¿Cuántas veces hemos oído o dicho frases como: Ya no hacen las cosas como antes. La calidad de lo que fabrican ahora es muy mala. Las cosas nuevas duran 4 días. Vale más arreglarlo que uno nuevo. La pieza averiada ya no la fabrican. He lavado determinada prenda tres veces y ya está estropeada. Al limpiarlo con un paño el plástico se ha rayado y ya parece viejo. Hacen las cosas para que se averíen en cuanto termina la garantía...En efecto, hoy día casi todo está pensado para que funcione sin problemas sólo mientras dure el periodo de garantía. En el mejor de los casos, no se invierte en conseguir productos fiables más allá de dicho periodo. En el peor de los casos, se invierte en conseguir que fallen tras el periodo de garantía. Es una máxima asentada, bien estudiada ya por los fabricantes. Se llama Obsolescencia y existen varios tipos, entre ellos: planificada, percibida y de especulación.Obsolescencia planificada o programada es el proceso por el cual un producto o servicio se vuelve obsoleto o no funcional, deja de funcionar correctamente y necesita reparaciones o su sustitución tras un período de tiempo calculado por el fabricante, pero sin que el consumidor pierda confianza en la marca. La vida útil del bien se fija de forma anticipada e independiente del desgaste natural de los materiales, provocando un excesivo consumo. Sus arreglos son más caros que la compra de uno nuevo o, simplemente ya ha dejado de fabricarse la pieza averiada que hay que sustituir y por lo tanto no se puede reparar.La obsolescencia planificada fue desarrollada por primera vez entre 1920 y 1930, momento en el cual la producción en masa empieza a forjar un nuevo modelo de mercado en el cual el análisis detallado de cada parte del mismo pasa a ser un factor fundamental para lograr su éxito. Tiene un potencial considerable para beneficiar al fabricante y atenta contra el derecho de los consumidores. La empresa cuando "planifica" el producto ya tiene otro en sustitución, forzando a los compradores finales a adquirir este último o en su defecto el de un competidor, factor decisivo que también se prevé. Existe el riesgo de una reacción adversa por parte de los consumidores al descubrir que el fabricante invierte en hacer que su producto se vuelva obsoleto rápidamente, provocando que cambien a la competencia basando su elección en la durabilidad y calidad del producto.La estimación de la obsolescencia planificada puede influir enormemente en la decisión de una empresa sobre la arquitectura interna de sus productos. De esta forma, la compañía va a sopesar si utilizar los componentes tecnológicos más baratos satisface o no la proyección de vida útil que estén interesados en darle a sus productos. Estas decisiones forman parte de una disciplina más conocida como ingeniería del valor.El empleo de la obsolescencia planificada no siempre es fácil de determinar. Se complica aún más al entrever otros factores relacionados con la misma como pueden ser la constante competencia tecnológica o la sobrecarga de funciones que, si bien pueden expandir las posibilidades de uso del producto, por el contrario pueden hacerlo fracasar rotundamente.La obsolescencia percibida sería aquella que siente el consumidor por su propio capricho, por "ir a la última", por "cansarse del producto" etc. Por ejemplo se percibe en aquellos compradores que cambian de teléfono móvil cada poco tiempo porque "se cansan de su modelo", o ha salido el siguiente con unas pequeñas modificaciones en el diseño, o en el color, o con nuevas funciones que sin embargo ni siquiera utilizará. Su propietario se ve impulsado a comprar sin tener la necesidad real de hacerlo gastando así dinero innecesariamente.La obsolescencia de especulación es cuando éste comercializa productos incompletos o de menores prestaciones a bajo precio con el propósito de afianzarse en el mercado ofreciendo con posterioridad el producto mejorado que bien pudo comercializar desde un principio, con la ventaja añadida de que el consumidor se lleva la falsa imagen de empresa dinámica e innovadora.Las consecuencias de la obsolescenciaActualmente nos encontramos frente a una paradoja cuyas consecuencias son aún difíciles de cuantificar; en efecto, cuando por un lado se dispone de la capacidad tecnológica de fabricar productos duraderos, nos encontramos en la necesidad de adaptarnos al cambio permanente de las tecnologías.Ello conlleva la continua sustitución de equipos que por carecer con frecuencia de mercados de segunda mano genera ingentes cantidades de residuos, con la problemática medioambiental que ello supone.La respuesta a esta problemática ha sido variada; así, la industria propone instalaciones de reciclaje, con los costes que ello conlleva (consumo de energía, contaminación, etcétera); tenemos por ejemplo el reciente anuncio de una empresa de telecomunicaciones de la próxima comercialización de un teléfono móvil con fecha de caducidad, con un uso de un año. Por otro lado, diversas organizaciones humanitarias redistribuyen estos equipos, perfectamente operativos, entre las personas, instituciones y países menos desarrollados y demás.El fenómeno de la obsolescencia no sólo se limita a los campos descritos. Es posible identificarla dentro de los productos inmobiliarios. Estos, debido a la incongruencia entre los requerimientos de la vida actual y los programas arquitectónicos ajenos a ellos, ven sus velocidades de venta afectadas. La arquitectura de reinterpretación se especializa en la readecuación de un inmueble a las nuevas necesidades.Fuentes: Wikipedia, Guía de Orientación del Movimiento Zeitgeist.Documental relacionado:Comprar, tirar, comprarlink: http://www.youtube.com/watch?v=XDOLcvuX6XA
¿Sabe usted qué es la Obsolescencia?
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