Este año, el 16 de agosto exactamente, habremos vivido 40 años de nuestras vidas sin la presencia física de Elvis Presley. Hoy tendría 82 años, seguro que ya no sería lo mismo sobre un escenario, pero le seguiríamos queriendo e idolatrando igual. Aunque pensándolo bien, la verdad es que le hemos querido e idolatrado siempre, aunque sentirle cerca, poder estrecharle la mano, tampoco. Elvis ha sido una siempre una imagen, una música, y eso no nos ha faltado en estos 40 años y no creo que nos llegue a faltar. Por ejemplo, esta semana hemos visto como volvía a nosotros el reloj de Elvis, un tan especial Hamilton Ventura, triangular, que se acomodó en su colección personal tras lucirlo en Blue Hawaii, en 1961. Y la casa en la que vivió con Priscila en Beverly Hills, en la que nació Lisa Marie, sale a subasta por 30 millones de dólares. Y entre Blue Hawaii y los blue suede shoes, la semana nos ha traído a juego un precioso Aston Martin DB11 de un azul que veremos en el Salón de Ginebra. Y un modo de vivir más de 42 los con una piel de esas que dan envidia, porque conservan todo su brillo, y es blue, pero no de blues, es Biotherm Blue Therapy Multi-Defender. Y como todo pasa, otro de nuestros admirados y perdidos, a los que le debemos parte de nuestras vidas, Steve Jobs, hubiera cumplido el 24 de febrero los 62 años prestándole seguro mucha atención a la propuesta de Phillipe Stark y Thomson, ese smartphone llamado Alo o Aló que parece más de una película de ciencia ficción que de una realidad práctica. Pero realmente sorprendente. Estas cosas del diseño que en todo caso definen una realidad que está por llegar, como el Marauder GT R, esa “lanchita” que no podemos más que mirar y admirar una y otra vez porque con sólo mirarla ya sentimos el viento en la cara con toda la humedad de un mar que a ser posible podría ser el de ese azul del Hawaii de Elvis o en su defecto el de la bahía de Cádiz, como no podía ser de otro modo. Muy de cine todo, como las películas que compiten por un Oscar y de las que hemos dado buena cuenta; tan de cine como lo son todos los rincones de Nueva York, reconocibles y hasta familiares, como el puente de Brooklyn con el que podríamos haber crecido y que hoy podemos disfrutar desde las habitaciones del Hotel 1 Brooklyn Bridge, sin dejar de pensar, eso sí, en nuestra rica gastronomía española, que añoraremos. Y se me ocurre un perfecto plan, seguir los Oscar en Nueva York, con vista al puente de Brooklyn, y disfrutando de unas cuantas de las espectaculares conservas de sardinas braseadas de Güeyu Mar, y música de Elvis, claro. Redondo. Dicen que en 1975 Bruce Springsteen saltó la verja de Graceland para conocer a Elvis, supongo que para sentirle más real. Bruce comenzaba una gran carrera y ya no era un desconocido, pero le dio por ahí. Mala suerte porque Elvis estaba en el lago Tahoe y no en su casa de Graceland y los de seguridad le dieron alcance antes de que se acercara a la puerta. Yo también lo hubiera hecho si no hubiera tenido cinco años el año que murió y porque no recuerdo si Elvis estaba ya en mis genes o llegué a él tiempo después con la colección de singles, vinilos de entonces, que mi madre guardaba como un tesoro. Pero esto es una historia familiar, tan familiar como lo serán los temas que se han convertido en lo mejor de la semana de roff.it, estos, porque estos son los que más os han gustado y los que más nos han gustado a todos. Porque Elvis nos gusta siempre y lo que era, lo que ha sido, lo que es y lo que siempre será sigue ahí, un modo, un sonido, un estilo. Elvis vive. Se vende la casa de Elvis Presley en Beverly Hills. VIVIR COMO ELVIS EN BEVERLY HILLS ES POSIBLE, ESO SÍ, TE COSTARÁ 30 MILLONES DE DÓLARES PORQUE ESE ES EL PRECIO DE LA MANSIÓN QUE EL REY DEL ROCK OCUPÓ CON PRISCILA A FINALES DE LOS 60. Si hablamos de la casa de Elvis Presley probablemente todos pensaremos en Graceland, su mansión de Memphis que es hoy un museo del Rey del Rock en cuyos jardines, además, tanto él como su madre permanecen enterrados; pero no sólo en Graceland vivió Elvis, también en Beverly Hills, en una casa a la que se mudó en 1967, año en el que se casó con Priscila Presley, en la que vivió el nacimiento de su hija Lisa Marie al año siguiente y lugar en el que vivió también el deterioro de su matrimonio que se rompería en 1972 para acabar en divorcio al año siguiente. Fueron los años en los que Elvis luchaba por recuperar el pulso de su éxito después de haber perdido posiciones en las listas de éxitos, un tiempo duro e incómodo en lo profesional pero placentero en lo personal hasta que su matrimonio comenzó a complicarse. Pues bien, en esa casa en la que vivió aquella inquietud profesional y gusto personal, el lugar en el que nació su hija y el que fue su única mansión familiar -puesto que ni se casó de nuevo ni tuvo más hijos-, ese que es, probablemente, el último en el que encontró cierta felicidad, pues tras su divorcio vino un tiempo de absoluto declive que acabó con su vida en solo 4 años, ese es el que se vende actualmente por 30 millones de dólares...
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