¿Qué tendrá el petiso?
Nunca hagas enojar a un tipo petiso. No hablo del enano (aquél de estatura inferior al metro veinte), sino de aquél cuya estatura es más similar a la norma, pero aún escasa como para estar a la elevación de sus pares. El de peor actitud es aquél cuya estatura ronda, aproximadamente, entre 1.55 y 1.65 metros. “El petaco”, como se lo conoce habitualmente, se caracteriza especialmente por estar permanentemente a la defensiva, tener un galopante complejo de inferioridad y mostrarse hostiles para con aquellos más altos.
El “medio polvo”, como suele decírseles de manera jocosa y bromista (haciendo referencia, de manera irónica, a que sus padres quizá no tuvieron la suficiente cantidad de sexo como para que él pudiera tener una estatura más adecuada a los estándares sociales), es un quejoso que suele responder a casi todos los comentarios que pretenden ser hirientes con frases referentes al supuesto –gran- tamaño de su pene.
La “Teoría de la L” sostiene que el ser humano posee dos ejes (uno de altura, y otro de largo hacia adelante) que funcionan de manera inversamente proporcional. Es decir, que cuanto más alto es uno, menor será su largo hacia delante o a la inversa.
Esta teoría, mayoritariamente abonada por enanos y petisos, es –simplemente- una excusa que tiene la gente de tamaño menor para generarse una mística de enormidad genital que enaltezca –valga el chascarrillo- su ego. De esa manera, es decir, diciéndoles al resto que en verdad ellos tienen el pene del tamaño de una linterna a cuatro pilas clase D, ellos sienten compensada esa descompensación natural que sufren en su estatura.
Por supuesto, esto es una leyenda urbana ya que la humanidad ha conocido hombres como John Holmes, Rocco Siffredi o el mismísimo Nacho Vidal que son personas de una altura más que considerable acompañados de penes descomunalmente magnánimos.
De todos modos, es importante hacer sentir al petiso cómodo y evitar dejarlo en situaciones dispares. Sentarse siempre antes que ellos, nunca hablarles parados desde un escalón o algún otro objeto que nos sume más diferencia de estatura de las que ya les llevamos, etc. Por supuesto, hay que saber entender su permanente sentido de la competencia, ya que ellos tienden a necesitar mostrarle al otro cuánto mejores que ellos son en otros planos de la vida fuera de la estatura.
El resumen de la interpretación de la realidad de un petiso es: “Ok, vos sos más alto que yo, pero yo tengo un sobresaliente promedio académico, mi mujer está más buena, estoy mejor vestido que vos, mi auto es más caro y tengo más propiedades a mi nombre”. Ellos nos van a mostrar esto a pesar de que a nosotros realmente nos importe unpedo cuánto miden, por lo que uno debe ser comprensivo con la situación.
Por eso, desde este humilde espacio, hago un llamado a la paz enana y solicita la conciliación social entre los petisos y los de más de un metro setenta. A pesar de que los más altos ni se hayan dado cuenta de que estaban en guerra, bueno, lo están. Mucho cuidado.

Nunca hagas enojar a un tipo petiso. No hablo del enano (aquél de estatura inferior al metro veinte), sino de aquél cuya estatura es más similar a la norma, pero aún escasa como para estar a la elevación de sus pares. El de peor actitud es aquél cuya estatura ronda, aproximadamente, entre 1.55 y 1.65 metros. “El petaco”, como se lo conoce habitualmente, se caracteriza especialmente por estar permanentemente a la defensiva, tener un galopante complejo de inferioridad y mostrarse hostiles para con aquellos más altos.
El “medio polvo”, como suele decírseles de manera jocosa y bromista (haciendo referencia, de manera irónica, a que sus padres quizá no tuvieron la suficiente cantidad de sexo como para que él pudiera tener una estatura más adecuada a los estándares sociales), es un quejoso que suele responder a casi todos los comentarios que pretenden ser hirientes con frases referentes al supuesto –gran- tamaño de su pene.
La “Teoría de la L” sostiene que el ser humano posee dos ejes (uno de altura, y otro de largo hacia adelante) que funcionan de manera inversamente proporcional. Es decir, que cuanto más alto es uno, menor será su largo hacia delante o a la inversa.
Esta teoría, mayoritariamente abonada por enanos y petisos, es –simplemente- una excusa que tiene la gente de tamaño menor para generarse una mística de enormidad genital que enaltezca –valga el chascarrillo- su ego. De esa manera, es decir, diciéndoles al resto que en verdad ellos tienen el pene del tamaño de una linterna a cuatro pilas clase D, ellos sienten compensada esa descompensación natural que sufren en su estatura.
Por supuesto, esto es una leyenda urbana ya que la humanidad ha conocido hombres como John Holmes, Rocco Siffredi o el mismísimo Nacho Vidal que son personas de una altura más que considerable acompañados de penes descomunalmente magnánimos.
De todos modos, es importante hacer sentir al petiso cómodo y evitar dejarlo en situaciones dispares. Sentarse siempre antes que ellos, nunca hablarles parados desde un escalón o algún otro objeto que nos sume más diferencia de estatura de las que ya les llevamos, etc. Por supuesto, hay que saber entender su permanente sentido de la competencia, ya que ellos tienden a necesitar mostrarle al otro cuánto mejores que ellos son en otros planos de la vida fuera de la estatura.
El resumen de la interpretación de la realidad de un petiso es: “Ok, vos sos más alto que yo, pero yo tengo un sobresaliente promedio académico, mi mujer está más buena, estoy mejor vestido que vos, mi auto es más caro y tengo más propiedades a mi nombre”. Ellos nos van a mostrar esto a pesar de que a nosotros realmente nos importe unpedo cuánto miden, por lo que uno debe ser comprensivo con la situación.
Por eso, desde este humilde espacio, hago un llamado a la paz enana y solicita la conciliación social entre los petisos y los de más de un metro setenta. A pesar de que los más altos ni se hayan dado cuenta de que estaban en guerra, bueno, lo están. Mucho cuidado.
