Cada vez que leo esto, las lagrimas brotan de mis ojos... Hay gente que tiene un Don, el que lo escribio lo tiene, no se como, ni porque, pero gracias, graciar por escribirnos esto.
¿Qué es lo qué hace que ante una complicación uno asegure que esté todo bien? ¿Qué pasa en nuestro mundo que cuando alguien se enferma o accidenta o lo que sea, se augura que saldrá todo bien y que no será más que un mal momento? Si no tenemos respuestas de nada, ¿por qué hacemos que sabemos? Sí, por fe. O esperanza. O ambas. O lo que sea. Lo cierto es que si hay un destino para cada uno, nunca serán todos justos. Hay gente que sufre, se muere y deja un tendal desolador en sus seres queridos. Hay gente que hace sufrir, mata, deja un tendal devastador ante su paso y no muere. ¿Sabrá el destino de estos casos? ¿Por qué a veces es injusto? ¿Sabe Dios o la Muerte el por qué de estos actos? Nada es certeza y ante mucha ilusión, aferrarse a algo tan intangible como la fe, suena, en algunas ocasiones, a poco. Aunque es lo único posible en que aferrarse.
Todo esto me pregunto yo, que hoy estoy lejos, pero hace horas estaba rondando entre ir o quedarme. No dependía de mí, yo gritaba con todas mis fuerzas que podía, que confiaran en mí. Nadie me escuchaba. Miraba los ojos de mi madre y creía que sabía que yo iba a estar mejor. ¿Cómo hacer para abrazarla? Me veía, lo juro que me veía. Alguien se equivocó. Yo no tenía que estar ahí y tampoco acá. Ahora tengo que empezar de cero. Tenía muchas cosas por hacer, deje varias cosas incompletas y muchas a punto de empezar. Todavía no entiendo bien como fue todo, o sí, y no quiero entender. No estoy triste, no por mí. Sí por ellos. No puedo verlos así. Están y no se irán, pero como hago para que sepan que no los dejaré. A pesar de todo, siempre supe lo que hicieron desde el principio; las guardias, los pedidos, las ayudas, el aliento, la comprensión, los deseos y rezos. Los abrazos, besos y caricias. Las sentí todas. Lo juro. Pero nadie me escuchaba. Y eso me pone mal. No porque no me escucharan, sino porque yo también quería besarlos y acariciarlos.
Alguien me dijo que esté tranquila. No esperaba escuchar eso, y me hizo un poco mal, quizá fue el comienzo, no lo sé. De todas formas sigo sorprendida por la cantidad de afirmaciones vanas que creía darían resultado. Si esta es la vida y el amor es el motor que nos mueve, ¿porque estoy acá? ¡¡¡Si vi tanto amor en estos días!!! A veces pienso que cuándo alguien muere en el momento equivocado algo en el mundo se rompe, y el mundo en su afán de andar como un relojito suizo, tiembla y se destartala por unos minutos. Es porque nadie esperaba ese momento, y el cielo no tenía planeada una llegada en ese tiempo. Hoy vi que el cielo se partió. La mañana estaba tranquila, soleada y jocosa. De repente, alguien le avisó al cielo que algo andaba mal, algo pasó que no tenía que haber pasado y el cielo no lo soportó. Descargó mucha ira y furia por sobre la tierra, le hizo saber a aquellos que se habían equivocado y que esto era el comienzo. Como una especie de justiciero anónimo, su agua y viento sacudió los frondosos árboles veraniegos para sumar más potencia en su descarga. En algunos lugares lastimó lo que tocaba con sus piedras, se había enojado y quería que lo sepan. No siempre la llegada de un ángel ilumina las alturas, se olvidan, que su partida deja un vacío, acá abajo, que nunca se cubrirá. Después de unos largos minutos decidió calmarse, sabía que su aviso podía transformarse en algo aún peor y problemático si mantenía su intensidad. Entonces decidió bañar con una constante y pareja lluvia estos lares, esa lluvia que sí te hace mirar para arriba, y que en esos días de calor sofocante refrescan a uno con esas caricias húmedas. Entonces su agua bañó la ciudad, sobre todo, en aquel lugar donde el amor estaba explotando y abrazando mi alma. Yo le agradecí, no quería que lo miraran maldiciendo. Por última vez miré a mi madre a los ojos, ella sabía que el cielo, sabe porque llora.