
Sorprendente es el hombre. ¿Será, pues, que la soledad y el olvido son condiciones necesarias que se vierten sobre aquellas figuras de quienes hemos legado verdaderos haceres? ¿Será la indiferencia parte constitutiva de la formación de un genio?
Lo cierto es que el pasado 28 de junio, en el barrio de Echesortu, dejó de existir a los 88 años, el Profesor Don Salvador Costa Parga: un hombre de extraordinaria lucidez y capacidad intelectual.
Tesonero en el ámbito de la cultura y ejemplo de honestidad, Costa Parga vivió y murió en el olvido. A lo largo de su vida se dedicó de forma desinteresada al estudio y a la investigación de las lenguas. Tanto, que su afán por aprender lo llevó a dominar magistralmente nueve idiomas –latín, alemán, castellano, inglés, francés, italiano, portugués y ruso- entre otros.
Luego de la muerte de sus padres eligió a la ciudad de Rosario como propia. A fines de los años 50, instalado aquí, se desempeñó como docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.R., a cargo de la Cátedra de Lingüística, donde formó a muchos investigadores. Pero fue a partir del golpe militar de 1976 donde se lo relegó a tareas menores. Eso no fue todo: paulatinamente, y a pesar de su gran erudición y voluntad pedagógica, las sucesivas autoridades universitarias lo condenaron al ostracismo.
Héroes Anónimos
Durante la entrevista realizada por 30N para que el Maestro formara parte de “Memorias para armar”, expresó que ya desde niño sintió amor por los libros. Tanta avidez por el conocimiento, hizo que aprendiera a leer y a escribir a los cuatro años de edad. Su interés por las lenguas comenzó a los diez, aún cuando desconocía el significado y el verdadero objeto de estudio de la lingüística: sentía un gusto especial por los diccionarios y las gramáticas. En la escuela lo llamaban “Salvador, el de los libros”. Siempre osaba conocer más.
Haceres
Entre sus trabajos realizados se destaca como autor del Primer Diccionario Enciclopédico Argentino publicado por la Editorial Códex, a través de numerosas ediciones desde 1956. Los responsables de dicha editorial no sólo omitieron su nombre, sino que tampoco le pagaron por su trabajo. Fue el primer diccionario hecho en el país, ya que anteriormente se importaba desde España. Dicen que dicen que el reconocimiento de los grandes es siempre anónimo. Y gratuita, la intensa labor.
Entre sus investigaciones descubrió que el vocabulario, la morfología y la sintaxis del tupí- guaraní –lengua aborigen latinoamericana- está emparentada con las lenguas habladas en Filipinas e Indonesia.
Además de los nueve idiomas mencionados anteriormente, se abocó al estudio de varias lenguas amerindias -tupí-guaraní, quechua, mapuche, toba- y de otras latitudes -hebreo, rumano, catalán, gallego, vasco, lituano, húngaro, árabe, sánscrito-. Incluso es autor de otros trabajos que incluyen una gran cantidad de monografías, la mayor parte inéditas, por la falta de recursos para publicarlos.
La indiferencia nuestra de cada día
A pesar de ser consciente del abandono por parte de colegas, instituciones culturales, autoridades nacionales, provinciales, de la propia ciudad en la que residió y víctima de varios manoseos, continuó desentrañando los orígenes del lenguaje. Como pudo, logró ser puente entre su conocimiento y la gente: en su humildísimo hogar impartió su sabiduría a los pocos alumnos que tenía de forma semanal.
Pese a la indiferencia que lo rodeó, nunca dejó de sentirse satisfecho. Casado con los libros, como él mismo refirió muchas veces, su mayor placer fue transmitir saberes entre quienes deseaban escuchar o aprender, sin cobrar por ello ni un sólo centavo.
Fue un noble: brindó incesantemente enseñanza gratuita en agradecimiento de lo que él enunciaba, gratuitamente había recibido.
Tal como todo su callado trabajo, el Profesor Costa Parga “ofrecía conocimientos, pero nadie los compraba”. Falleció en la más absoluta de las soledades, durante la madrugada del pasado 28 de junio. Si el Prólogo y desarrollo de su vida se mixturaron en la ignominia, queda para nosotros la oportunidad de salvaguardar tanta afrenta: el Epígrafe que nos resta dedicarle.
Autor: Por Paula Casas
link:
link:
Salvador Costa Parga
Linguista y sabio
Rosarino por adopción, Salvador Costa Parga nació el 7 de octubre de 1921 en el barrio de Caballito, Capital Federal. Desde temprana edad mostró interés por los más variados conocimientos. De allí que le bautizaran "Salvador, el de los libros". Aprendió a leer y escribir a los 4 años de edad. Por línea paterna desciende de italianos de Génova (es decir, de xeneixes). Costa es una abreviación de Constantino. Sus antepasados maternos provenían de Lugo, una de las cuatro provincias de Galicia, en España. Allí existe un pueblo de nombre Parga sobre el arroyo homónimo. Se radicó en Rosario a fines de los años '50. En las universidades de Buenos Aires y La Plata conoció a profesores notables, nativos y extranjeros. En la radio de la Universidad de La Plata condujo durante la década del '50 un programa cultural titulado "A través de las palabras", donde divulgaba temas de astronomía, ciencias naturales y antropología. Ya en Rosario se desempeñó como docente en la Facultad de Filosofía y Letras, que actualmente se denomina Humanidades y Artes, desde 1969 hasta 1989, cuando se jubiló a los 67 años. Allí impartíó lingüística general y formó investigadores. A partir del golpe militar de 1976 fue relegado a tareas menores. A pesar de dominar 9 idiomas, de sus vastos conocimientos y de su voluntad pedagógica -o quizá, justamente, por todo eso- las sucesivas autoridades universitarias lo condenaron al ostracismo. El profesor Costa Parga es en gran medida el autor del primer diccionario enciclopédico argentino, publicado por la editorial Códex a través de numerosas ediciones desde 1956. Los responsables de dicha editorial no sólo omitieron el nombre de Costa Parga sino que tampoco le pagaron un solo peso. Los 9 idiomas que enseña este erudito son: latín, griego, alemán, castellano, inglés, francés, italiano, portugués y ruso. También comprende varias lenguas amerindias (tupí-guaraní, quechua, mapuche, toba) y de otras latitudes (hebreo, rumano, catalán, gallego, vasco, lituano, húngaro, árabe, sánscrito). Sus investigaciones incluyen una gran cantidad de monografías, la mayor parte inéditas. Entre sus descubrimiento se destaca uno relativo al origen del tupí-guaraní. Para Costa Parga esta lengua está emparentada con idiomas del sudeste de Asia. Tiene escritas unas 33 páginas mostrando las coincidencias entre el vocabulario, la morfología y la sintaxis de lenguas habladas en Filipinas e Indonesia y el tupí-guaraní. Otra de sus teorías relaciona la familia lingüística ugrofinesa (finlandés, húngaro, samoyedo, estonio, lapón y varias lenguas de los Urales) con el quechua y aimará. Descubrió más de 120 palabras emparentadas, además de muchas características gramaticales comunes. Costa Parga mantuvo una prolífica colaboración con otro sabio olvidado que residió en Rosario y que fue uno de los fundadores de la carrera de Antropología en la Universidad Nacional de Rosario, a fines de los años '60. Nos referimos a Dick Edgar Ibarra Grasso. Fruto de esa amistad fue su residencia durante un año en Bolivia, desempeñando tareas docentes y de investigación. A principios de la década del '70 integró un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Rosario enviados al Chaco para estudiar a los indígenas. Allí recibió una serie de manuscritos relacionados con las lenguas aborígenes enviados por el Dr.Laureano Maradona, que años después se radicaría en Rosario, en el tramo final de su existencia. A la edad de 80 años el profesor Costa Parga sigue investigando e impartiendo sus conocimientos desde su reducto en el barrio de Echesortu. Como quería Voltaire cultiva su propia huerta y trata de ser un poco menos ignorante cada día. A pesar de los 200 $ mensuales de jubilación con que lo castiga el estado argentino, con tanto saber y voluntad a cuesta don Salvador es un jubilado de privilegio. Quienes deseen conocerlo pueden concurrir a sus clases de lingüística general los sábados por la mañana. La dirección de la Academia Costa Parga es 3 de Febrero 3913, de la ciudad de Rosario.
Ricardo Accurso
Fuente:
Fuente2:
Tuve el privilegio de haber sido vecina por muchos años del profesor Salvador Costa Parga, lo que permitió que nos honrara con su amistad. Siempre quedará en nuestro recuerdo como una persona con un inagotable caudal de sabiduría, tanto en lingüística y antropología —que eran sus profesiones— como en cualquier tema que abordara, porque fue un incansable estudioso e investigador y un gran maestro, cuyo mayor deleite era transmitir conocimientos con la grandeza de enseñar a todos cuantos quisieran oírle sin que nunca nada material o económico lo movilizara. Tuvo una especial concepción del mundo y de la vida que manifestó con coherencia en su modestísima y austera forma de vida. Amable en el trato y correctísimo siempre; su figura menuda, sus vivaces ojos celestes, su larga barba blanca y sus ágiles pasos a pesar de sus ochenta y tantos años hacían de él un entrañable personaje que, sin duda, se extrañará en barrio Echesortu, donde vivió. Qué necesario es en nuestra sociedad que a los seres que como él son baluartes de la cultura y ejemplos de honestidad, desinterés y dedicación al estudio e investigación se los valorara y considerara como se merecen, sin que tengan que vivir en el olvido como sucedió con el profesor Costa Parga. Quienes tuvimos la suerte de tratarlo, lo recordaremos con cariño y admiración.
Fuente3:
Nacido en el barrio de Caballito, Capital Federal, el 7 de octubre de 1921, llegó a Rosario a fines de la década del '50, luego de la muerte de sus padres. Es un auténtico sabio que aprendió a leer y escribir a los 4 años. Ya adulto se convirtió en un antropólogo especializado en Lingüística, y su afán de conocimiento le ha permitido tener un gran dominio lingüístico sobre 9 idiomas, y la comprensión de una docena más.
"Los lingüistas trabajamos muy arduamente para tratar de salvar los "pedacitos" de idiomas que se están perdiendo."
Entrevista>
