
El agricultor de la Comunidad Santa Rosa de Monte Azul, en la región Apurímac, señala que siembra 460 variedades de papas nativas, cuyo germoplasma conserva por muchos años. Victoriano Fernández Morales, indica que estas semillas de papa pueden contaminarse con las semillas transgénicas y poner en peligro nuestra biodiversidad. Manifiesta, que las papas nativas que producen los 100 integrantes de su asociación ya se venden en los supermercados de Huancayo.
Aportare yo:
Los alimentos transgénicos representan riesgos potenciales para la salud y el desarrollo, por lo que antes de permitir su comercialización deben ser sometidos a evaluaciones de inocuidad y de esta forma prevenir daños al bienestar físico del ser humano y al medio ambiente, señala la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En el informe Biotecnología moderna de los alimentos, salud y desarrollo humano: estudio basada en evidencias, que el organismo internacional pidió elaborar al Departamento de Inocuidad Alimentaria para establecer una base de conocimiento sobre la aplicación de esta nueva tecnología en los alimentos, también hay un reconocimiento de que los organismos genéticamente modificados (OGM) pueden aumentar la productividad agrícola o los valores nutricionales de los alimentos.
"Puede haber beneficios indirectos como la reducción del uso de químicos para la agricultura, la sustentabilidad de los cultivos y la seguridad alimentaria, particularmente en los países en desarrollo"; sin embargo, "los hallazgos contradictorios sobre dichos beneficios en ocasiones reflejan diferentes condiciones regionales o agrícolas", refiere.
Advierte que el uso de estos productos "puede significar riesgos potenciales para la salud y el desarrollo humano" y explica que esto es porque "muchos de los genes utilizados en los OGM, aunque no todos, no se encontraban anteriormente en la cadena alimentaria, y se teme que la introducción de genes nuevos cause cambios en la estructura genética actual de los cultivos". De ahí la necesidad de "asegurar una vigilancia a largo plazo para detectar precozmente cualquier posible efecto perjudicial".
Sobre este punto considera "probable" que los alimentos genéticamente modificados que están en el mercado, y que ya superaron evaluaciones de riesgos, no representen amenaza para la salud humana, pero no lo asegura.
Un organismo modificado genéticamente (OGM o transgénico) es aquel al que se le ha modificado su ADN. Con técnicas de ingeniería genética, se le introduce un gen, que es un trozo de ADN responsable de la síntesis de una proteína. El objetivo es que esa proteína confiera a la planta alguna propiedad: mayor resistencia a las plagas e infecciones, o que soporte una mayor cantidad de herbicidas. Así, mejora el rendimiento de los cultivos.
Por ejemplo, el maíz transgénico llamado Bt es resistente a las plagas gracias a que lleva integrado el gen que produce la toxina de la bacteria Bacillus thurgensis, venenosa para los insectos que atacan al maíz pero inocua para el hombre. La resistencia a los virus se logra mediante la introducción de un gen de ciertos virus. Para que resistan los herbicidas se introduce un gen de una bacteria.
Segun la OMS, "no se han demostrado riesgos para la salud humana en aquellos países en que están comercializados[los transgenicos]' y añade 'Los actualmente disponibles han pasado las evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgo para la salud humana' y que 'al haber muchos tipos posibles de OGM, no es posible hacer afirmaciones generales sobre la inocuidad de todos'.
El texto recuerda que el primer alimento de este tipo fue introducido en el mercado a mediados de la década de los 90 y paulatinamente han entrado diversas variedades de soya, maíz, colza, algodón, papaya, papa, arroz, calabaza, tomate y remolacha azucarera. Estos cultivos cubren actualmente alrededor de 4 por ciento de la tierra sembrada en el mundo.
En muchos países, refiere, las consideraciones sociales y éticas pueden causar resistencia a modificaciones que interfieran con los genes; "estos conflictos por lo general reflejan temas más profundos relacionados con la interacción de la sociedad humana y la naturaleza, temas que deben tomarse con seriedad".
Reconoce que hay regiones en las que los alimentos son "sin ninguna duda considerados parte de la identidad histórica y la vida social, el escepticismo hacia los alimentos genéticamente modificados no está necesariamente vinculado con el tradicionalismo ni con la falta de conocimiento sobre esta nueva tecnología. Las investigaciones sobre la percepción del público indican que el consumidor escéptico reconocerá argumentos tanto en favor como en contra de estos alimentos".
El estudio recomienda que en el futuro se "amplíe el alcance de las evaluaciones de OGM para incluir consideraciones de orden social, cultural y ético", con el propósito de que no se produzca lo que denomina una "brecha genética" entre los grupos de países que permiten el desarrollo, cultivo y comercialización de estos productos y los que no los aceptan.
Precisa que en 2004 el área de cultivos OGM desarrollados comercialmente en todo el planeta fue de 81 millones de hectáreas, cultivadas por 7 millones de agricultores en 18 países desarrollados y en desarrollo, y acota que son siete las naciones que cultivaron 99 por ciento del área mencionada.
El primer lugar lo ocupó Estados Unidos, con 47.6 millones de hectáreas, lo que representó 59 por ciento del total; le sigue Argentina con 16.2 millones de hectáreas, esto es 20 por ciento; luego Canadá con 5.4 millones de hectáreas, 6 por ciento y después Brasil con 5 millones de hectáreas (6 por ciento). En el cuarto lugar estuvo China con 3.7 millones de hectáreas, lo que representó 5 por ciento del total global; en quinto, Paraguay, con 1.2 millones de hectáreas, es decir 2 por ciento, y por último Sudáfrica, con 0.5 millones de hectáreas, que representaron uno por ciento, refiere la investigación.
Asimismo indica que de 1994 a 2004 la cantidad de hectáreas cultivadas con OGM ha crecido de manera constante. Así mientras en 1995 era menor a un millón de hectáreas, en 1997 ya eran casi 10 millones; en 1999, cerca de 40 millones; en 2001 casi 50 millones y en 2002 prácticamente 60 millones de hectáreas.
De igual forma destaca que durante los pasados nueve años la tolerancia a herbicidas fue la característica dominante para los cultivos de OGM comerciales, seguida por la resistencia a insectos.
Varios estudios recientes confirman el temor de que los alimentos transgénicos o genéticamente modificados (GM) dañan la salud humana. Estos estudios se conocieron cuando la Organización Mundial de Comercio (WTO, en inglés) sancionó a la Unión Europea (UE) por detener la importación de comida GM, decisión considerada una violación de las reglas del comercio internacional.
Investigaciones de la Academia de Ciencias de Rusia difundidas en diciembre de 2005 encontraron que más de la mitad de la descendencia de ratas alimentadas con soja GM murió en las primeras tres semanas de vida, tasa de mortalidad seis veces mayor que la de roedores nacidos de madres alimentadas con soja no modificada. La descendencia de estos ratones alimentados con soja GM también mostró una tasa de peso insuficiente seis veces mayor.
En noviembre de 2005 un instituto de investigación privado de Australia, CSIRO Plant Industry, paralizó un amplio desarrollo de cultivos de un guisante GM cuando éste fue encontrado causante de inmunorespuesta en ratones de laboratorio.
En el verano de 2005, un equipo de investigación italiano conducido por un biólogo celular de la Universidad de Urbino publicó la confirmación de que la absorción de soja GM en ratones causa el desarrollo de células vivas deformes, así como otras anomalías celulares.
En mayo de 2005, el diario The Independent del Reino Unido de Gran Bretaña publicó la revisión de un informe de Monsanto altamente confidencial y polémico sobre los resultados de pruebas con maíz modificado con Monsanto MON863.
Uno de los problemas existentes es que los informes referenciados por OMS estaban basados,quzias aun lo esten, principalmente en trabajos suministrados por las empresas interesadas en la producción y comercialización del producto y sus formulados, ademas de estar desactualizados ignorando la mayoría de los que demuestran la toxicidad real del glifosato.
Sobre los posibles riesgos la OMS explica los tres peligros potenciales que tienen estos alimentos. Que produzcan alergias, por eso se 'desalienta la transferencia de genes de alimentos' que producen alergias, a no ser que la proteína que crea el nuevo gen no sea alergénica. Además señala que en cada transgénico se ha evaluado que no produzca alergias. No se ha hecho así con todos 'los desarrollados de forma tradicional'.
Otro riesgo es la transferencia genética, o sea, que el gen introducido salte a las células de la persona o a las bacterias que hay en el tracto digestivo. La OMS ve riesgo si se transfirieran, por ejemplo, genes que confieren resistencia a antibióticos, 'aunque la probabilidad de la transferencia es baja'. La OMS y la FAO han incentivado que no se tranfieran genes que dan resistencia a antibióticos.
Tercera y mayor preocupación: que los genes se desplacen a cultivos convencionales o especies silvestres relacionadas o que se mezclen los cultivos tradicionales y los modificados genéticamente. 'El riesgo es real, como cuando aparecieron rastros de un tipo de maíz que sólo había sido aprobado para la alimentación animal en productos de maíz para consumo humano'. Ocurrió en EE UU. La OMS estudia cómo reducir la contaminación de los cultivos y asegura que evalúa la estabilidad y los efectos sobre el medio. También detalla la preocupación de que puedan introducir genes manipulados en el laboratorio en poblaciones silvestres, y que la proteína creada afecte no sólo a las plagas, sino a otros organismos, por ejemplo, a insectos.
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