Hace un par de días publiqué una pequeña dedicatoria a mi abuela, fallecida hace ya casi diez años. La mayoría de comentarios fueron despectivos y hasta ofensivos, por ello pido que si a alguien no le interesa este tema simplemente apriete la tecla de “Atrás” y no manche su imagen rebajándose al insulto o la burla. Lamentablemente no pude tomar ninguna foto porque hace unas semanas que se me malogró la cámara, por ello puse algunas imágenes de la web.
En fin, la semana pasada presté servicio voluntario en el asilo de mi ciudad. Era la primera vez que entraba a semejante lugar, y esta es la impresión que me dejó.
Había ancianos por aquí y por allá, lo cual no es ninguna novedad, pero lo triste es que la mayoría de ellos habían sido olvidados por sus familiares. Uno de los ancianos que me tocó cuidar me contó que hacía más de ochos años que no veía a su hijo, y eso a pesar de que vive en la misma ciudad. Sus ojos se llenaban de lágrimas cuando rememoraba sus tiempos mozos, aquellos en los que no dependía de nadie y se sentía útil.
Otra anciana estaba en una situación similar, aunque un tanto peor. Sufría de Alzheimer y requería de cuidados especiales, obviamente, pero a causa del poco personal capacitado del asilo no lo recibía siempre.
No puedo expresar con palabras lo impresionado que me dejó la situación emocional en la que viven estos seres humanos. Y no dejo de pensar en la clase de corazón que tienen sus familiares para poder olvidarlos tan fácilmente, a ellos, sus padres, los que les prodigaron la vida, los que cuidaron de ellos cuando niños, los que se rompieron los lomos (a veces literalmente) para que ellos sean lo que hoy son.
Y encima de eso a veces tienen que sufrir el mal cuidado de algunos miembros de la Asistencia Social, miembros que solo asisten por obligación y porque se les paga un sueldo. Es por ello muy importante la ayuda de los voluntarios. Yo he prometido ayudar siempre que pueda.
Agradezco mucho que mi abuela no haya tenido que pasar por esta experiencia, pues siempre contó con el cariño de sus hijos, nietos y nueras. Por eso si tienes un abuelo vivo prodígale el cariño que puedas, y si tus padres están mayores no los deseches como simples despojos vivientes. No importa cuántos años tengan siguen siendo seres humanos con necesidades físicas y emocionales.
Algunos dirán que no es su problema, que un hombre debe ser más duro y menos sensible como lo soy yo (lo dijeron en un comentario en el post anterior) pero solo sean pacientes. Cuando tengan 70 u 80 años sabrán de lo que hablo.


En fin, la semana pasada presté servicio voluntario en el asilo de mi ciudad. Era la primera vez que entraba a semejante lugar, y esta es la impresión que me dejó.
Había ancianos por aquí y por allá, lo cual no es ninguna novedad, pero lo triste es que la mayoría de ellos habían sido olvidados por sus familiares. Uno de los ancianos que me tocó cuidar me contó que hacía más de ochos años que no veía a su hijo, y eso a pesar de que vive en la misma ciudad. Sus ojos se llenaban de lágrimas cuando rememoraba sus tiempos mozos, aquellos en los que no dependía de nadie y se sentía útil.
Otra anciana estaba en una situación similar, aunque un tanto peor. Sufría de Alzheimer y requería de cuidados especiales, obviamente, pero a causa del poco personal capacitado del asilo no lo recibía siempre.
No puedo expresar con palabras lo impresionado que me dejó la situación emocional en la que viven estos seres humanos. Y no dejo de pensar en la clase de corazón que tienen sus familiares para poder olvidarlos tan fácilmente, a ellos, sus padres, los que les prodigaron la vida, los que cuidaron de ellos cuando niños, los que se rompieron los lomos (a veces literalmente) para que ellos sean lo que hoy son.
Y encima de eso a veces tienen que sufrir el mal cuidado de algunos miembros de la Asistencia Social, miembros que solo asisten por obligación y porque se les paga un sueldo. Es por ello muy importante la ayuda de los voluntarios. Yo he prometido ayudar siempre que pueda.

Agradezco mucho que mi abuela no haya tenido que pasar por esta experiencia, pues siempre contó con el cariño de sus hijos, nietos y nueras. Por eso si tienes un abuelo vivo prodígale el cariño que puedas, y si tus padres están mayores no los deseches como simples despojos vivientes. No importa cuántos años tengan siguen siendo seres humanos con necesidades físicas y emocionales.
Algunos dirán que no es su problema, que un hombre debe ser más duro y menos sensible como lo soy yo (lo dijeron en un comentario en el post anterior) pero solo sean pacientes. Cuando tengan 70 u 80 años sabrán de lo que hablo.