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Fanfics Harry Potter 2 los mejores que encontre

Offtopic2/15/2010
Bueno espero que les guste

Primer contacto
por Dr hallows(bloghowartss.com)


Era un día frío y lluvioso de diciembre, en el patio cubierto de la escuela se podía ver como todos los niños intentaban aprovechar el recreo a pesar de la lluvia que caía fuera y allí se encontraba Hermione, acurrucada en una esquina, sola, intentando pasar desapercibida, mientras leía completamente absorta un libro, lo que hizo que no notase como algunos de sus compañeros se acercaban a ella con sonrisas maliciosas. Antes de que se diese cuenta uno de los niños cogió el libro y se lo paso a otro que empezó a correr seguido por los otros niños mientras se pasaban el libro riéndose. Hermione se levantó dispuesta a seguirlos mientras los niños salían del patio cubierto hacia el exterior, ella no se lo pensó y salió también detrás de ellos, se detuvieron por fin, cerca de la verja, lo que dio oportunidad a Hermione de alcanzarlos.
-¡Devolvédmelo¡-dijo con tono mandón y un poco desesperado.
El niño que tenía el libro se lo tendió pero cuando ella se acercó para cogerlo el niño se lo paso a un amigo que lo abrió y rompió unas cuantas hojas antes de cerrarlo y tirarlo, el libro paso por encima de la valla y cayó en un charco que había en la acera quedando totalmente mojado.
Hermione se quedo estática mirando el libro, roto y mojado, entonces el grupo de niños se puso a gritarle en tono de burla, come libros, mientras regresaban al patio cubierto y pudo escucho como todos sus compañeros se reían, agacho la cabeza y sé quedó allí, debajo de la lluvia mientras notaba como sus ojos se llenaban de lagrimas.
¡Estaba harta! ¿Por qué no la podían dejar en paz? ¿Por qué siempre tenía que aguantar las burlas de sus compañeros? Los niños se metían con ella porque era la que siempre respondía en clase y las niñas porque no le gustaban las muñecas y la consideraban rara, siempre estaba sola y a sus 10 años creía que siempre lo estaría, no tenía ningún amigo y solo se sentía a gusto cuando estaba en clase, temía la llegada del recreo porque sabía que las burlas y la soledad iban a estar esperándola en el, por más que intentara pasar desapercibida. Pero lo peor de todo era que se sentía una extraña, un bicho raro y no solo por las burlas si no por esas cosas extrañas que era capaz de hacer desde que era pequeña y que hacían que se sintiese más diferente, más sola y como si perteneciese a otro mundo que no era ese, parecía que todo le pasaba a ella. Solo quería ser una mas pero no parecía que esa posibilidad fuese a ser viable por más que lo deseara, ofreciéndose a ayudar a sus compañeros explicándoles las cosas que no entendían, pero lo único que conseguía a cambio eran más reproches y burlas.
-Toma-dijo una voz.
Hermione levantó la cabeza encontrándose con un niño, alto, vestido con unos vaqueros gastados y con una sudadera roja con capucha que solo dejaba ver, debido a la oscuridad del día, su boca, que esbozaba una sonrisa sincera. El niño tenía el brazo levantado sosteniendo el libro, el cual pasaba por entre las barras de la verja. Lo miró, entre desconcertada y sorprendida, y alargando el brazo cogió el libro. Se quedo mirando la tapa un poco confundida mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.
-Grac…- dijo al tiempo que levantaba la cabeza pero se quedo muda cuando vio que el misterioso niño ya no estaba allí, volvió a mirar al libro, que parecía estar nuevo, de hecho estaba seco, lo abrió y se sorprendió al ver que las paginas estaban enteras. Se acerco a la valla y miró a todos los lados de la calle pero no vio por ningún lado al niño.
El timbre sonó, indicando el fin del recreo y sacando a Hermione de su ensimismamiento, corrió hacia el colegio y se dio cuenta de que estaba empapada, pero no le importo, estaba feliz, aunque no estaba muy segura de porque.
Por primera vez se sentía parte de algo, se sentía normal y ahora sabia que por lo menos había alguien como ella. Una sonrisa asomo por su rostro mientras sostenía fuertemente el libro contra su pecho.
Corría por la calle, mojada por la lluvia fina que caía, esperando que sus padres no hubiesen notado su ausencia antes de que volviese a la tienda, confiaba en que su padre estuviese absorto mirando las herramientas y cachivaches muggles mientras que su madre estaría intentando evitar que Fred y George hiciesen de las suyas mientras vigilaba a Ginny. Maldijo mentalmente a los gemelos por instarle a que fuera a una tienda de chocolate de la que habían oído hablar y a él mismo por haberles hecho caso ya que naturalmente no había tal tienda y por si eso no fuese suficiente acababa de hacer magia, algo que estaba prohibido, y aun por encima delante de una niña muggle, lo que lo convertía en un delito peor, la había hecho buena, por suerte recordó que a los menores de 11 años no se les detectaba si hacían magia, aunque pensándolo bien tampoco se arrepentía de haberla hecho. No soportaba a los abusones, si hubiese estado allí les iba a enseñar un par de cosas, además esa niña estaba muy triste y si él podía ayudarla ¿Por qué no iba a hacerlo? Ni siquiera lo pensó, solo se dejo llevar por su instinto, justo lo que le recriminaba siempre su madre que le decía que tenía que utilizar más la cabeza, como Percy, ¿Pero para que vas a pensar cuando sabes lo que tienes que hacer? Aunque si hubiese pensado un poco quizás no hubiese salido a la lluvia para ir a una tienda de chocolate con indicaciones de Fred y George. Siempre se dejaba llevar por su instinto sin pararse a pensar afondo, simplemente era más de acción que de reflexión, salvo en el ajedrez.
-¡RONALD BILLIUS WEASLEY!- Paro en seco y notó como su corazón empezó a latir mucho más rápido, de terror, miro hacia la izquierda y vio a su madre, con una cara de enfado que amedrentaría a cualquiera, llevaba agarrada de la mano a Ginny y sostenía en la otra un paraguas-¡Se puede saber dónde estabas! ¡¿Sabes lo preocupada que estaba?! .
-Lo-Lo siento, mama- consiguió articular.
- ¿Que lo sientes? Ya hablaremos en casa, jovencito. Vamos, tu padre ya ha comprado lo que quería-dijo su madre mientras le fulminaba con la mirada y se ponía a caminar en dirección a la tienda arrastrando a Ginny, que lo miraba con cara de pena, diciendo por qué no se parecía más a Bill, Charlie y Percy.
Se quito la capucha y dejo que la lluvia lo refrescase mientras seguía a su madre, pensando en el castigo que le esperaría. Miró un momento hacia atrás y sonrió, por lo menos su escapada había beneficiado a alguien. Ahora le habría venido bien algo de chocolate, suspiro resignado y continuo caminando con la cabeza agachada maldiciendo por lo bajo a los gemelos.











La profecia a sus oidos

La noche estaba despejada por completo, ni una sola nube distorsionaba la vista hacia las estrellas del cielo. El día había pasado más rápido de la cuenta para él, a pesar de haber estado toda la tarde meditando enfurruñado y pensando en todas sus preocupaciones. Tenía rabia, solo habría deseado quedarse quieto en aquella posición, escuchando los sonidos que merodeaban a su alrededor. Pero no podía, tenía que cumplir con sus obligaciones, con sus lealtades, o todo se complicaría más.
Se levantó despacio, haciendo poco ruido y movilizando ligeramente sus adormecidas articulaciones. Se quitó las cortinas de cabello negro que le entorpecían la vista, dejando ver un perfil peculiar a la luz de la luna. Sosteniendo la varita en la mano caminó un cuarto de hora, hasta llegar a las proximidades de Hogmeade. Se adentró en el pueblo, cubriéndose el rostro con su negra capa. Caminaba decididamente a paso vivo, a pesar de no tener un destino fijo.
Entre todos los magos y brujas que transitaban posiblemente yendo a casa, logró vislumbrar a un mago conocido. El mago de nariz aguileña, sobre la cual se posaban unas gafas con forma de media luna y una barba blanca, casi plateada que le llegaba a la altura de la cintura, se adentró en una taberna que tenía un letrero colgante con la imagen de un puerco degollado y rezaba la inscripción: “Cabeza de Puerco”. Le pareció curioso el hecho de que un mago de tal categoría merodeara por esos lugares y sin más preámbulos decidió seguirlo.
Aguardó afuera, echando de vez en cuando una ojeada por la sucia ventana del local. Logró distinguir al hosco tabernero llevando una bebida a la mesa del mago y a su acompañante, una mujer que usaba unas gafas que le aumentaban los ojos de una manera descomunal y que estaba envuelta en chales y varios collares de cuentas. Tras cavilar un momento sobre la identidad de la bruja, supuso que debía tratarse de una aspirante a profesora de Hogwarts, tal vez para el ramo de Defensa Contra las Artes Oscuras, que según había oído, se necesitaba un nuevo profesor.
En realidad lo que le importaba era saber el tema de la conversación, quizá fuese una simple entrevista, pero Dumbledore formaba parte de la oposición: era el líder de la Orden del Fénix. Entonces, cautelosamente, abrió un centímetro la puerta, sin penetrar en el lugar, pero fue suficiente ya que la atmósfera que reinaba allí dentro era de una quietud increíble y por ende, era suficiente para escuchar la conversación.
-Entonces, ¿es usted descendiente de Cassandra Trelawney?-preguntó la suave voz de Dumbledore.
-Así es, por supuesto, soy su tataranieta, el don se saltó algunas generaciones, que es completamente normal…-contestó Trelawney con una voz forzadamente mística y teatral.
-Ya veo…verá, tengo mucho respeto por esa rama de la magia, sin embargo, no es una rama que me interese enseñar en mi institución, sin embargo accedí a venir a esta entrevista…-explicaba Dumbledore.
-Yo…veo…usted…un grave peligro- interrumpió Trelawney, moviendo las manos con nerviosismo y abriendo sus ojos de una forma extraña. Sin embargo, Dumbledore no se inmutó y contestó:
-Disculpe, no crea que subestimo sus poderes de la clarividencia, soy consciente de su potencial, sólo que no deseo impartir esa asignatura en mi colegio- explicó Dumbledore mirando seria y penetrantemente a la bruja a los ojos.
Pero de repente, los ojos de Sybill Trelawney se desorientaron y como hipnotizados miraron fijo al techo, en un susurro y con la voz increíblemente ronca comenzó a decir:
-El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca…Nacido de los que lo han amenazado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes…
En ese momento, su atención se vio interrumpida, el tabernero, abrió la puerta de un golpe, sorprendiéndolo en su obra y ásperamente le gritó:
-¡Hey! ¡Tú! ¡Vete! ¡Y no vuelvas, o te las verás conmigo!
Algo sorprendido y fastidiado, se separó de la puerta y sin mirar atrás se fue a paso firme. Resultaba irónico, para él una “amenaza” un simple tabernero, ridículo. Mientras caminaba, pensaba en lo que había oído y escasamente visto. Una bruja dedicada a la predicción del futuro…podía tratarse de una profecía…Cabía la posibilidad…y si Dumbledore estaba involucrado…aún más preocupante. Aunque hubiese cierta incertidumbre al respecto, él decidió que se lo contaría a su amo de todas maneras, sería lo más adecuado, esa misma noche. Entonces se dispuso a aparecerse en el cuartel general de inmediato. Instantes después se encontraba a tan sólo unas yardas de distancia de la Mansión de los Malfoy. Caminó e silencio, varita en mano y entró al enorme jardín de la mansión, de vez en cuando detrás de los setos veía uno que otro pavo real. Tras unos minutos caminando, que se hicieron eternos mientras pensaba en lo que sucedería, llegó a la puerta, y tocó. Distantes se escucharon unos pasos, que se iban haciendo más marcados. Luego una mujer abrió la puerta y le apuntó con su varita al pecho directamente. La mujer vestía de negro y tenía la piel blanca, un cabello oscuro y desarreglado que le caía por la espalda. Sus caídos párpados lo observaban con altanería y desprecio característicos de su mirada. Le subió el mentón con la varita para examinarle mejor el rostro, luego con su áspera voz le dijo:
-Entra ya.
Bajando las escaleras se veía una hermosa mujer rubia que blandía su varita en el aire, lanzando chispas rojas, la movía con urgencia y dijo con voz audible:
-¿Quién es? ¿Quién entra en mi casa?
-Es Snape-contestó su hermana.
-¡Tú!, ¿Acaso te crees la dueña de esta casa? ¿Te tomas la libertad de hacer todo lo que se te antoja?
-Cálmate, Cissy, tenemos visitas- dijo Bellatrix con un tono sumamente burlón.
Pero Narcisa Malfoy dirigía su atención hacia Snape, lo saludó alegremente, después de todo además se ser un mortífago tenía relaciones amistosas con su esposo. Repentinamente en tono cortante, Bellatrix le lanzó a Snape:
-¿Y tú qué quieres?
-Informar al Señor de las Tinieblas de la misión que me legó.
-¿Acerca de qué?
-Creo – se detuvo para pensar bien lo que decía- que eso no es de tu incumbencia, Bellatrix- finalizó con voz queda.
Bellatrix abrió los ojos y su cara se tornó roja de furia, se disponía gritarle algo lo suficientemente hiriente a Snape, pero Narcisa la detuvo y dirigiéndose a Snape dijo:
-El Señor de las Tinieblas…está arriba, en el segundo piso, a la izquierda, última puerta.
Snape asintió a secas con la cabeza en respuesta y se dispuso a subir las escaleras, debía tener mucho cuidado con lo que decía, pensaba. Caminó por el pasillo, y al llegar de frente a la puerta indicada se detuvo, y tocó dos veces. La puerta se abrió sin que nadie la forzara a hacerlo directamente y una voz fría y aguda dijo:
-¿Quién es?
-Snape.
-Ya veo…entonces pasa.
Snape obedeció, y sin demorarse cerró la puerta tras de sí y susurró un conjuro de su propia invención para impedir que algún intruso escuchara la conversación:
-Muffliato!
Cautelosamente se dio la vuelta y encontró una chimenea con un débil fuego color verde crepitando en llamas, mirando al fuego estaba él, sólo veía la butaca sobre la que estaba sentado y se veía una parte de su cadavérica cabeza.
-Acércate- ordenó lord Voldemort con voz queda- y no estuvo mal eso de impedirle al extraño inmiscuirse en lo que no le corresponde.
Snape fue hacia el Señor Oscuro, a su lado izquierdo, sin mirarle a los ojos.
-Siéntate, ¿y bien?
-Seguí la pista a Dumbledore, a Hogsmeade, en una taberna se encontró con Sybill Trelawney, ése era el nombre de la bruja: aspirante a profesora de Adivinación en Hogwarts…- El relato de Snape se vio interrumpido por una fría carcajada socarrona.
-¡Ay! A su edad el viejo idiota- se dijo a sí mismo Voldemort. Snape no lo entendió del todo y permaneció en silencio, con el ceño ligeramente fruncido.
- Continúa- dijo fríamente, sin un rastro de su previa humorada.
- Era una farsante total, pero en un momento de la conversación sus ojos se desorbitaron, y su voz se enronqueció, fue…diferente…incluso Dumbledore se percató. Mi Señor: era una profecía.
-Una profecía- se dijo Voldemort en un silbido extraño- ¿y después?
-Anunció la profecía: “El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca, hijo de los que lo han amenazado tres veces, vendrá al concluir el séptimo mes”.
Voldemort cerró los ojos, ocultando sus pupilas rojas con franjas felinas, y frunció el ceño. Después de unos instantes, Voldemort abrió los ojos y miró bruscamente a los negros de Snape. Voldemort supo entonces que Snape decía la verdad.
-Séptimo mes, Julio, los…-se detuvo a pensar- los Potter.
Al oír el apellido “Potter” los ojos de Snape se abrieron al máximo, entrelazó sus manos heladas y bajó la mirada, esperando.
-Han de ser…los Potter, aunque una profecía…destruirme a mí no…- negó con la cabeza- pero…sería quitarme un peso de encima…así es.
Snape estaba desesperado, sentía gotas de sudor en la frente y se le habían tensado todos los músculos del cuerpo en un espasmo de dolor. Su mente estaba adormecida, sumergida en unos ojos verde intenso, en los que pensaba todos los días.
-Valiosa información, Snape- anunció Voldemort inexpresivamente. Snape esperó en silencio un instante, luego con la voz más calmada que pudo adoptar, replicó:
-Mi Señor…usted… ¿se deshará de los Potter?
-Así es, debo encargarme del asunto, sencillo.
Hubo una pausa en la cuál Snape tuvo una idea demasiado aterradora. Luego volvió a replicar:
-Mi Señor, la profecía…se refiere a su hijo, ¿verdad?
-Así lo deduzco.
-Y usted… ¿se encargará de eliminar a los padres también?
Voldemort había mantenido la vista perdida, en ese momento miró a Snape. Éste evadió su mirada hábilmente, fingiendo indiferencia.
-El enemigo- agregó Voldemort.
A Snape se le iluminó el rostro, y sin mirar a su amo añadió:
-Potter es y siempre ha sido un eterno…”héroe”, sin embargo…Evans…tiene mucho talento, recuerdo. Los profesores en Hogwarts siempre la calificaron como “brillante”.
-Ella rechazó unirse a nuestras fuerzas, no dudes en que ya se lo he propuesto.
-Sí, pero quizá decida reevaluarlo, Evans no es tonta…- trató Snape de justificarse. Hubo un silencio. Luego en un desesperado intento de hacer algo, Snape continuó:
-Entonces, ¿va a matarle a ella también?
Voldemort no quitaba su mirada fría del rostro de Snape y tras evaluar la situación un momento replicó:
-¿Hay acaso algo que te incomode al respecto?- definitivamente los instantes dubitativos del Señor de las Tinieblas habían acabado.
Snape estaba nervioso, sin pensar le miró a la cara a Voldemort y tras unos instantes Voldemort añadió:
-Es una sangre sucia, hay muchas otras mujeres de sangre pura y más dignidad para ti.
-Escuche, pero…
-¡Basta! Que no se hable más del asunto- exclamó Voldemort con su voz irascible, aguda y fría.
Snape estaba inmóvil, esperando. Finalmente Voldemort le ordenó:
-¡Vete!
Snape se puso en pie, y sin que se le volviera a repetir la orden, salió de la lúgubre habitación a toda prisa. Podía sentir una innumerable cantidad de emociones en su interior.
Horas más tarde, se encontraba solo en una butaca de su hogar en la calle de la Hilandera. No podía concebir lo que había hecho. Primero había perdido su amistad para siempre, pero al menos había tenido la seguridad de que ella estaba bien. Había perdido toda la esperanza de estar a su lado algún día. Ahora, por su culpa, ella sufriría…y no sólo eso, la alcanzaría la muerte…tenía que hacer algo por la única persona a la que había sabido querer y posiblemente que alguna vez ella lo había estimado. Como le dolía el corazón…y se durmió pensando en esos ojos verdes, mientras las lágrimas escurrían por su rostro.
[NOTA: Este fanfic fue escrito por Susana Niemeyer
Datos archivados del Taringa! original
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