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Cuentos para que pienses [Parte 3]

Amigos Taringueros, hoy les vengo a mostrar un post con historias, cuentos. Algunos son cortos y otros son un poco mas largos, pero todos te van a dejar pensando. Les aviso que no son cuentos religiosos, son de diferentes tematicas, pero igualmente valen la pena. Les pido por favor que tengan respeto, ya que cualquier comentario fuera de lugar va a ser eliminado, Gracias.


cuentos





historias

El cuento de la fresa



Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:
—¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
—No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda."

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena...




pensar



Encuentra lo que esta en ti

textos

Una historieta popular del Cercano Oriente cuenta que un joven llegó al borde de un oasis contiguo a un pueblo y acercándose a un anciano le preguntó:
—¿Qué clase de personas vive en este lugar?
—¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú vienes?, preguntó a su vez el anciano.
—Oh, un grupo de egoístas y malvados, replicó el joven, estoy encantado de haberme ido de allí. A lo cual el anciano contestó:
—Lo mismo vas a encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano, preguntó:
—¿Qué clase de personas vive en este lugar? El viejo respondió con la misma pregunta:
—¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú vienes?
—Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado.
—Lo mismo encontrarás aquí, respondió el anciano.

Un hombre que había oído ambas conversaciones preguntó al viejo:
—¿Cómo es posible dar dos respuestas diferentes a la misma pregunta? A lo cual el viejo respondió:
—Cada cual lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada nuevo en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquel que encontró amigos allá, podrá encontrar también amigos aquí, porque, a decir verdad, tu actitud mental es lo único en tu vida sobre lo cual puedes mantener control absoluto.


pensamientos


Globos

¿que haces leyendo los tags?

Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos días atrás, por lo tanto no era una persona conocida....
En pocos días la gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo.

Luego soltó un globo azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco...

Todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo...

El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención, un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano.

Finalmente decidió acercarse y le preguntó al vendedor: Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás?

El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro.



Cuentos para que pienses [Parte 3]


Los duendes y la felicidad

cuentos

Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: 'Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?'
Después de mucho pensar uno dijo; '¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar'.
Propuso el primero: 'Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo'.
A lo que inmediatamente repuso otro: 'No recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.'
Luego propuso otro: 'Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar'
Y otro contestó: 'No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará'.
Uno más dijo: 'Escondámosla en un planeta lejano a la tierra',
Y le dijeron: 'No recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad'.
El último de ellos era un duende que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás duendes. Analizó cada una de ellas y entonces dijo: 'Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren'.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: '¿Dónde?'.
El duende respondió: 'La esconderemos dentro de ellos mismos, así estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán'.
Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.



historias


Una hora

reflexion

El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho, lo ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios. El hijo le admiraba porque "tenía un buen puesto".

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama:

– Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?.
– Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, cien pesos. ¿Por qué?
– Quería saberlo.
– Bueno, duerme.

Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía 90 pesos. Y al regresar otro día, de noche, su padre, le volvió a llamar el niño:

– Papá, dame 10 pesos que me hacen falta para una cosa muy importante...
– ¿Muy importante, muy importante? Toma y duerme.
– No, papá, espera. Mira. Tengo 100 pesos. Tomalos. ¡Te compro una hora! Tengo ganas de estar contigo. De hablar contigo. A veces me siento muy solo. Y tengo envidia de otros chicos que hablan con su padre...



pensar

Los pavos no vuelan

textos

Cuentan que un paisano en Catamarca se encontró en el campo con un huevo muy grande.
Jamás había visto nada igual y decidió llevarlo a su casa.

-¿Será de avestruz? Preguntó su mujer.
-No, se ve demasiado abultado. Dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos? Propuso el ahijado.
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad. Dijo la abuela.
-Miren, ante la duda se lo voy a acercar a la pava que está empollando los huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo. Afirmó el paisano.

Cuenta la historia que a los 15 días nació un pavito oscuro, grande y nervioso
que con mucha avidez comió todo lo que encontró a su alrededor.
Luego miró a su madre con vivacidad y le dijo:
-¡Vamos a volar!

La pava se sorprendió de la salida de su crío y le respondió:
-Los pavos no vuelan y te va a hacer mal comer tanto y tan apurado.

Toda la familia trató de controlar la avidez del crío de modo que aprendiera a comer moderadamente pero cada vez que terminaba de hacerlo, les decía:
-¡Vamos, vamos a volar!

Ante cada propuesta, sus hermanos le repitieron una y otra vez que los pavos no vuelan
y que debía comer poco y tranquilo...
Por esa razón, a medida que pasaron los días, el pavito
fue hablando más de comer y menos de volar.

Así creció y murió. En la pavada general.

Pero no era un pavo, era un cóndor y había nacido para volar hasta los 7000 metros de altura...




pensamientos



El Rey caprichoso

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Hubo una vez en un lugar de la Arabia un rey sumamente rico y muy caprichoso en el comer. Los mejores cocineros de la región trabajaban para él, forzando cada día su imaginación para satisfacer sus exigencias.
Harto ya de tiernos faisanes y pescados raros, un día llamó a su cocinero jefe y le dijo:
-Ahmed, voy a pedirte que me busques algún manjar que no haya probado nunca, porque mi apetito va decayendo. Si quieres seguir a mi servicio, tendrás que ingeniarte cómo hacerlo.
-Si me ingenio y logro sorprenderos, ¿qué me daréis?
Aquel gran glotón, repuso:
-La mano de mi bellísima hija.
Al día siguiente, el propio Ahmed sirvió al rey en una bandeja de oro, el nuevo manjar. Parecían muslos de ave adornados con una artística guarnicíon.
Comió el rey y gritó entusiasmado:

-¡Bravo, Ahmed! Esto es lo más exquisito que he comido nunca. ¿Puedes decirme qué es?
-El loro viejo que conservabais en su jaula de plata, señor.
-Tunante! Me has engañado. ¡No te casarás con mi hija!
El Gran Visir intervino en el pleito. Y puesto que el rey había proclamado que el manjar era exquisito, sentenció a favor del cocinero, que fue dichosísimo con su hermosa princesa.




Cuentos para que pienses [Parte 3]

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