espero que les guste... criticas porfavor asi edito
He aquí la curiosa, vieja y bellísima divisa que campeaba en el blasón heráldico de la familia de San Martín. De estirpe de labradores y soldados, el padre del Libertador, don Juan de San Martín, era un militar español, oriundo de la provincia de Palencia, nacido en el pueblo de Cervatos de Cueza, en 1726, y enviado en 1765 a Buenos Aires para unirse al ejército de la metrópoli. Ocurría esto durante el reinado de Carlos III; la Colonia del Sacramento se hallaba, a la sazón, en poder de los portugueses; al Virrey Vértiz tocó la misión de rescatarla para España y don Juan de San Martín tomó parte activa y gloriosa en la empresa. Son, sin duda, estos méritos los que proporcionan rápidos ascensos al pundonoroso militar. En 1767 es promovido al grado de Oficial Mayor (hoy diríamos Comandante); en el año 1770 contrae matrimonio con dolía Gregoria Matorras del Ser, oriunda de Paredes de Navas, en Castillo la Vieja; en 1775 pasa a desempeñar el cargo de Gobernador del Departamento de Yapeyú (territorio de Misiones) en la orilla derecha del río Uruguay. Allí nace, de este matrimonio, José de San Martín, el futuro héroe de la Independencia americana. Es el quinto hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín.
En un hogar cristiano, en una comarca por entonces tranquila, en una naturaleza exuberante, con la desbordante magnificencia de las selvas tropicales, que cruza, en aquel lugar, la majestuosa corriente del Uruguay, transcurre la primera infancia de José de San Martín. Una infancia, si intensa en sensaciones, en profunda comunicación con el paisaje y la tierra en torno, en cambio extremadamente breve. Aprende las primeras letras en Buenos Aires; y cuando cuenta seis años de edad sus padres regresan a España, llevándolo con ellos. En su calidad de hidalgo, no tarda en ingresar en el Real Seminario de Nobles, de Madrid. Ha cumplido apenas once años (1789) cuando se incorpora como cadete en el regimiento de Murcia e inicia su carrera militar.
El mundo que ahora le rodea es muy distinto de aquel en que abriera los ojos y transcurrieran sus primeros años: otra vida, otras gentes, incluso otros acentos. Sus biógrafos más agudos y autorizados no dudan, sin embargo, de la semilla de americanismo que fructifica en el corazón de José de San Martín desde su más temprana edad. "El no había hecho sino nacer en el suelo de América - dice Vicuña Mackenna -, pero su organización moral, semejante a esas robustas semillas que no se desvirtúan bajo ningún clima, llevaba en sus entrarías el germen del más ardiente y exaltado americanismo".
PRIMERAS CAMPAÑAS
Es, sin embargo, José de San Martín, en esta primera juventud, un oficial del ejército español, y es al servicio de España como hace sus primeras armas y recibe su bautismo de fuego. Los tiempos son turbulentos y agitados, y no le faltan, ciertamente, al hombre arrojado ocasiones para hacer su aprendizaje del arte de la guerra y demostrar con hechos su concepto del honor. Sólo cuenta el cadete San Martín quince años cuando figura entre los defensores de Orán contra un ataque de los moros. Poco después se distinguirá en la heroica defensa de Colliure; tomará parte en la campaña contra Portugal, a título de ayudante de órdenes del General Solano, y, en 1797, formará parte de la dotación de la escuadra española en batalla con una potente fuerza naval inglesa. En el año 1804 San Martín es ascendido a Capitán y destinado a Cádiz. Allí fue, indudablemente, donde tuvo ocasión de conocer y tratar a un grupo de jóvenes americanos - especialmente a Bernardo O'Higgins -, cuyo contacto despertaría en él, con mayor fuerza, aquel recuerdo nunca extinguido de la lejana patria de su nacimiento; y esa chispa de amor por la cuna del otro lado de los mares; y esas ansias de independencia, que los tiempos parecen (no se olvide que nos hallamos al día siguiente de la Revolución francesa) tan propicios a avivar.
Más la hora es difícil, amenazadora también para la independencia española, y San Martín cumple el deber que le dicta esa hora de España. La invasión napoleónica es un hecho: no es difícil adivinar que el supuesto tránsito hacia Portugal de las tropas francesas constituye de hecho una ocupación en regla; la torpeza, las vacilaciones y disensiones de la familia real, de un lado, y la ambición del Corso, de otro, han sentado ya en el trono de España a un rey francés; tampoco hay que ser zahorí para augurar el levantamiento del pueblo, que no se hace esperar. En efecto, en 2 de Mayo de 1808, la gesta de los artilleros Daoíz y Velarde, en Madrid, es la señal del levantamiento de la nación entera contra el invasor. Esta será la primera guerra de independencia en que luche San Martín.
Y se lanza, desde un principio, a esta lucha contra el invasor con decidido ardor de soldado y patriota.
Es paradójica, sin duda, al parecer, la actitud de José de San Martín en este momento de su vida y de la Historia; contradictorio, en opinión de muchos, el doble impulso que le lleva, de una parte, a sostener activa correspondencia con quienes sueñan, al otro lado de los mares, con la libertad de las naciones americanas, ansiosas por emanciparse de la Madre España, y, por otra parte, a defender, con la espada en la mano, la independencia de esta misma España materna contra el invasor. Y, sin embargo, ¿no es una la generosidad, uno el impulso de libertad y de justicia patria que le mueve, tanto en el sueño de lo lejano como en el heroísmo de lo inmediato ? Difícil destino el del hombre honrado, sincero consigo mismo, que se encuentra, un día, frente a tal dilema, en la encrucijada de tal dualidad.
En los primeros días del levantamiento del pueblo contra los franceses, presencia José de San Martín uno de los más terribles episodios de la ira popular desencadenada, de la que está incluso a punto de ser víctima. Ya se ha dicho que San Martín es ayudante del General Solano, marqués del Socorro, a la sazón Gobernador de Cádiz. Por su desdicha, el marqués se hizo sospechoso de afrancesado y condenó el levantamiento; cuando las turbas quisieron asaltar el Gobierno Militar, San Martín se puso, como era su deber, al frente de la guardia, defendió la Comandancia y salvó, por el momento, la vida de su General. Poco después, sin embargo, los amotinados capturaban al General Solano en una casa contigua, donde se había refugiado, y no tardaron en arrastrar su ensangrentado cadáver por las calles de la ciudad, como trofeo de victoria. Por su parte, el Capitán Ayudante José de San Martín, a quien también buscaban los sublevados, pudo salvar su vida gracias al teniente Coronel don Juan de la Cruz Murgeon, que le ocultó y salvaguardó en tan peligrosas circunstancias.
Y, sin embargo, nadie, en esté terreno, menos sospechoso que el joven Capitán. No en uno, sino en cien encuentros contra el francés, le hallamos peleando como un león. A él se debe, principalmente, en 23 de Junio de 1808, la acción afortunada de Arjonilla, con la derrota de la tropa napoleónica. En la gloriosa batalla de Bailán pone a prueba su valentía y recibe una medalla de honor; en la de Albuera (1811) es promovido al grado de Teniente Coronel de Caballería, ascenso que se le otorga, por los méritos desplegados en la acción, sobre el mismo campo de batalla. Poco después, libre España de invasores, es destinado al regimiento de Dragones de Sagunto. Pero en este momento, la carrera del heroico militar español San Martín se quiebra como tal. No es una deserción: es un cambio de rumbo. O, mejor, una ciega obediencia al mandato del destino. "Su papel de soldado de la libertad española ha concluido - dice R. M. Quintana -; allá lejos le espera una misión histórica al servicio del país que le vio nacer."
SAN MARTÍN EN AMERICA
A fines de ese mismo año de 1811 José de San Martín está en Londres. Ha quedado tras de sí sus naves; se ha liberado de toda obligación con el ejército español y con España. Va a convertirse en caudillo de lejanas y jóvenes naciones, en Libertador de un continente; por el momento, sin embargo, es sólo un conspirador oscuro en una ciudad extranjera. En Londres entra en relación con los venezolanos Luis López Méndez y Andrés Bello, el mexicano Servando Teresa Mier, los argentinos Carlos Alvear y Matías Zapiola. Estos le acompañan en su regreso al país de su nacimiento: el 9 de Marzo de 1812 desembarcan juntos en la ciudad de Buenos Aires.
La Revolución americana reconoce inmediatamente a San Martín su grado de Teniente Coronel y le confía, para empezar, la misión de organizar un escuadrón de caballería, el de los que luego han de ser famosos granaderos a caballo, los que escribirán con sus hazañas la verdadera epopeya de la Independencia americana, el cuerpo que recorrerá triunfalmente toda América, desde el Plata al Chimborazo, el que dará más ilustres jefes al ejército argentino. Antes de que esto llegue, la, misión de San Martín se extiende ya a la formación de un verdadero ejército, organizado, disciplinado, armado. El primer verdadero ejército de la libertad americana es, indiscutiblemente, obra de San Martín, desde ese primer día. Lo que resulta tanto más maravilloso si se piensa que él era, en su propia patria, un recién llegado, un perfecto desconocido, sin parientes ni amigos. ¿Cuáles eran, entonces, sus credenciales para la espinosa y difícil misión que se le confiaba ? Sin duda, las de sus propias virtudes, las que le acompañaron toda la vida, como señala Ballesteros y Beretta.
"Era sobrio, metódico, paciente, sereno, lleno de calma y ecuanimidad - explica este insigne historiador -. La austeridad, la nobleza de intenciones, la pureza de los principios, el desinterés, la abnegación, y otras mil más pequeñas cualidades completan la figura eminente de este caudillo de la Revolución americana. Organizador por excelencia, no descuida los detalles, siquiera los más pequeños; minucioso y precavido, fraguaba los proyectos lentamente, preparaba los medios con tenacidad y sin desmayo, y preveía los efectos a larga fecha" (Historia de España - Salvat Editores).
Todas estas cualidades de San Martín se ponen de manifiesto por vez primera en el combate de San Lorenzo (3 de Febrero de 1813), trabado cerca del monasterio de este nombre, situado en la orilla izquierda del Paraná. En ese lugar de San Lorenzo reciben su bautismo de sangre y fuego los granaderos de San Martín. Es la primera victoria del hijo de América en tierra americana. Nombrado Coronel Mayor, en premio a ella, San Martín es destinado al mando del ejército del Alto Perú. Es una tarea titánica; el país es vastísimo; el ejército todavía pequeño e inconexo, aún no bien disciplinado; las comunicaciones difíciles, cuando no imposibles. Ante la evidencia de que la ruta del Alto Perú es impracticable, San Martín concibe la osada idea de atravesar la Cordillera de los Andes, libertar ci Chile e invadir el Perú por vía marítima. No se trata ya de emancipar a una sola nación, sino a todas sus hermanas; literalmente, a un mundo.
Es preciso adoptar tácticas nuevas, distintas y más vastas. San Martín escribe, por aquellos días, a un amigo suyo, Nicolás Rodríguez Peña: "La patria no hará camino por este lado del Norte, como no sea en una guerra puramente defensiva. Ya le he dicho a usted mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos para acabar con la anarquía que en todo el país reina. Aliando las fuerzas pasaremos por el mar a tomar Lima. Ese es el camino y no este que ahora se sigue, mi amigo. Convénzase usted de que, hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no acabará". (Tucumán, 12 de Abril de 1814).
Estas palabras habían de ser proféticas. Nada, sin embargo, parece darles base. La situación del país - de los países - es verdaderamente crítica. Nombrado Gobernador intendente de la provincia de Cuyo (agosto de 1814), se instala San Martín en Mendoza, donde empieza a reunir a los llaneros, al objeto de formar ese ejército autóctono de liberación con el que sueña. Mejora la administración civil de la provincia, se hace querer de cuantos le rodean; la gentes del llano, al conjuro de su influencia, aportan a la causa de la libertad hombres, ganados y tesoros. Mas ¿es posible que, ni aun con todo esto, llegue a realizarse esa loca empresa de cruzar los Andes? Los políticos de Buenos Aires se asustan o escandalizan ante la magnitud de la tarea. Pero cuando Alvear destituye a San Martín de su cargo de Gobernador, el Cabildo y su pueblo se niegan resueltamente a recibir al substituto y San Martín es confirmado en su cargo.
Hasta 1816 permanece en Mendoza, realizando una labor agotadora, minuciosa, indescriptible. En el campamento del Plumerillo, bajo la hábil dirección de fray Luis Beltrán, se funden cañones, fusiles, espadas. Los propietarios de la provincia de Cuyo ceden sus esclavos a San Martín para que vayan a engrosar el ejército expedicionario; los indios pehuenches prestan su colaboración al futuro libertador. En algunas regiones de Chile aparecen partidas insurgentes. En la tropa improvisada de San Martín, al lado del abogado marcha el pastor de ovejas.
EL PASO DE LOS ANDES
Esta abigarrada tropa alcanza, en Septiembre de 1816, los 2.000 hombres; a fines de año se ha duplicado. Tiene por estandarte el azul y el blanco de la Virgen del Carmen; al mando de San Martín, cuenta con aguerridos oficiales. ¿Para qué aguardar más? San Martín tiene, de nuevo, la intuición de su destino, la sensación de que la hora ha llegado al fin.
En el mes de Enero de 1817 se emprende la pasmosa aventura, y el ejército inicia su marcha para atravesar la cordillera. San Martín lo ha divido en tres cuerpos, que por diversas gargantas han de cruzar los Andes. Con precisión matemática se realizan las sabias combinaciones estratégicas que darán por resultado la liberación de Chile. ¿Qué importan los rigores de la temperatura invernal en aquellas profundísimas gargantas, qué la fatiga, la enfermedad ni el hambre? Las tres columnas avanzan, día y noche, hacia su osado objetivo; no faltan escaramuzas en la ruta, pero la táctica despegada por San Martín en el famoso "paso" será elogiada por todas las escuelas militares del mundo y su figura será siempre evocada.
El más grave tropiezo lo encuentran los expedicionarios a mediados de Febrero en la cuesta de Chacabuco. En el camino de Aconcagua cierran el paso al ejército de San Martín unos 2.000 realistas al mando del Brigadier Maroto. Mas San Martín conoce a tiempo la posición del enemigo y planea, con precisión certera, un ataque simultáneo de flanco y de frente. Entablado el combate el 12 de Febrero, los realistas se mantienen firmes, resistiendo con entereza los embates de las tropas libertadoras. El valor derrochado por uno y otro adversario prolonga la lucha, mas, finalmente, el citado ataque de flanco obliga a los realistas a ceder el campo.
Maroto retrocede hasta Santiago; los restos de su ejército capitulan en la hacienda de Chacabuco. Las tropas expedicionarias continúan su marcha victoriosa hacia la capital y, como final del parte que ponía feliz remate a tan señalada jornada, escribe San Martín las siguientes memorables palabras:
"Al ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras mas elevadas del Globo y dimos la libertad a Chile."
Llegado el ejército vencedor a la capital, el cabildo abierto de Santiago proclama Dictador Supremo del territorio al General San Martín. Pero él no acepta.
RENUNCIACIONES
Toda la existencia de José de San Martín es un constante tira y afloja entre el impulso y el renunciamiento. Donde el peligro, la dificultad, la necesidad le impulsan a avanzar, a vencer, el objetivo conseguido, la victoria alcanzada, el provecho próximo y la gloria al alcance de la mano le dejan frío, indiferente y le inclinan a renunciar olímpicamente. La renunciación parece el lujo supremo de este espíritu selecto, siempre tan rico en el dar como parco en el pedir. Por otra parte, su existencia se ciñe a la sencillez más absoluta y austera. He aquí cómo, punto por punto, la describe uno de sus biógrafos más notables.
"Se levanta de madrugada a trabajar hasta el mediodía - dice -; almuerza de pie y su ración consiste en puchero, postres caseros, dos copas de vino y una taza de café; fuma un cigarro negro, al que es muy aficionado; duerme una breve siesta bajo el corredor de su casa, sobre cuero crudo, porque es muy fresco; se levanta después para seguir trabajando hasta la noche, en que su cena es frugal. Durante la jornada conversa y escribe; revisa hombres y animales; inquiere armas, provisiones y utensilios en el campamento; sale, a veces, por el campo a conocer la tierra y las gentes. En la velada familiar juega una partida de ajedrez y a las diez de la noche se retira a dormir."
Este cuadro coincide muy bien con la conocida y bellísima semblanza trazada por José Martí, cuando dice:
"San Martín, grande y sereno, alto y de tez obscura; de soberanos, penetrantes ojos; de selvoso y negrísimo cabello; la nariz prominente y aguileña; los labios finos, llenos siempre de enérgicas y vívidas palabras; y en su levita azul con charreteras y pantalones de galón de oro, militar imperante, austero y culto, de tan visibles dotes, que con oírle hablar aparecía su superioridad considerable entre, sus contemporáneos, y tan tierno y profundo en sus afectos, que, de ver tan grande hombre, se consolaban los demás de serlo." Y, sobre todo, cuando añade: "Triunfó sin obstáculo, por el imperio de lo real aquel hombre que se hacía el desayuno por sus propias manos, se sentaba al lado del trabajador, veía porque herrasen la mula con piedad, daba audiencia a las muchas gentes que a verle venían en la cocina - entre puchero y el cigarro negro -, dormía al aire, en un cuero tendido."
Uno de sus renunciamientos lo detalla Carlos R. Centurión:
"En 1812, como jefe del Regimiento de Granaderos a caballo, renunció a la mitad de su escaso emolumento a favor del Estado. Es el principio de una cadena de honor que hoy es orgullo del ejército argentino. En los comienzos de 1815, el Directorio lo designó General de brigada, en despacho firmado por Alvear. El agraciado declinó el ascenso, expresando en una carta famosa: jamás aceptaré nuevos ascensos. Vencida España, haré dejación de mi empleo para retirarme a pasar mis enfermos días en la soledad".
"En 1816 - continúa la enumeración - renunció a la mitad de su sueldo como Gobernador de Mendoza. En la misma época se negó a aceptar la donación de doscientas cincuenta cuadras que el Cabildo de aquella ciudad hiciera a su hija Mercedes, sugiriendo que se reservasen dichos terrenos para premiar a los oficiales del Ejército de los Andes que se distinguiesen al servicio de la patria."."En 1817, después de Chacabuco, San Martín fue elegido para ejercer el gobierno de Chile. Fiel a su norma, declinó el honor. Fue electo, en consecuencia, el General Bernardo O'Higgins como director de su patria."
"En días posteriores a aquella victoria, el Libertador resolvió emprender un viaje a Buenos Aires. El Cabildo de Santiago, al ser informado, votó la suma de diez mil pesos para obsequiarle como viático. El premiado rehusó el obsequio y "destinó el dinero para la creación de una biblioteca pública que perpetúa la memoria de la Municipalidad". "La ilustración y el fomento de las letras - dijo entonces - es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos." "El Gobierno de Buenos Aires, con motivo de recibir el parte y los trofeos de Chacabuco, comunicó a San Martín su ascenso a Brigadier General. El héroe declinó nuevamente el honor. El Cabildo de Santiago, atento a que el Libertador había rechazado la suma a que ya hicimos referencia, insistió en su propósito y le donó una chacra en la vecindad aledaña de aquella ciudad. Y esta vez aceptó el obsequio, más para que se destinase una parte de sus productos al hospital de mujeres y otra a costear un vacunador para combatir la viruela. Por dos veces, además, hizo renuncia al cargo de comandante en jefe del Ejército de los Andes, antes de la campaña del Perú, y, conquistarla la independencia de este país, en Agosto de 1821 prometió hacer lugar al gobierno que los pueblos del Perú tuviesen a bien elegir, cuya forma y modo determinarán los representantes de la nación peruana, promesa que cumplió un año después."
Después de Chacabuco, no es, pues, San Martín quien queda al frente de los destinos de Chile, sino su amigo y compañero de armas, el chileno O'Higgins. El será quien firme el Acta de declaración de la Independencia chilena (2 de Febrero de 1818) y la lea solemnemente ante las tropas. Pero la resistencia del ejército realista es, en Chile, más obstinada que en parte alguna. Y el anhelo de libertad de los "Independientes" no se detiene ante ninguna posible frontera: les es preciso ir siempre más allá, más allá. La misión de San Martín no ha terminado con el paso de los Andes: ahora es nombrado Generalísimo del que se denomina "Ejército Unido de los Andes y de Chile", y, aunque se encuentre enfermo y algo cansado, su estrella no le permite reposar.
El 19 de Marzo de 1818, hallándose acampados los "soldados de la libertad" en la llanura de Cancha Rayada, caen sobre ellos, de noche y por sorpresa, cuatro mil realistas al mando del intrépido Ordóñez. La derrota es inevitable y el descalabro de las tropas de América muy serio. O'Higgins queda herido y San Martín realiza esfuerzos sobrehumanos para reunir a los dispersos y continuar adelante. Aún no está todo perdido; aún puede reorganizarse el "Ejército Unido" con unos cinco mil valientes. La única consigna posible es avanzar siempre, avanzar.
DE LA BATALLA DE MAIPÚ A LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL
"El sol que comienza a asomar en la cordillera va a ser testigo de nuestra victoria."
Son palabras de San Martín, al romper el alba del día 5 de Abril de 1818, en la árida y desierta llanura de Maipú.
En ese lugar y en ese día se juegan, en efecto, los destinos del movimiento liberador. Se ha considerado, no sólo histórica, sino también científicamente, ésta de Maipú la primera gran batalla americana. "Por las marchas estratégicas que la precedieron - ha dicho un ilustre técnico en la materia -, como por las hábiles maniobras tácticas sobre el campo de batalla, así como por la acertada combinación y empleo oportuno de las armas, es militarmente un modelo notable." De una y de otra parte, así por los realistas españoles al mando de Ordóñez y de Morla, como por los soldados de la Independencia conducidos por San Martín y por O'Higgins, se derrocharon en los llanos de Maipú ardimiento y heroísmo. El ocaso vio, en efecto, la victoria del "Ejército Unido", que afianzaba así la independencia de Chile. Consecuencia inmediata de la batalla de Maipú sería la de Boyacá; más tarde sólo podrá, en trascendencia, equiparársele la de Ayacucho, que dará fin a la emancipación de la América que un día fue española.
La independencia de Chile, sin embargo, no basta. América es una, esta América que se cree mayor de edad y ansía emanciparse. Hay que llevar el aliento de la independencia, la buena nueva de la libertad, siempre más allá, más allá. "Hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no acabará" - había dicho San Martín-. Es preciso, indispensable, pues, pasar al Perú. La empresa es larga, penosa, y está erizada de peligros y dificultades. Se necesita, para acometerla, nada menos que una escuadra, y los expedicionarios apenas si cuentan con una fragata mercante inglesa, adquirida con esfuerzo merced al tesoro naciente, y un bergantín español apresado a los hispanos en Valparaíso.
En este mismo puerto, sin embargo, llega a embarcar un día el ejército de San Martín (20 de Agosto de 1820) rumbo a las costas del Perú. Desembarcado en las playas de Pisco, una división se interna por las sierras, levanta a las poblaciones, que en su mayoría van uniéndose a la causa de la independencia americana, y, al mismo tiempo que el cuartel General se instala en Huaura, un hábil trabajo de zapa por parte de los invasores va minando incluso las propias filas realistas. ¿A qué seguir? Lima, la Ciudad de los Reyes, está seriamente amenazada un año después; las insurrecciones de los limeños contra el Virrey se suceden un día y otro día; en el verano de 1821 se inician, por parte de España, negociaciones para pacificar el Perú, y en la hacienda de Punchauca se entrevistan San Martín, el caudillo argentino, y La Serna, el Virrey español.
San Martín abraza al Virrey, su contrincante, con estas nobles palabras: "Mis deseos están cumplidos, General, pues uno y otro podemos hacer la felicidad de este pueblo." En apoyo de estas palabras, mientras se cumplía como condición indispensable la independencia del Perú, unida a la de sus hermanas de América, San Martín no regatea soluciones. Propone, entre otras, y en honor de La Serna y de España, la formación de una regencia de tres miembros presidida por el virrey y el envío a España de dos representantes que gestionarán el establecimiento de una monarquía constitucional en el Perú. Pero el tiempo se pierde en inacabables dilaciones, la aceptación no llega, y los contendientes toman de nuevo las armas. El Virrey se ve obligado ci abandonar Lima el 6 de Junio de 1827, confiando a la hidalguía de San Martín más de mil enfermos que quedaban en la capital.
GUAYAQUIL
Es en este momento de su historia y de la Historia cuando el destino de San Martín se cruza con el de Bolívar.
Bolívar entró en la ciudad de Guayaquil el 11 de Julio de 1822. La victoria de Pichincha, lograda por sus huestes, le abría las puertas de la ciudad; el Cabildo y la Asamblea, por libertador le reconocen y proclaman. Pocos días después, el 25 de Julio, arriba San Martín al puerto de Guayaquil en la fragata Macedonia. No sólo su aportación a la causa de la independencia americana ha sido portentosa, sino que sus contingentes de soldados han engrosado, con frecuencia, las fuerzas de Bolívar, y algunos jefes ilustres que operan en Venezuela y Colombia (así el Coronel Lavalle, el General Santa Cruz y otros) proceden de las filas de San Martín. Mas la política, los partidismos e intrigas envenenan el ambiente, y el país fluctúa entre sanmartinistas y bolivaristas.
He aquí algo de lo que jamás se haría responsable José de San Martín. Es algo en lo que todos los historiadores y biógrafos están de perfecto acuerdo. El mismo, muchos años después, en 1848, y en carta al General Ramón Castilla, presidente del Perú, así decía, como en un testamento autobiográfico: "En el período de diez años de mi carrera pública, en diferentes mandos y Estados, la política que me propuse seguir fue invariable sólo en dos puntos, a saber: Primero, de no mezclarme en absoluto en los partidos que alternativamente dominaron en aquella época en Buenos Aires, a lo que contribuyó mi ausencia en aquella capital por el espacio de nueve años. El segundo punto fue el de mirar cc todos los Estados americanos, en que las fuerzas de mi mando penetraron, como Estados hermanos, interesados todos en un santo y mismo fin. Consecuencia de este justísimo principio, mi primer paso era hacer declarar su independencia y crearle una fuerza militar propia que la asegurarse." (José Pacífico Otero: "La ideología de San Martín", 1934).
Al embarcar en Valparaíso para libertar al Perú, proclamaba: "El General San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia Sudamericana."
No derramar la sangre de sus compatriotas. He aquí algo que importa puntualizar en la famosa entrevista con el gran Bolívar. En ella, desde luego, Bolívar le ha recibido cordialmente, pero no ha dejado de apresurarse a señalar que Guayaquil se halla en suelo de Colombia. Bolívar es ambicioso; San Martín no lo es. Bolívar quiere ser único y absoluto; San Martín lo quiere todo para América y nada para sí. No hay que decir que la suerte está echada.
La entrevista duró, sin embargo, más de dos horas y media. ¿Qué ocurrió en ella? Todos los historiadores de América han tratado largamente de este hecho; he aquí cómo se refiere a él Sarmiento, que se lo oyó contar al propio caudillo argentino:
"San Martín creyó haber encontrado la solución de sus dificultades - dice - y como si contestase al pensamiento íntimo del Libertador, le dijo "Pues bien, General; yo combatiré bajo vuestras órdenes. No hay rivales para mí cuando se trata de la independencia americana. Estad seguro, General, venid al Perú; contad con mi sincera cooperación; seré vuestro segundo."
"Mas Bolívar - añade un comentarista - pareció vacilar un momento, y, en seguida, como si su pensamiento hubiera sido traicionado, se encerró en el círculo de imposibilidades constitucionales que levantaba en tomo de su persona, y se excusó de no poder aceptar tan generoso ofrecimiento. La hora mala, la hora obscura, la hora aciaga de San Martín había sonado. No seria el, ciertamente, menos grande en la sombra de lo que había sido a la radiante luz."
"Bolívar y yo no cabemos en el Perú - escribe él mismo a un amigo íntimo-. He comprendido su disgusto por la gloria que pudiera caberme en la terminación de la campaña. El no excusaría medios para entrar en el Perú, y tal vez no pudiese yo evitar un conflicto. Que entre, pues, Bolívar en el Perú; y si asegura lo que hemos ganado, me dará por muy satisfecho, porque, de cualquier modo, triunfará América."
LA SENDA OSCURA
La estrella de San Martín, al parecer, ha declinado. El 20 de Septiembre de 1822 rinde su mando ante el Congreso Constituyente Peruano. Atraviesa Chile en la mayor penuria y seriamente enfermo. Pasa a Mendoza, donde reside unos meses y donde recibe las más tristes noticias de toda su existencia. Su amigo O'Higgins ha sido arrojado de Chile; Bolívar se ha constituido Dictador: en el Perú, desgarrado por la guerra civil; en Buenos Aires se le llama cobarde, y su joven esposa, doña Remedios de Escalada de San Martín, acaba de morir (Agosto de 1823). Sin vacilar ni un día, San Martín va a buscar a su hija y con ella embarca rumbo a Europa.
No puede volver a España; pasa a Bélgica y luego a Francia. Su salud es precaria; su situación económica, todavía más. Un hombre sin patria; un soldado de fortuna. sin contrata. (No obstante, jamás en todo el transcurso de su existencia fue tan grande como en esos años de su oscuridad y su dolor.) Todavía, sin embargo, encuentra en su soledad un verdadero amigo: don Alejandro Aguado, marqués de las Marismas (1785-1842), militar, industrial y banquero, que en su primera juventud fue compañero de San Martín en las campañas contra las tropas de Napoleón. Aguado se muestra generoso con su amigo y le regala una quinta en la aldea de Grand-Bourg, a orillas del Sena. Transcurren allí, en la oscuridad, los últimos años de su vida. Es una total noche obscura. Su muerte, también obscura y recatada, no ocurre allí sin embargo, sino en Boulogne-Sur Mer, el día 17 de Agosto del año 1850.
Por el momento su muerte pasa inadvertida. Poco a poco, no obstante, la luz empieza a hacerse en tomo a la memoria del hombre de los Andes y de Maipú, del caudillo de la independencia americana. Su patria le hace justicia y su bibliografía crece sin cesar, formando verdaderas montañas de papel manuscrito o impreso, en que se estudian, no sólo sus hechos, sino también las cualidades de su carácter. He aquí cómo le ve el gran historiador americano Bartolomé Mitre en su obra titulada Historia de la Independencia Sudamericana:
"El carácter de San Martín - dice - es uno de aquellos que se imponen a la Historia. Su acción se prolonga en el tiempo y su influencia se transmite a la posteridad como hombre de acción consecuente. El germen de una idea por él incubada se deposita en su alma y es el campeón de esa idea. Como General de la hegemonía argentina primero, y de la chileno-argentina después, es el heraldo de los principios fundamentales que han dado su constitución internacional a América, cohesión a sus partes componentes y equilibrio a sus Estados independientes. Fiel a la máxima que reguló su vida, fue lo que debía ser, y, antes que ser lo que no debía, prefirió no ser nada. Por eso vivió en la inmortalidad."
Nosotros preferimos, sin embargo, a cuantas páginas se hayan escrito sobre el Libertador argentino, esa tan breve y tan sencilla en que el poeta Martí resume de este modo toda su existencia:
"Un día, cuando saltaban las piedras en España al paso de los franceses, Napoleón clavó los ojos en un oficial, seco y tostado, que vestía uniforme blanco y azul; se fue sobre él, y le leyó en el botón de la casaca el nombre del cuerpo: "¡Murcia!" Era el niño pobre de la aldea jesuita de Yapeyú, criado al aire entre indios y mestizos, que después de veintidós años de guerra española empuñó en Buenos Aires la insurrección desmigajada, trabó por juramento a los criollos arremetedores, aventó en San Lorenzo la escuadrilla real, montó en Cuyo el ejército libertador, pasó los Andes para amanecer en Chacabuco; de Chile, libre a su espada, fue a Maipú a redimir el Perú; se alzó protector en Lima, con uniformes de palmas de oro; salió, vencido por sí mismo, al paso de Bolívar avasallador; retrocedió; abdicó; cedió a Simón Bolívar toda su gloria; pasó solo por Buenos Aires; se fue a Europa, triste; murió en Francia, con su hija Mercedes de la mano, en una casita llena de flores y de luz. Escribió su testamento en una cuartilla de papel, como si fuera el parte de una batalla; le habían regalado el estandarte que el conquistador Pizarro trajera a América hace cuatro siglos, y él le regaló el estandarte, en su testamento, al Perú."
LOGIA LAUTARO
San Martín, Alvear y Zapiola, iniciados en las logias gaditanas, formaron en Buenos Aires el triángulo básico de la Logia Lautaro en 1813, entidad eminentemente política de formas masónicas que en muy breve lapso incorporaría en su seno a los elementos vinculados a la logia de Julián Alvarez y, seguramente por ese conducto, a Bernardo Monteagudo y los dirigentes de la Sociedad Patriótica. A la inversa de lo que se había hecho hasta entonces, la Logia Lautaro comenzó a actuar sin estridencias, sin amenazas, sin reuniones públicas, sin periódicos voceros. Pero trabajaba con severa disciplina y plena conciencia de lo que se proponía hacer. Los cofrades del triángulo primigenio no habían regresado al suelo natal sólo con espíritu de lucha, sino con planes bien amasados para llevar adelante la obra independentista en todo el continente sudamericano. Si Alvear no supo mantener la línea trazada, y muy pronto quedó enredado en intereses partidistas locales gratos a sus devaneos dictatoriales, San Martín fue siempre consecuente con los propósitos que animaron su decisión de obtener la independencia y la unidad política de la América del Sur, y él asumió la responsabilidad del comando supremo de la entidad.
El autoritario Triunvirato, convencido de que contaba con la fuerza para imponer arbitrariamente sus decisiones sobre la opinión Pública, era un obstáculo insalvable para la Logia, y debía ser derrocado. Chiclana y Nicolás Herrera entraron en vinculaciones con los lautarinos, pero ello no facilitó la ingerencia de la entidad en lo político, pues Rivadavia no estaba dispuesto a compartir ideas. La Logia, que habla logrado la adhesión de los jefes militares por el prestigio de San Martín y de Alvear, apoyó firmemente a la Sociedad Patriótica y contribuyó con eficacia a la caída del primer Triunvirato con la revolución del 8 de Octubre de 1812. En muy pocos meses, la Logia obtuvo su primer objetivo, adquiriendo el poder político que necesitaba para llevar adelante sus proyectos de independencia continental ya enunciados en el Plan Revolucionario de Operaciones.
Esa idea de unidad sudamericana era algo más que un mero deseo. Era un propósito formal, un compromiso contraído por los americanos vinculados a las logias gaditanas. Sobre el particular, es muy elocuente el Manifiesto que a su hora publicó Vicente Rocafuerte: “Todos los americanos – decía- nos tratábamos con la mayor fraternidad, todos éramos amigos, paisanos y aliados en la causa común de la independencia, no existían esas diferencias de peruano, chileno, boliviano, ecuatoriano, granadino, etc., que tanto han contribuido a debilitar la fuerza de nuestras mutuas simpatías”. En esa misma línea estaba la Logia Lautaro, y es imprescindible comprender ese punto de partida si se quiere entender la acción de San Martín en el Río de la Plata, Chile y Perú, como también sus relaciones con Simón Bolívar, empeñado en idéntica causa.
A través de un manuscrito de O'Higgins (que se encuentra a continuación) se ha logrado conocer la Constitución Matriz de la Logia Lautaro. De ella se desprende una severidad de conducta y un espíritu de subordinación de los lautarinos a las disposiciones de la Logia, que aseguraba la eficacia operativo de la entidad, El articulo 15º es bien claro: las determinaciones tenían que ser sostenidas “a riesgo de la vida”. Eso era algo más que una expresión retórica. Era un compromiso categórico adquirido bajo solemne juramento. Por eso mismo la segunda ley penal consideraba “reo de muerte” al infidente.
El apoyo mutuo y la acción conjunta apuntaba a obtener todos los resortes del poder, con el objeto de lograr el fin supremo que se habían propuesto, es decir, la independencia continental. En ninguna parte se dice, ni se insinúa siquiera, cuál sería el régimen de gobierno que habría de auspiciarse. Así, quedan desvirtuadas las divertidas suposiciones de que los lautarinos debían apoyar necesariamente el sistema republicano.
La Logia Lautaro entendía que, ante todo, debla triunfar la revolución en el plano militar, eliminando la resistencia de los sarracenos. La política debla estar al servicio de ese objetivo básico, y por eso mismo la Logia debla manejar todos los resortes del poder. Después, cuando la paz interior lo permitiera, se discutirían las formas institucionales más convenientes conforme al pronunciamiento popular.
Entretanto, los lautarinos debían esforzarse en averiguar la opinión pública, exigir el respeto a los derechos esenciales del pueblo soberano, y evitar los abusos tiránicos de la autoridad administrativa. Pero tampoco hay que exagerar la nota sobre el particular. Herederos del racionalisimo dieciochesco, los dirigentes de la Logia morigeraron el populismo jacobino de muchos de sus cofrades, e impusieron una especie de eclecticismo político, inspirado en Montesquieu, según el cual el ideal de libertad se halla condicionado por las circunstancias naturales e históricas, y es preciso obrar de acuerdo con las posibilidades efectivas que ese acondicionamiento ofrece en el lugar y en el momento de la acción. En ese sentido retornaban en parte la línea de Moreno, quien exigía el respeto a la voluntad del pueblo mientras esa voluntad, por inexperta o por inmadura, no se opusiera a los fines últimos perseguidos por la Revolución.
El ejército debía ser garantía de esa conducta, y así lo asentaron los jefes militares, todos lautarinos, en el Cabildo abierto del 8 de Octubre, cuando afirmaron que la presencia castrense en la plaza tenía por objeto “proteger la voluntad del pueblo”, y asegurar que éste “pudiese explicar libremente sus votos y sentimientos, dándole a conocer de este modo que no siempre están las tropas, como regularmente se piensa, para sostener los gobiernos y autorizar la tiranía”.
Como toda empresa humana, la Logia Lautaro cometió errores y tuvo significativos aciertos. Pero no cabe duda de que la acción decidida de los lautarinos logró vencer las resistencias de los indecisos y los pusilánimes, y superando las rencillas políticas internas impuso la declaración de independencia, punto de partida indispensable para cualquier régimen institucional.
BATALLAS
SAN LORENZO3 DE FEBRERO DE 1813
El Combate, la Gloria
Las primeras luces del alba de aquel 3 de febrero de 1813 encontraron a San Martín dispuesto a dar escarmiento ejemplar a los españoles que- habiendo desembarcado- trepaban con tranquilidad las barrancas hacia la planicie que los llevaría al convento, sin imaginarse siquiera la sorpresa que les esperaba.
“ Que nadie dispare un tiro: carrera, sable y lanza; fuerte el golpe sobre las cabezas, fuerza para abrir enemigos de arriba abajo, duro el hachazo contra cualquier forma humana que no vista nuestro uniforme, y sable arriba, al medio y a los costados.”
Y al toque de “ a degüello” las dos gruesas columnas de caballería de ciento veinte hombres bien uniformados, de sable en mano, irrumpieron en la planicie de San Lorenzo, causando el estupor y el desconcierto entre las fuerzas recién desembarcadas.
Al respecto y refiriéndose a la columna comandada por San Martín, que es la que debe golpear primero, refiere don Agustín Pérez Pardella, en “El Libertador Cabalga”:
“... sesenta lanzas acostadas sobre su línea horizontal de muerte desflecaban por primera vez en un campo de batalla los colores de la patria”.
( Recordemos que en este Combate los Granaderos no tenían aún banderas sino banderines en las puntas de las lanzas.)
“ San Martín encabezaba un cuarto de cuadra de animales, hombres y sables que avanzaban rompiendo la tierra con un solo golpe de manos, con un solo golpe de patas de caballos que corrían como si hubieran sido preparados para ese día, sólo para ese momento y únicamente para esa acción; y el caballo y jinete, convertidos en un solo corazón bombeando coraje, estrenaban en el Sur del continente un nuevo y magnífico umbral de la independencia americana.”
La hora había llegado y el párroco Julián Navarro, el mismo que acompañara al General Belgrano y su Ejército durante su permanencia en la Villa del Rosario, encomendó al Señor el alma de los que allí se iban a enfrentar.
Según el citado autor- y siempre sobre el relato presencial de Robertson, el Combate que cambiaría el destino de Sudamérica se desarrolló de esta manera:
- “San Martín deja los muros del convento y arranca por izquierda a la cabeza de sesenta granaderos.
- El capitán Bermúdez parte por la derecha, al mando de sesenta hombres con orden de golpear sobre uno de los flancos de la columna realista e impedir la retirada.
- La columna de San Martín recibe la primera carga de fusilería y caen- heridos de muerte- los primeros granaderos de San Martín.
- Zabala advierte que también será atacado por el flanco izquierdo.
- Zabala ordena una segunda descarga sobre la columna de la derecha. Una bala hace impacto en el caballo de San Martín. El animal se para de manos con la cabeza torcida buscando el vacío.
- Bermúdez se ha desviado demasiado en su ataque por la izquierda. Tuerce más a la derecha. Aunque se ha demorado, su fuerza y decisión desconciertan a los realistas.
- El caballo de San Martín cae muerto y aplasta con su cuerpo la pierna derecha de nuestro héroe. Zabala repara en el uniforme del oficial caído. Reconoce su rango y decide ultimarlo.
- San Martín ha quedado como muerto con la pierna derecha debajo del cadáver del caballo. Parece inconsciente por el golpe que ha recibido al chocar contra el suelo.
- Bermúdez rompe el orden de la columna española pero no consigue envolverla.
- Los realistas tratan desesperadamente de formar cuadro
- Un soldado enemigo advierte que San Martín se mueve y está tratando de zafarse del caballo.
- Zabala ordena matar al caído y él mismo trata de aproximársele.
- Un soldado realista descarga un golpe sobre San Martín, quien alcanza a voltear rápidamente la cabeza. No obstante, el arma enemiga le ha cortado la cara y la cicatriz le quedaría para siempre en su mejilla izquierda.
- Varios granaderos se abalanzan para auxiliar a su jefe caído.
- El oficial Hipólito Bouchard provoca pánico y asombro cuando trepa con su caballo por encima de los soldados enemigos, le arrebata la enseña al abanderado español y le da muerte.
- Varios españoles siguen avanzando hacia San Martín.
- Un realista endereza su bayoneta contra la espalda del jefe criollo.
- El granadero Juan Bautista Baigorria se adelanta y hunde su lanza en el cuerpo del español.
- Otro heroico granadero, Juan Bautista Cabral, se arroja del caballo al ver a su jefe en tan difícil situación.
- Cabral, con los brazos libres, alcanza a su jefe.
- Se generaliza una lucha cuerpo a cuerpo.
- Un balazo detiene la carrera de Cabral; el granadero acusa el impacto, se ladea como para caer, lentamente vuelve a recuperar la vertical y reanuda la carrera hacia su jefe. Fluye la sangre, mas el joven correntino sólo desea llegar hasta San Martín para cubrirle la espalda.
- El Párroco Navarro asiste, de rodillas, a españoles y granaderos moribundos. Algunos tienen espantosas mutilaciones en la cabeza y en la cara.
- Bermúdez inicia una segunda carga para evitar la fuga de los españoles.
- Cabral ha tomado a San Martín de las axilas y- a pesar de la pérdida de sangre- parece mantener las fuerzas intactas pues consigue hacer zafar la pierna de su jefe.
- Los españoles descargan sus últimos tiros, intentando cubrir su retirada.
- Muy cerca, un realista grita “¡Viva el rey!” al tiempo que termina de atravesar por la espalda al granadero Cabral.
- Cabral cae sobre el cuerpo de San Martín murmurando un “¡Viva la Patria!” que comienza a caérsele lentamente de la boca como un vómito de sangre.
- Sobre el español que ha herido mortalmente a Cabral caen sables y se hunden lanzas; el hombre, irreconocible, cae cerca del caballo muerto.
- Desde la nave capitana un oficial de marina dirige el fuego de los cañones para cubrir la retirada de los realistas.
- Bermúdez corre al galope tendido para detener a los realistas. Siente que se le duermen la pierna y el muslo, se mira la pierna y comprueba que le han arrancado la rótula.
- El joven teniente Manuel Díaz Vélez continúa la carga de su jefe herido, con tal furia y deseo de venganza que le es imposible detener su caballo antes de llegar a la barranca y ambos caen, desde allí, sobre los realistas que no pueden creer lo que están viendo.
- Dos bayonetas atraviesan al atrevido oficial rioplatense.
- Zabala ordena reembarcar. Está herido y derrotado pero no ha perdido su fiereza.
- San Martín ordena recoger y curar a los heridos de ambos bandos indistintamente. Está herido en la cara, con la pierna llena de magullones y un brazo inmovilizado. Es el vencedor. La sangre del cuello de su uniforme es suya; los grandes manchones de los hombros y de la espalda le pertenecen al granadero Cabral.
- Un realista cree que debe terminar con la vida de Díaz Vélez y le abre la frente de un culatazo. No obstante, el joven sigue respirando.
- San Martín se quita la chaqueta manchada con su sangre y la de Cabral y, a la sombra de un pino, por no poder mover su brazo, dicta al teniente Mariano Necochea el parte del Combate.
- Ha habido veintiséis bajas: seis muertos y los demás, heridos.
- Desde el pino del convento que lo defiende del fortísimo sol del mediodía, San Martín puede ver el botín de guerra: cuarenta y un fusiles en muy buen estado; fusiles rotos o inutilizados; un cañón; ciento noventa y dos piedras de chispa; ocho espadas; ocho bayoneta y ocho pistolas.
- El parte del combate ha sido redactado y su escribiente, el teniente Necochea, tendrá el honor y la responsabilidad de llevarlo a Buenos Aires al galope tendido.
Para San Martín, San Lorenzo ya era de esos queridos muertos que jamás olvidaría y pensaba que- gracias a ellos- la independencia podía comenzar a ensayar su primera sonrisa.”
San Lorenzo: el día después.
Ese 3 de febrero de 1813, los fuerzas realistas tuvieron cuarenta muertos, catorce prisioneros, doce de ellos heridos de gravedad, sin incluir los que se llevaron consigo y los que cayeron por la barranca. San Martín ofreció canjear todos los prisioneros por el moribundo Díaz Vélez que falleció, tiempo después, en Buenos Aires.
Cuenta la crónica que, al otro día del Combate, los españoles, faltos de víveres frescos para alimentar a sus heridos, enviaron a Zabala como emisario para que hablara con San Martín.
Este, no sólo lo recibió con los cumplidos del caso sino que lo invitó a un suculento desayuno. Zabala se reembarcó hacia la hora de la siesta, gratamente impresionado.
Un año después, en 1814, derrotado Vigodet, Zabala se presentaría ante San Martín, que ya estaba en Mendoza, para ponerse bajo sus órdenes. Si bien por razones de delicadeza el intendente de Cuyo rehusaría aceptarlo, magnánimo como era y conocedor de las brillantes cualidades de Zabala, lo pondría bajo sus auspicios, concediéndole- además- una modesta pensión.
El reconocimiento del Gral. San Martín, los hombres que no debemos olvidar
De la excelente obra “Historia del Libertador Don José de San Martín”, compuesta por ocho tomos, escrita por el historiador D. José Pacífico Otero, extraemos las siguientes referencias, que- humildemente- consideramos deberían ser transmitidas e inculcadas a la generaciones presentes y venideras como lección insuperable de patriotismo y reconocimiento imperecedero de gratitud.
“ Antes de finalizar el mes de febrero, San Martín se dirigió de nuevo a su gobierno para hacer un acto de justicia reparadora con los granaderos que en San Lorenzo habían honrado la Patria con el sacrificio de sus vidas. Textualmente, decía:
“ Como sé la satisfacción que tendrá V. E. en recompensar las familias de los individuos del regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de sus resultas, tengo el honor de incluir a V.E. la adjunta relación de su número, país de su nacimiento y estado. No puedo prescindir de recomendar particularmente a V. E. a la viuda del Capitán don Justo Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pecho, como también a la familia del granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes, que, atravesado por dos heridas, no se le oyeron otros ayes que los de: ¡Viva la patria!, muero contento por haber batido a los enemigos; efectivamente, a las pocas horas feneció, repitiendo las mismas palabras.”
Asimismo, debemos recordar que, sobre este Combate, el Gral. San Martín, entre otros, consignó los siguientes datos:
“ Los granaderos muertos en la acción de San Lorenzo fueron los siguientes:
JENUARIO LUNA San Luis
JOSÉ GREGORIO
BASILIO BUSTOS
JUAN BAUTISTA CABRAL Corrientes
FELICIANO SILVA
RAMÓN SAAVEDRA ( casado ) Santiago del Estero
BLAS VARGAS
RAMÓN ANADOR La Rioja
DOMINGO SORIANO GUREL
JOSÉ MÁRQUEZ Córdoba
JOSÉ MANUEL DÍAZ
JUAN MATEO JELVES Buenos Aires
DOMINGO POURTEAU Saint Godin, Alto Garona, Los Pirineos
JULIÁN ALZOGARAY Chile
A la lista de estos muertos hay que agregar el nombre del Capitán Justo Bermúdez que, a consecuencia de sus heridas, falleció en San Lorenzo el día 14 de febrero. Todo esto hace un total de 14 soldados muertos y un oficial, o sea quince bajas.
Aún cuando no fueron heridos se distinguieron en este combate:
El Teniente don Mariano Necochea; el Alférez don José Fernández de Castro; el portaestandarte y ayudante en comisión don Manuel de Escalada; el cadete don Pedro Castelli; el soldado don Juan Esteban Rodríguez; los oficiales voluntarios Vicente Mármol y Julián Colvera, y el cura párroco de la capilla del Rosario, don Julián Navarro.”
Asimismo, en los documentos vinculados con la acción que San Martín elevó al triunvirato, se hace una muy justa mención del comportamiento del Comandante Escalada y de sus milicianos,
En mérito a sus servicios, la Asamblea General Constituyente, el 13 de abril de 1813, designó a Escalada “ciudadano americano de las Provincias Unidas del Río de La Plata”.
El deceso del Capitán Justo Bermúdez, quien no pudo perdonarse haber demorado su carga sobre los realistas, se produjo a raíz de que, no deseoso de vivir por esa causa, sin que sus cuidadores lo advirtieran, sacó el torniquete que cubría la herida de su pierna amputada y se dejó desangrar.
A su vez, el bravo Manuel Díaz Vélez, único prisionero que cayó en poder del enemigo, a pesar de haber sobrellevado un viaje en carruaje a Buenos Aires, falleció, meses después, a raíz de las gravísimas heridas sufridas.
Cabral, soldado heroico.
En cuanto al debido homenaje al Granadero Juan Bautista Cabral, y según el expreso pedido del Coronel San Martín, el Gobierno lo cumplió al pie de la letra. Pocos días después de formulada dicha petición, sobre la gran puerta del cuartel del Retiro, se colocó un cuadro destinado a perpetuar este acontecimiento, y en el cual se grabó la siguiente leyenda:
“Juan Bautista Cabral murió heroicamente en el campo de honor”.
Mientras existió el viejo regimiento de Granaderos, cuando se pasaba revista por la tarde en la primera compañía del escuadrón a que Cabral había pertenecido, se le saludaba llamándolo por su nombre. Cuando éste resonaba, el sargento más antiguo daba respuesta:
“Murió en el campo del honor, pero existe en nuestros corazones. ¡Viva la patria, granaderos! ” En la actualidad, dicha ceremonia se sigue repitiendo con idénticas características para memoria y honor de quien ofrendó su vida para salvar la de quien estaba destinado a lograr la libertad de medio continente. ¡Honor! ¡Honor, al gran Cabral!
MAIPU 5 DE ABRIL DE 1813
a. Breve descripción del terreno: Los llanos del Maipo, situados al Sudoeste de Santiago, entre el camino a Valparaíso, el "camino sud", el río Maipo y el Mapocho al Oeste, poseen al Sudeste de la Loma Blanca, una altura triangular, ocupada durante la batalla por el ejército realista del General Osorio. Hacia el Nor-noroeste de la altura triangular están situados los cerrillos de Errázuriz. Entre la Loma Blanca, que es dominante respecto del Sur, y el triángulo hay una hondonada de unos 800 a 1.000 metros de ancho, distancia que tuvieron que cruzar los efectivos patriotas para alcanzar la posición defensiva de los realistas. Si se observa el dispositivo inicial de los adversarios, se verá que el despliegue de Osorio tenía amenazado su flanco Noreste por los efectivos patriotas que ocupaban Loma Blanca, considerando la excelente avenida de aproximación que ofrecía a los patriotas el camino de Santiago a Melipilla. De tal manera, San Martín (que en las primeras horas de la mañana había reconocido la posición del enemigo), pudo prever desde el primer momento en su plan táctico, la posibilidad de un envolvimiento.
b. Situación
1) Realistas: Osorio había adelantado a Ordóñez para perseguir al ejército patriota a quien creía desorganizado y disminuido luego de Cancha Rayada. La intención de Osorio era amenazar a Santiago por el Oeste, mediante una maniobra envolvente sobre la capital, apoyado por la escuadra que realizaba el bloqueo.
2) Patriotas: San Martín había aprovechado hábilmente estos 15 días para completar unidades y reorganizar el ejército a fin de proteger la capital y librar la batalla decisiva. Situó al ejército, que alcanzaba unos 5.000 hombres, al Sudeste de Santiago, al Oeste del camino entre la capital y Melipilla, para oponerse al avance de Osorio mediante una hábil maniobra que lo obligara a librar la batalla en los llanos del Maipo.
c. Fuerzas en presencia
1) Realistas: 5.300 hombres.
2) Patriotas: 4.900 hombres.
d. Planes tácticos de ambos adversarios
1) Plan realista: Es un plan defensivo. Distribuyó las fuerzas en línea, sobre la base de tres agrupaciones. Un aspecto interesante del dispositivo inicial es el hecho de no tener reserva, durante la batalla se intentó organizarla sobre la base de la agrupación de Cazadores y Granaderos de Primo de Rivera, pero fue imposible por estar éste muy empeñado combatiendo con la División de Las Heras.
2) Plan patriota: Es un plan ofensivo. El dispositivo inicial comprende dos líneas y tres divisiones: Las Heras al Oeste, Alvarado al Este, y la reserva a órdenes de Quintana al centro y retaguardia. San Martín decide conducir una batalla ofensiva, sobre la base de un aferramiento frontal y doble envolvimiento. Otro aspecto a tener en cuenta es la ubicación y cantidad de artillería patriota a lo largo del dispositivo, lo que permitirá lograr la superioridad de fuego en apoyo de la maniobra.
e. Breve síntesis de las operaciones
1) ler. Momento: Se inicia con un intenso fuego de preparación de la artillería patriota. Los "Dragones" de Morgado atacan a los efectivos de Las Heras, pero la artillería de Blanco Encalada neutraliza el contraataque permitiendo a la División de Las Heras el éxito y la conquista de un lugar favorable para la progresión del ataque. La División Alvarado recibe un fuerte contraataque que la obliga a retroceder, produciendo un momento crítico en la batalla que es rápidamente visto por San Martín que ordena el avance de la reserva patriota.
2) 2do. Momento: Se empeña la reserva patriota en forma oportuna. Los realistas que ocupaban el Cerro Errázuriz retroceden hacia el Sur, abandonando su artillería y son perseguidas por el Batallón Coquimbo y un escuadrón de Granaderos a Caballo, por el callejón de la hacienda Lo Espejo. Osorio ordena la retirada. El ejército realista retrocede desordenadamente hacia Lo Espejo donde Ordóñez ofrece una última resistencia tras la cual es obligado a rendirse. La persecución patriota estuvo a cargo de Zapiola con los Granaderos a Caballo.
f. Pérdidas de ambos adversarios Realistas: 2.000 muertos, 2.432 prisioneros, la masa de su artillería, elevado número de armamento portátil y sus trenes logísticos. Patriotas: 1.000 hombres, entre muertos y heridos.
g. Consecuencias: -Consolidó la independencia de Chile. -Posibilitó la expedición libertadora al Perú. -Hizo posible las victorias decisivas de Carabobo y Boyacá obtenidas por Bolívar, al disminuir la presión que los realistas mantenían en el Norte.
h. Reflexiones
La victoria de Maipú, por su repercusión estratégica y política, influyó en todo el ámbito del Nuevo Mundo, vigorizando la lucha por la emancipación americana. Por su importancia trascendental sólo puede compararse a la de Boyacá y Ayacucho. Pero sin Maipú, no habrían tenido lugar, seguramente, ninguna de las otras dos. En caso de derrota, junto a las aguas del Mapocho, Chile se hubiera perdido y con ello peligrado la estabilidad de los pueblos del Plata. Tiene además este suceso singular, el mérito de haberse alcanzado una victoria decisiva a los quince días de una derrota importante. San Martín, por su profundo y amplio conocimiento de la guerra, por la amplitud de su mentalidad estratégica, por su certero golpe de vista, su carácter y férrea voluntad, es el hombre de acción deliberada y trascendental más equilibrado que haya nacido en la Argentina. Ricardo Rojas lo llamó el "Santo de la Espada" y para él fue "ese hombre armado que nunca se dejó arrastrar por ambiciones egoístas ni vanidades terrenales y desde Bailén a San Lorenzo, pasando por Chacabuco, Maipú y Guayaquil, poseyó la visión de estadista y la maestría del guerrero, que determinaron la habilidad del verdadero Conductor". Pero además, la batalla de Maipú tuvo amplia repercusión en Europa, donde sus efectos evitaron que varias potencias concurrieran en ayuda de España, a fin de que pudiera recuperar sus colonias.
CHACABUCO12 DE FEBRERO DE 1817
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