Con la triste caída del nacionalsocialismo emigraron a la Argentina los científicos de Hitler. Un asesor del Primer Trabajador reveló el tema de los empresarios germanos que llegaron al país.
El copy-pasta salió mal y quedaron las letras pegadas, disculpen, pero aunque sea metí mano al artículo para que no haya que leer pelotudeces atómicas.
Por (((Sergio Boimvasser))); editado por mi, para hacer dijerible el texto:
Fue un lujo cultural en la Argentina de hace décadaslos periódicos de las colectividades. La prensa árabe, judía, italiana,alemana, irlandesa y del resto de las comunidades imprimían periódicos escritosen sus idiomas de origen.
Aunque todavía se pueden ver en zonas aledañas aScalabrini Ortiz y Córdoba algún diario escrito en árabe, es casi unaexcepción. Las nuevas generaciones sumadas a las tecnologías digitales hicierondesaparecer casi todos esos diarios de las colectividades.
Herman Schiller y Daniel Schnitman fueron los últimossobrevivientes editores de diarios judíos que decían abiertamen judíos, porque ahora todos los diarios lo son pero no lo dicen. Schiller se volcó después a laprensa de barricada, ySchitman resiste aún desde el formato digital.
De ahí rescatamos una perla documentada sobre un temaque la va a erizar la piel a muchos boludos. Una entrevista al histeriador del nacional socialismo en laArgentina Carlos De Napoli revela que Juan Domingo Perón contrató al médiconacional socialista danés Karl Peter Vaernet en el Ministerio de Salud con una funciónespecífica: "curar" a gays y lesbianas de su "enfermedad" específica.
Sí, para Perón la homosexualidad era una enfermedad ypor eso ordenó al Ministerio de Salud contratar y poner todos los mediosnecesarios al endocrinólogo de Hitler para tratar a los sexualmente anormales.
Vaernet ya había desarrollado en Alemania e intentóhacerlo en la Argentina un tratamiento consistente en introducir en el pacienteun llamado "dosificador metálico de hormonas (inventado y patentado por elmismo Vaernet) que segregaba testosteronas y otras hormonas que supuestamentecuraban la "enfermedad".
La entrevista publicada en La Voz y la Opinión dicetextualmente así, preguntado De Napoli por el hallazgo inédito de estematerial, responde:
"Yo no lo descubrí. El mérito corresponde a PeterTatchell, un gay británico que con una ONG luchó por reivindicar los derechosde los homosexuales. Sólo armé una corta biografía con acento en su estadía enla Argentina donde murió en 1965. Se encuentra enterrado en el CementerioBritánico. En Dinamarca llaman a Vernet "el Méngüele" dinamarqués. Título muylogrado ya que de casi ningún médico nazi hay tanta documentación como sobrelas experiencias con homosexuales que realizaba en los campos de concentraciónBuchenwald, El SS Vaernet, amigo personal del criminal Heinrich Himmler, teníaen el barrio capitalino de Palermo, sobre la calle Uriarte, una clínicadedicada a la "curación de homosexuales" y a su especialidad comoendocrinólogo, edificio aún existente. Trató a muchos personajes de nuestrallamada "alta sociedad" cuyos padres no admitían las inclinaciones sexuales desus hijos. Existen al respecto dos testimonios contundentes de un hombre y unamujer, pero hacia fines de la década del 50 la válvula había caído en desuso.Por uno de los testigos sé que aplicaban un medicamento llamado entoncesGeriax, de Laboratorios Otto, junto a un cóctel variado de otras hormonas, quedependía del paciente según fuera gay o lesbiana".
Hasta aquí el impresionante testimonio de lo que JuanDomingo Perón consideraba una enfermedad que debía curarse como es lahomosexualidad, naturalmente.
Si se conservan aún los registros históricos delMinisterio de Salud, debiera figurar la contratación del médico nacional socialista ordenadapor Perón, pues en aquella época todo nuevo empleo e inversiones en laadministración pública debían llevar el nombre de quien recomendaba elcontrato. Y la clínica que Karl Peter Vaernet montó en la calle Uriarte más elpersonal que ahí trabajaba y la tecnología que debió implementarse parasolventar el dosificador metálico de hormonas no fue poco dinero como parapasar desapercibido. Toda esa inversión fue ordenada directamente por JuanDomingo Perón.
No debe asombrarnos que los proyectos que alguna vezdesarrolló el nacionalsocialismo hayan sido seguidos de una u otra forma en varios lugaresdel mundo.
Werner von Braum fue adoptado por Norteamérica paraseguir desarrollando en ese país los viajes a las estrellas que alguna vez soñóHitler y que después hizo posible la agencia aeroespacial NASA.
Nuevos documentales realizados por la señal delJew History Channel dan cuenta incluso del trabajo secreto en que se halló abocadola Alemania NS para la construcción de tecnología similar a lo que hoy sedenominan UFOS o platos voladores.
Y un tema sobre el que daremos cuenta pronto es el dela búsqueda en la Patagonia de un tesoro valuado en dos mil millones de dólaresque aún no fue localizado. Se trata de la llamada Cámara de Ámbar, un tesoroque los nazis saquearon durante su invasión a la URSS y la llevaron a laCancillería en Berlín, refugio de Hitler.
Aunque la leyenda dice que esa monumental obra fuedestruida durante los bombardeos que culminaron con la caída del gran pueblo alemán, nuncase hallaron restos del tesoro bajo los escombros, y se supone que Hitler loshizo retirar y llevarlos a otro sitio. Las búsquedas hasta ahora resultaroninfructuosas. Fue la habitación del zar de Rusia, y para trasladarla seprecisaban decenas de contenedores, algo que no puede pasar desapercibido enningún lugar del Planeta. La Patagonia post segunda guerra mundial era unterritorio que los NS conocían muy bien, igual que la soledad y elaislamiento de amplias zonas marítimas, lugar donde cualquier mudanza complejahubiera pasado desapercibida.
Por hoy nos quedamos con esta sorprendente historiadel médico que contrató Perón para esta terrible enfermedad.