Bueno, esta historia que voy a contar ahora es un poco triste, sé que no tendría que reírme de este tipo de cosas, porque podrían pasarme a mí. Pero la situación en sí fue muy graciosa.
Días pasados, aprovechando mi estadía en Colón (Entre Ríos), fui a visitarlo al artesano que fabricó mi guitarra eléctrica. Es un hombre mayor, octogenario, y como era de esperarse, la conversación fue bastante prolongada, aunque a decir verdad no fue una conversación. Más bien podría definirlo como un monólogo del dueño de casa.
Empezamos hablando de sus creaciones. Me mostró la primera guitarra que hizo, y contó de que también supo fabricar bajos, charangos y que su próximo objetivo era fabricar un arpa. Luego se refirió a sus gustos musicales. Recordó a Yupanqui; y recordó además la atracción que le generaba el noroeste argentino a Atahualpa. Prosiguió entonces narrando acerca de sus viajes por Jujuy, Salta y Catamarca. Me contó que recientemente había ido con su señora en una excursión, y que pronto irían nuevamente a aquellos pagos, aunque esta vez estaban pensando en hacer el viaje los dos solos.
Habló de la inocencia de la gente que vive allá, en lo alto, en la quebrada. En esos pueblitos tan alejados de todo. Destacó las diferencias que notó con la vida de acá: Allá todavía se acostumbra a dejar la bicicleta en la calle, sin candado. No se ven rejas en ninguna casa. Otro mundo. Se refirió al asalto al banco Provincia a comienzos de año. Y a otros hechos de inseguridad recientes que habían salido en los diarios.
A esa altura me asombraba la lucidez de aquel hombre, ya anciano, a quien no veía desde hacía años, y que me sorprendió gratamente encontrarlo, no sólo vivo, sino también con tanta ubicación respecto del tiempo y lugar (Cosas que la gente grande a veces, lamentablemente, pierde).
El hombre siguió con su charla. Debo confesar que esperaba alguna pausa en su relato para decir: “bueno, ya es tarde, me encantaría seguir conversando, pero me esperan para cenar”. Pero no. No me dio oportunidad. Un tema enganchaba otro tema, y así fue como me habló de los cambios de las generaciones. Me contó que él había nacido en 1930. Algunos años después de su nacimiento llegaría la radio a Colón. Toda una revolución. Y un par de décadas más tarde, aparecería la televisión. Y en los últimos años, internet y la telefonía celular.
Habló también de las enfermedades. De esas que ya no existían (destacó especialmente la fiebre amarilla y la poliomielitis). De esas otras para las cuales se espera una cura (el sida). De los millones de dólares que se gastan en armas, y que bien podrían gastarse en mejorar la calidad de vida de las personas. Pero que a su humilde entender, era todo un negocio. Que la salud era un negocio. Negocio de los médicos, de las prepagas, de las farmacias.
Por dentro no podía creerlo. ¡Qué lucidez la de este hombre! ¡Ojalá yo pudiera llegar a su edad de esa forma! ¡Qué bien que anda de la cabeza! Recordé a mi abuela, que en paz descanse, que siempre que me veía me preguntaba cómo me llamaba, y era inevitable compararla con este buen artesano. Me acordaba también de la señora del geriátrico donde está mi tía abuela, que ni sabe para qué sirve una cuchara. Y de otra señora de Villaguay, mi ciudad, que en lo más profundo de su demencia senil compraba huevos a $50 la docena. Este tipo había encontrado algo. La fórmula para escaparle a eso.
Luego de contarme que su señora suele retarlo por no querer cobrar reparaciones de guitarra, hizo la esperada pausa y aproveché para despedirme. Fueron 40, 50 minutos de un monólogo donde abordó varios temas, del pasado y del presente. Y siempre bien ubicado. Le dejé saludos para su mujer, a quien no había visto en esa oportunidad, y me fui.
Cuando llego a la casa de mis tías, me siento a cenar con una de ellas. Entonces le conté de mis impresiones.
YO: Che, recién vengo de visitarlo al viejo Rodríguez. No te das una idea de lo lúcido que está!! Es impresionante lo bien que anda!!
TIA: ¿En serio?
YO: Sí, me dijo que recién vuelve de hacer un viaje al norte con la señora y que ahora están planeando volver a ir, pero ya no con una excursión, esta vez van solos por su cuenta.
TIA: ¿Con la señora? Si es viudo!!!
Abrí los ojos bien grandes.
YO: ¿Cómo que es viudo?
TIA: Sí, es viudo. La mujer falleció hace como dos años.
Tragué un poco de saliva, tomé un vaso de agua, y cambié de tema.
Días pasados, aprovechando mi estadía en Colón (Entre Ríos), fui a visitarlo al artesano que fabricó mi guitarra eléctrica. Es un hombre mayor, octogenario, y como era de esperarse, la conversación fue bastante prolongada, aunque a decir verdad no fue una conversación. Más bien podría definirlo como un monólogo del dueño de casa.
Empezamos hablando de sus creaciones. Me mostró la primera guitarra que hizo, y contó de que también supo fabricar bajos, charangos y que su próximo objetivo era fabricar un arpa. Luego se refirió a sus gustos musicales. Recordó a Yupanqui; y recordó además la atracción que le generaba el noroeste argentino a Atahualpa. Prosiguió entonces narrando acerca de sus viajes por Jujuy, Salta y Catamarca. Me contó que recientemente había ido con su señora en una excursión, y que pronto irían nuevamente a aquellos pagos, aunque esta vez estaban pensando en hacer el viaje los dos solos.
Habló de la inocencia de la gente que vive allá, en lo alto, en la quebrada. En esos pueblitos tan alejados de todo. Destacó las diferencias que notó con la vida de acá: Allá todavía se acostumbra a dejar la bicicleta en la calle, sin candado. No se ven rejas en ninguna casa. Otro mundo. Se refirió al asalto al banco Provincia a comienzos de año. Y a otros hechos de inseguridad recientes que habían salido en los diarios.
A esa altura me asombraba la lucidez de aquel hombre, ya anciano, a quien no veía desde hacía años, y que me sorprendió gratamente encontrarlo, no sólo vivo, sino también con tanta ubicación respecto del tiempo y lugar (Cosas que la gente grande a veces, lamentablemente, pierde).
El hombre siguió con su charla. Debo confesar que esperaba alguna pausa en su relato para decir: “bueno, ya es tarde, me encantaría seguir conversando, pero me esperan para cenar”. Pero no. No me dio oportunidad. Un tema enganchaba otro tema, y así fue como me habló de los cambios de las generaciones. Me contó que él había nacido en 1930. Algunos años después de su nacimiento llegaría la radio a Colón. Toda una revolución. Y un par de décadas más tarde, aparecería la televisión. Y en los últimos años, internet y la telefonía celular.
Habló también de las enfermedades. De esas que ya no existían (destacó especialmente la fiebre amarilla y la poliomielitis). De esas otras para las cuales se espera una cura (el sida). De los millones de dólares que se gastan en armas, y que bien podrían gastarse en mejorar la calidad de vida de las personas. Pero que a su humilde entender, era todo un negocio. Que la salud era un negocio. Negocio de los médicos, de las prepagas, de las farmacias.
Por dentro no podía creerlo. ¡Qué lucidez la de este hombre! ¡Ojalá yo pudiera llegar a su edad de esa forma! ¡Qué bien que anda de la cabeza! Recordé a mi abuela, que en paz descanse, que siempre que me veía me preguntaba cómo me llamaba, y era inevitable compararla con este buen artesano. Me acordaba también de la señora del geriátrico donde está mi tía abuela, que ni sabe para qué sirve una cuchara. Y de otra señora de Villaguay, mi ciudad, que en lo más profundo de su demencia senil compraba huevos a $50 la docena. Este tipo había encontrado algo. La fórmula para escaparle a eso.
Luego de contarme que su señora suele retarlo por no querer cobrar reparaciones de guitarra, hizo la esperada pausa y aproveché para despedirme. Fueron 40, 50 minutos de un monólogo donde abordó varios temas, del pasado y del presente. Y siempre bien ubicado. Le dejé saludos para su mujer, a quien no había visto en esa oportunidad, y me fui.
Cuando llego a la casa de mis tías, me siento a cenar con una de ellas. Entonces le conté de mis impresiones.
YO: Che, recién vengo de visitarlo al viejo Rodríguez. No te das una idea de lo lúcido que está!! Es impresionante lo bien que anda!!
TIA: ¿En serio?
YO: Sí, me dijo que recién vuelve de hacer un viaje al norte con la señora y que ahora están planeando volver a ir, pero ya no con una excursión, esta vez van solos por su cuenta.
TIA: ¿Con la señora? Si es viudo!!!
Abrí los ojos bien grandes.
YO: ¿Cómo que es viudo?
TIA: Sí, es viudo. La mujer falleció hace como dos años.
Tragué un poco de saliva, tomé un vaso de agua, y cambié de tema.