¿Quién no se ha confundido alguna vez el destinatario de un mensaje “comprometido“, con el consiguiente “tierra trágame” cuando se ha dado cuenta del error? Y es que cuando andas con prisas —o, por qué no reconocerlo, cuando tienes unas copas de más un sábado a las cinco de la mañana—, confundirse de número puede ser muy fácil…
Mal de muchos, consuelo de tontos: siempre reconforta saber que otros han metido la pata antes… y además, seguramente más hasta el fondo que vosotros…
Y si no, que se lo digan a esta madre preocupada: