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Ilse Koch (1906-1967) nació en el seno de una familia de clase media en el Dresde de principios del siglo XX. No hay datos para barruntar una educación privilegiada en la Universidad de la Tortura. Simplemente era una chica normal que se curtió en la Alemania de la posguerra y tropezó con el mal cuando sólo pretendía salir de la pobreza.
Ilse Koch (nacida Ilse Köhler) antes de conocer a su marido e ingresar en el partido nazi.
Comenzó de secretaria en las oficinas del campo para pronto participar en sus primeros escarceos sádico-monstruosos. Evidentemente adiestrado por la ‘sutileza’ de su maestro y coronel en placeres terrenales.
” […] Era una mujer muy hermosa de largos y rojos cabellos, pero con la suficiente sangre fría como para disparar a cualquier preso en cualquier momento. Tenía en mente fabricar una pequeña lámpara de piel humana, y un día en el ‘Appellplatz’ se nos ordenó a todos desnudarnos hasta la cintura. Los que tenían tatuajes interesantes fueron llevados ante ella, para escoger los que le gustaban. Esos presos murieron y con sus pieles se hicieron lámparas para ella. También utilizaron pulgares momificados como interruptores […] ”
Kurt Glass, preso jardinero de los Koch y testigo en los juicios de Dachau de 1947
El tema de la lámparas de piel humana es uno de los más controvertidos del extraño currículo de ‘La Bruja de Buchewand‘ o ‘Zorra de Buchewand’, como la bautizaron sus sometidos. Si bien aparece en las fotos de los objetos incautados a los Koch durante el desahucio y liberación del campo, las pruebas del informe forense que se hizo para verificar y confirmar el origen ‘humano’ de las pieles como peritaje judicial en los procesos de Dachau, sólo incluyeron tres trozos de uno de los tatuajes descuajados más famosos; por lo que no hay evidencias científicas (si visuales y de aspecto) que valorasen las morbosas ‘pantallas’.
Pero de ahí a desmontar por completo el sangriento historial de los Koch mediante el ‘negacionismo radical’ de todo atisbo de realidad demuestra la coexistencia eterna del carácter conspiranoico del sector antisemita.
Durante la liberación del campo el propio director Billy Wilder realizó un documental sobre el estado y los objetos encontrados en el campo. La imagen de la mesa con los tatuajes, las cabezas disecadas y la ‘supuesta’ lámpara dio la vuelta al mundo y se convirtió en símbolo de la barbarie.
Varios de los tatuajes ‘humanos’ utilizados como evidencia en el juicio contra Ilse Koch
Fotograma del documental de Billy Wilder sobre Buchenwald con la recopilación de reliquias obtenida de la casa de los Koch.
La señora Koch acostumbraba a despojarse de su crueldad adobando su crudo cuerpo ‘ario’ en obscenos baños diarios de vino importado de Madeira, mientras a escasos metros sus ‘esclavos’ sobrevivían hundiendo sus afilados omóplatos en los catres podridos. Pero pronto descubrió que era el ejercicio de su sádica jerarquía lo que la hacía subjetivamente más ‘bella’.
Todo los días se mezclaba por sorpresa entre los escuálidos prisioneros para azotar a mano-látigo y burlarse de su aspecto físico mientras dilataba pupilas y aceleraba involuntariamente el pulso. Koch tenía a su cargo a 22 mujeres de las SS y a más de 500 prisioneras de confianza que colaboraban en el control de sus rutinas.
Juicio contra Ilse Koch. Agosto de 1947
En 1967 la ‘Zorra de Buchewand’ se suicida colgándose de unas sábanas anudadas en la cárcel bávara de Aichach sin mostrar arrepentimiento alguno y después de escribir:
“No hay otra salida para mí, la muerte es la única liberación”
I. Koch en la foto de un soldado de EEUU (1945)
Koch ante el Tribunal Militar Internacional de Dachau (1947).