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Esa noche, Doroteo Arango Arámbula pudo haber elegido ser cualquiera de las personas que fue en su vida. El bandolero de cananas cruzadas, el general en retirada, el mujeriego impenitente, el albañil honrado e incluso el adolescente que se perdió en la oscuridad después de haber matado al violador de su hermana.

Pero en esa madrugada del 9 de marzo de 1916, bajo un cielo de frontera, decidió ser simplemente Pancho Villa e invadir los Estados Unidos de América.

A las 4.45, al mando de unos 500 hombres, atacó el pequeño pueblo de Columbus y el fuerte militar Furlong, en Nuevo México. La incursión, la única sufrida hasta aquel momento por Estados Unidos desde la guerra anglo-americana de 1812, abrió un capítulo histórico tan extraño como legendario en la relación entre ambos países.

Para muchos fue un ataque sanguinario y brutal, obra del huracán de la venganza. Otros lo han ensalzado como un gesto de un heroísmo ciego y desbordado. También hay quien lo explica como el resultado de un cálculo frío. Posiblemente lo fue todo, porque algo de todo eso, vengativo, heroico y calculador, fue Pancho Villa.

En el caso de Columbus, el asalto no quedó sin respuesta. Mancillado el orgullo patrio, el presidente Woodrow Wilson puso en pie una expedición punitiva, con tanques y aviones, que llegó a tener 10.000 soldados. La encabezaba el general John J. Pershing, curtido en Cuba contra el ejército español y quien posteriormente comandaría las tropas estadounidenses en la Primera Guerra Mundial.


El 15 de marzo de 1916, con la orden de capturar y ajusticiar a Villa, aquel ejército irrumpió en territorio mexicano. En sus filas iban dos jóvenes e implacables oficiales llamados Dwight D. Eisenhower y George Patton. Durante 11 meses vivirían una de las aventuras más singulares de sus existencias.



Villa no era un desconocido para los estadounidenses. Hombre de inteligencia natural, siempre fue consciente del poder de la imagen y él mismo, como después haría El Che Guevara, se encargó de cimentar su mito. En sus andanzas se rodeó de intelectuales y periodistas, como John Reed, y hasta rodó con Hollywood una película sobre su propia vida. Filmada con Raoul Walsh, la obra se estrenó en 1914 con éxito en Estados Unidos.
Una fama que dos años después se volvió en su contra. “Villa fluctuaba entre dos extremos. Era una fuerza destructiva de la naturaleza y, por momentos, un ser sensible a las causas sociales. Para mí, Villa fue un justiciero. Pero un justiciero sangriento”, señala el historiador Enrique Krauze.
El ataque buscaba que Washington respondiese precisamente como hizo: entrando en territorio mexicano. Una operación de alcance limitado que permitiría a Villa avivar el sentimiento nacionalista a su favor y situar a Carranza ante el erosionante dilema de permitir una impopular invasión extranjera o enfrentarse al poderoso gigante del norte.
Junto a este ánimo provocador, la incursión también tenía como finalidad nutrirse de armamento y, de paso, vengarse del comerciante Samuel Ravel que, con apoyo de la inteligencia estadounidense, había vendido munición inútil a Villa.

RESUMEN TARINGUERO:
Pancho Villa invade el pueblo de Columbus NM EE.UU, con el objetivo de atraer partidarios a su causa, roba y mata. EE.UU responde enviando a un ejercito que lo busca pero jamás lo encuentra.
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