Música para ambientar link: https://www.youtube.com/watch?v=cpmzlyFIN3A No tengo casi nada en común con él, excepto un gran e inexorable asunto: la tendencia al pesimismo. Para Arthur Schopenhauer, la vida del hombre es una especie de condena imbatible, donde todos sus esfuerzos medianamente posibles solo pueden aspirar a un estado de no-dolor pasajero (la felicidad es una quimera o en todo caso un ideal sobrevalorado al que no se puede acceder plenamente). En ese sentido, la vida humana puede reducirse a una larga caminata por un sendero pedregoso en el que las reglas de juego invitan a hacer todo lo posible para eludir, lo más que se pueda, el sufrimiento. Porque, eso sí, el sufrimiento es, para Schopenhauer, la única sensación que el hombre tiene garantizada desde que sale del vientre de la madre. Pese a esta visión negra de la vida, la muerte por propia decisión no estaba contemplada en su filosofía. Más bien resaltaba el papel de la voluntad, mediante la cual los seres podían llegar a conocerse. Claro, esto no ahorraba el dolor ni la atadura al sufrimiento. Pero al menos, no buscaba salir de la existencia por la puerta falsa. El pesimismo de Schopenhauer es algo que viene conmigo desde que tengo uso de razón. Aún cuando yo trataba de maquillarlo bajo la apariencia del realismo. Para mí, es realista ver la vida como un interminable orificio negro con breves intersticios de luz hacia los cuales podemos aproximarnos de cuando en cuando, a sabiendas de que aquella luz no será jamás un estado de largo aliento, mucho menos eterno. Sino más bien, un paréntesis en el estado natural y gris de las cosas. De acuerdo, entonces, con que la felicidad es una palabreja utilizada de manera vil y manipuladora para hacer creer a los despistados que es un estado accesible y duradero, cuando lo que en realidad tenemos son solo momentos de flexibilidad en los que le damos la espalda a las tribulaciones. Así, suscribo frases de Schopenhauer tales como: La felicidad es solo la ausencia del dolor. O esa que dice: La vida es solo la muerte aplazada. Genial. O aquella sentencia definitiva: Toda vida es sufrimiento. Incluso tenemos visiones semejantes en torno a un tema como la soledad. Ambos le tenemos buena estima: La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes. ¿Por qué ---dirá usted---? La respuesta del pensador alemán es elocuente: Los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que a sí mismos. No puedo estar más de acuerdo con esos conceptos. Y pensar que la vida en sociedad es el canon de normalidad. Ser pesimista o realista da igual. Lo que tenemos en claro quienes no perseguimos la inexistente gloria de la felicidad como fase orgásmica prolongada de la vida es que, mientras estemos de paso por este mundo, nuestro modesto objetivo es intentar esquivar las penas, las aflicciones, todo lo que no nos permite pasarla bien. Y, solo así, subsistir con una media sonrisa dibujada en el rostro.
Schopenhauer, y una vida pesimista condenada al dolor.
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