UN DÍA. Un día el país se movió y no fue a causa de un terremoto, un día la gente se levantó de sus sillas y salió a la calle y no fue por una victoria Argentina en un mundial, un día, miles de personas salieron con sus cacerolas, cacerolas sin marcas, cacerolas abolladas, gastadas y quemadas, por los largos fuegos de los muchos guisos y pucheros que habían tenido que bancarse en estos años de crisis. Con los años se dirá que fue porque le tocaron el bolsillo a la gente, que este país es individualista y nadie hace nada por el otro, pueden tener algo de ciertas esas acusaciones, pero ese día los individualistas unieron sus gritos, formaron un frente hegemónico superador de cualquier corporación, se aunaron las voces, se congregaron los reclamos y el grito fue uno solo “que se vayan todos”, fue un pedido, un deseo, una súplica que atronó contra la noche Argentina, un país no dormía, un país despertaba de un largo letargo en el que casi había dejado su vida y sin duda había perdido parte de su identidad. El pueblo unido jamás será vencido, se escuchaba en los rincones y las vueltas de las esquinas, Plaza de mayo fue el lugar elegido por la prensa para darle mayor cobertura al hecho, allí se veía claramente la pelea desigual, se enfrentaban cacerolas contra macanas, gritos contra disparos, civiles contra uniformados, el pueblo le hacia frente a sus representantes y éstos mandaban a reprimir sin miramientos, la fuerza policial avanzaba para hacer retroceder las manifestaciones y derribaba todo a su paso, 39 muertos fue el saldo trágico de aquel 19 y 20 de diciembre de 2001. Un día el país quiso ser protagonista de su propio destino, un día la gente quiso torcer el rumbo de la historia, la clase media quiso resurgir de las cenizas, un día se hizo historia, lástima que alguna parte del “que se vayan todos” se perdió en el camino, lástima que, mas allá de algún escape vergonzoso, el "todos" terminó siendo nadie o el que se vayan se convirtió en quédense, lástima que sólo se cambió algo para que nada cambie, que nuevamente un país se acomodó en su cama dispuesto a dormir otra larga siesta, lástima que un día, fue sólo eso… un día.
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