La variabilidad facial de los criminales chinos es mucho mayor que las de los inocentes, lo que les permite identificarlas, algo que los humanos hacemos por intuición. Pero, ¿qué significa esto?
Poco después de que se inventara de la fotografía, unos criminólogos empezaron a detectar patrones en las fotos de ficha policial que sacaban a los criminales. Aseguraban que los infractores tenían rasgos faciales particulares que permitían identificarlos como delincuentes.
Una de las voces más influyentes de este debate fue la de Cesare Lombroso, un criminólogo italiano que creía que los criminales representaban "una involución" hacia los monos frente a los ciudadanos que respetan las leyes. Estaba convencido de que podía identificarlos mediante rasgos simiescos como una frente prominente, orejas de tamaño anormal, varias asimetrías de la cara y los brazos largos. De hecho, midió a muchos sujetos en un intento de demostrar su hipótesis, aunque no analizó sus datos estadísticamente.
Esa falta de pruebas le llevó a la ruina. Las opiniones de Lombroso fueron desacreditadas por el criminólogo inglés Charles Goring, que analizó estadísticamente los datos relacionados con las anormalidades de los criminales frente a los no criminales . Concluyó que no existía ninguna diferencia estadística.
Y allí acabó el debate hasta 2011, cuando un grupo de psicólogos de la Universidad de Cornell (EEUU) demostró que de hecho a la gente se le da bastante bien distinguir entre criminales y no criminales con solo observar sus fotos. ¿Cómo podría suceder eso si no existen rasgos estadísticamente distintos?
Hoy, recibimos una especie de respuesta gracias al trabajo de los investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái (China) Xiaolin Wu y Xi Zhang. Han empleado una variedad de algoritmos de visión de máquinas para estudiar las caras de criminales y no criminales y después los probaron para averiguar si eran capaces de distinguir las diferencias.
Su método es sencillo. Sacaron fotos de carné de 1.856 hombres chinos de entre 18 y 55 años sin vello facial. La mitad de estos hombres eran criminales.
Entonces emplearon el 90% de estas imágenes para entrenar una red neuronal convolucional para reconocer las diferencias, y la probaron la red neuronal con el 10% restante.
Los resultados son desconcertantes. Xiaolin y Xi encontraron que la red neuronal podía identificar correctamente a criminales y no criminales con una precisión del 89,5%. "Estos resultados altamente uniformes demuestran la validez de la de la criminalidad a partir de los rasgos faciales, a pesar de la controversia histórica que envuelve al tema", afirman.
Los investigadores explican que existen tres rasgos faciales que la red neuronal emplea para realizar sus clasificaciones: la curvatura del labio superior, que de media es un 23% más grande en criminales que en no criminales; la distancia entre las dos esquinas interiores de los ojos, que es un 6% más pequeña; y el ángulo entre dos líneas trazadas desde la punta de la nariz hasta las esquinas de la boca, que es un 20% inferior.
Después, trazaron la variación de los datos de caras criminales y no criminales en un sencillo espacio de parámetros llamado variedad. Este proceso revela por qué la diferencia ha resultado difícil de identificar.
Xiaolin y Xi demuestran que estos conjuntos de datos son concéntricos pero que los datos de caras criminales tiene una variación mayor. "En otras palabras, las caras del público respetuoso con la ley tienen un mayor grado de similitud frente a las de los criminales, o los criminales tienen un grado más alto de disimilitud en la apariencia facial que la gente normal", escriben.
Poco después de que se inventara de la fotografía, unos criminólogos empezaron a detectar patrones en las fotos de ficha policial que sacaban a los criminales. Aseguraban que los infractores tenían rasgos faciales particulares que permitían identificarlos como delincuentes.
Una de las voces más influyentes de este debate fue la de Cesare Lombroso, un criminólogo italiano que creía que los criminales representaban "una involución" hacia los monos frente a los ciudadanos que respetan las leyes. Estaba convencido de que podía identificarlos mediante rasgos simiescos como una frente prominente, orejas de tamaño anormal, varias asimetrías de la cara y los brazos largos. De hecho, midió a muchos sujetos en un intento de demostrar su hipótesis, aunque no analizó sus datos estadísticamente.
Esa falta de pruebas le llevó a la ruina. Las opiniones de Lombroso fueron desacreditadas por el criminólogo inglés Charles Goring, que analizó estadísticamente los datos relacionados con las anormalidades de los criminales frente a los no criminales . Concluyó que no existía ninguna diferencia estadística.
Y allí acabó el debate hasta 2011, cuando un grupo de psicólogos de la Universidad de Cornell (EEUU) demostró que de hecho a la gente se le da bastante bien distinguir entre criminales y no criminales con solo observar sus fotos. ¿Cómo podría suceder eso si no existen rasgos estadísticamente distintos?
Hoy, recibimos una especie de respuesta gracias al trabajo de los investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái (China) Xiaolin Wu y Xi Zhang. Han empleado una variedad de algoritmos de visión de máquinas para estudiar las caras de criminales y no criminales y después los probaron para averiguar si eran capaces de distinguir las diferencias.
Su método es sencillo. Sacaron fotos de carné de 1.856 hombres chinos de entre 18 y 55 años sin vello facial. La mitad de estos hombres eran criminales.
Entonces emplearon el 90% de estas imágenes para entrenar una red neuronal convolucional para reconocer las diferencias, y la probaron la red neuronal con el 10% restante.
Los resultados son desconcertantes. Xiaolin y Xi encontraron que la red neuronal podía identificar correctamente a criminales y no criminales con una precisión del 89,5%. "Estos resultados altamente uniformes demuestran la validez de la de la criminalidad a partir de los rasgos faciales, a pesar de la controversia histórica que envuelve al tema", afirman.
Los investigadores explican que existen tres rasgos faciales que la red neuronal emplea para realizar sus clasificaciones: la curvatura del labio superior, que de media es un 23% más grande en criminales que en no criminales; la distancia entre las dos esquinas interiores de los ojos, que es un 6% más pequeña; y el ángulo entre dos líneas trazadas desde la punta de la nariz hasta las esquinas de la boca, que es un 20% inferior.
Después, trazaron la variación de los datos de caras criminales y no criminales en un sencillo espacio de parámetros llamado variedad. Este proceso revela por qué la diferencia ha resultado difícil de identificar.
Xiaolin y Xi demuestran que estos conjuntos de datos son concéntricos pero que los datos de caras criminales tiene una variación mayor. "En otras palabras, las caras del público respetuoso con la ley tienen un mayor grado de similitud frente a las de los criminales, o los criminales tienen un grado más alto de disimilitud en la apariencia facial que la gente normal", escriben.