Victor, de 15 años, vivía junto a sus padres y sus hermanos Alexander, Anna y Galina en una pequeña casa con un patio en el que habían construido un cobertizo. En aquel cobertizo, Victor pasaba horas y horas junto a sus palomas, una de las grandes aficiones de los niños de la ciudad… y de muchos mayores. Cuando en 1941 los alemanes ocuparon Rostov del Don, una de las primeras medidas que tomaron fue destruir todos los palomares por miedo a que los palomas fueron utilizadas para enviar mensajes al Ejército Rojo. Muy a su pesar, la mayoría de los soviéticos los destruyeron pero más difícil fue hacérselo entender a las palomas que, lógicamente, regresaban a lo que había sido su hogar. Muchas fueron abatidas por los alemanes. Victor decidió que él no se iba a separar de las que consideraba sus amigas. Así que, las ocultó… pero de una forma u otra los alemanes se enteraron. Cuando los alemanes estaban golpeando la puerta de la casa, Victor salió por detrás y consiguió liberarlas, pero se quedaron en cerca del cobertizo y en los tejados cercanos. Trató de espantarlas para que huyesen… pero fue capturado y se lo llevaron.
Victor Cherevichki.
Al día siguiente, el cuerpo sin vida de Victor apareció tirado en un parque de la ciudad con una paloma muerta en su mano. Un evidente mensaje de advertencia de los alemanes para todos los que no se hubiesen desecho de las palomas. Victor fue enterrado en una fosa común.
En 1961, en el lugar del parque donde fue encontrado, se erigió un monumento en memoria del niño en el que se representa a Victor protegiendo una paloma. Cuatro años más tarde, se cambió el nombre del parque por el de Victor Cherevichki.