yo todavía no he visto el filme", dice Guerra. También trabajó para Spielberg en "Amistad", "porque conocía mi trabajo y le había gustado. Ese es otro tipo amable y considerado", rememora.
Pero no todo es luz en el cine. "Lo peor para una ‘celebrity’ es quedarse sin trabajo, ser ignorado. Boris Gudonov se suicidó por depresión después de estar tres meses sin trabajo. Es que en el ambiente del cine de Los Ángeles se lleva una vida social aislada. Por eso lo mejor que se puede hacer en este trabajo es una vida propia, mantener la intimidad con tu familia es la única salvaguarda", dice Guerra sobre la diferencia entre la vida de una estrella y un "worker actor".
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