Los sobrenombres representan una de las formas más extendidas del ingenio nacional, tal como lo asegura Julio Mafud en su ensayo Psicología de la Viveza Criolla: "Los motes, la viveza y la cachada son la creación más peculiar del arte popular argentino". [...] El fenómeno bien podría interpretarse como un mecanismo de defensa social. Los apodos son, acaso, una de las pocas formas de revancha que tiene la gente ante los dislates políticos.El zoológico
Haciendo un breve recorrido por la fauna política, aquí una lista de los apodos animalezcos de quienes nos gobernaron:
Carlos Tejedor "Camaleón", Oscar Alende "Bisonte", Manuel Belgrano "Cotorrita", Bernardino Rivadavia "El sapo del diluvio", Facundo Quiroga "El tigre de los llanos", Justo José de Urquiza "El tigre de Montiel", Julio Argentino Roca "El zorro", Luis Sáenz Peña "El pavo", José Evaristo Uriburu "Lechuza", Lisandro de la Torre "Gato amarillo", Edelmiro Farrell "El mono", Isaac Rojas "La hormiga negra", Arturo Illia "La tortuga", Néstor Kirchner "El pingüino", Mauricio Macri "Gato"
¿Y por qué gato?
Como supo explicarnos Jorge Lucotti en su publicación :
[El gato] es el sirviente del jefe del pabellón. El “gato” ejerce una autoridad prestada ante los demás, que paga con su servilismo ante el jefe, que a su vez, deja en claro todo el tiempo y frente a todos, quién es el jefe y que el respeto requerido para con el “gato”, es en realidad, para con él. El “gato” es el que recauda para el jefe y su bienestar recae en la eficacia de su acción, por lo tanto, es muy celoso e impiadoso en su trabajo. El “gato” por sobre todas las cosas, desprecia al que está en inferioridad de condiciones y admira a quien lo utiliza. El “gato” no es un esclavo que quiere ser libre, es un esclavo que anhela ser esclavista. Lo más ajeno a un “gato” es la solidaridad.
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