InicioOfftopic3 Cuentos propios más yapas

3 Cuentos propios más yapas

Offtopic3/20/2017
BUENAS NOCHES LINCES Y ROBERTOS



No quiero extenderme demasiado con el post así que voy a hacerlo bien simple.

Les voy a compartir 3 cuentos escritos por mí, espero que los disfruten, me esforcé bastante, y el resto... bueno, para el resto no me esforcé tanto pero espero lo disfruten tanto como mis cuentos.





Música para ambientar el post









El desvanecimiento de los números

Diego se levantó. Siempre se levanta a la misma hora. No sabe qué hora es, se despierta cuando suena el despertador. Él no mira la hora. No le presta atención a esas cosas. No le interesan cosas tan triviales como la hora. Tocó la guitarra y cuando se aburrió salió a pasear, total el día está lindo y hay sol.
Iván se despertó tarde. Corrió hasta la parada del micro. El micro pasó delante de él. Está llegando tarde al trabajo, otra vez. Ya gastó todo su sueldo antes de fin de mes, así que corre veintitrés cuadras hasta la fábrica. Se pone su overol. Acomoda sus auriculares y hace que limpia durante ocho horas.
Carla se despertó cuando salió el sol. Desayunó un té, dos tostadas con miel y queso. Corrió tres kilómetros. Llegó a su casa y se bañó. Fue caminando al trabajo. Una vez allí tomó un Valium. Su jefe le gritó. Fue al baño del segundo piso y gritó tan fuerte que los empleados de limpieza la escucharon. Esperó a que el enrojecimiento de su cara se esfumase y salió del baño caminando elegantemente.
Diego comió tanto después del paseo que duerme una siesta. Diego se levanta, se masturba y después se baña. Toca el piano. Cuando advierte que está a oscuras prende las luces. Su amigo toca el timbre y se van a ensayar. Llegan a la casa del baterista y se acomodan para tocar. Tocan tan fuerte que los vecinos se quejan.
Iván salió del trabajo. Le duele la espalda. Hace mucho que le duele la espalda. Su compañero de trabajo le dijo que vaya al médico porque siendo tan joven no debería dolerle nada. Fue hasta la casa de su novia. Su novia lo ama y él la ama. Pero su novia tiene un amante. Ella lo ama pero no sabe cómo amarlo.
Carla se quedó hasta tarde en la oficina. Se puso la ropa del gimnasio y salió. Tomó una pastilla y otra más por las dudas. Esperó un tiempo y se subió al micro para dirigirse al gimnasio. Dos horas de rutina física. Trota hasta su casa. Se baña y toma una aspirina para el dolor de cabeza. Su novio toca el timbre. Discuten a los gritos y luego complacen sus cuerpos revolcándose por toda la casa. Discuten una vez más y su novio se va de allí golpeando la puerta. Carla llora a mares y toma una pastilla para poder dormir.
Diego termina de ensayar. Mientras se dirige a su casa caminando discute con su madre por teléfono. Entra y sortea toda la basura que se encuentra desperdigada por el living hasta la cocina. Lava un plato y un par de cubiertos. Prepara la comida. Come de la olla y toma agua directamente de la canilla. Se cambia y se va a una fiesta en una casa tomada. Allí está lleno de gente adormilada por la música suave y la marihuana fuerte. Se dispone a mezclarse con el resto de aquellas personas que apenas conoce. Está saliendo el sol, se levanta del sillón donde se encontraba y sin saber cómo llega a su cama y se duerme.
Iván aprovecha el fin de semana y duerme hasta las cuatro de la tarde. Mientras almuerza llama a su novia. Iban a ir al parque pero ella le avisa que no puede, que tiene que estudiar. Se baña y se frota la espalda masajeándose suavemente mientras evalúa sus opciones. Decide ir a leer al parque él solo. Baja por el ascensor de su departamento y se dirige al parque más alejado. Está terminando La Metamorfosis de Kafka, entonces levanta la vista y ve a su novia besándose apasionadamente con otro hombre. Se esconde detrás de un banco pintado de verde y observa. Una mujer alta y de larga cabellera morena se acerca hasta donde estaba su novia y aquel hombre, los saluda y se suma a aquel acto de repulsivo manoseo y babeo. Con un nudo en el estómago Iván se escapa de allí y se va a terminar el libro a su casa.
Luego de terminar su rutina de sábado, Carla almuerza a las doce en punto, y se dirige a la casa de sus padres. Van a ir a visitar a su bisabuela. Sus padres ya están esperándola en el auto. Se sube a la parte trasera y viajan veintisiete minutos hasta el geriátrico. Mientras sus padres se sientan junto a la silla de ruedas de su bisabuela, ella va hasta la pieza de un anciano con síntomas de severa demencia y esconde en su bolso todas las pastillas que puede de la mesa de luz de aquel anciano que ni siquiera conoce su propio nombre.
Diego se despierta con resaca. Ya es de noche. Enciende medio porro mientras prepara en una sartén todo lo que encuentra en su heladera y no está podrido. Su madre vuelve a llamarlo y le informa que no va a enviarle más dinero. Se sienta en la ventana de su departamento en el primer piso y termina su porro. El ruido de los autos en la calle lo distrae. Siente cómo un calor recorre todo su esófago viniendo desde su estómago hasta su garganta. Un hilo de baba se escapa por la comisura de su boca y su cuerpo cae desde la ventana directamente en la calle. Tirado allí en una pose ridícula contra el piso, sus entrañas se desangran lentamente. Una pareja se detiene y lo carga hasta su auto totalmente inconsciente.
Iván termina La Metamorfosis y se percata del agudo dolor en su espalda. Llama a su novia pero no contesta. El pánico se apodera de él. Su respiración se acelera. Vomita sobre el sillón de su casa y ya sin siquiera ver se precipita hasta el ascensor. Sobre la avenida de su casa pide ayuda a gritos y se desploma sobre la vereda. Escucha una sirena y siente cómo se eleva del suelo y se posa suavemente sobre algo que parecía ser una cama.
Las luces de las velas iluminan apenas el rostro de Carla. Mientras cena con su novio en lo que pretendía ser una cena romántica, comienza una pelea en la cual salen los platos volando por el aire. Otra vez el portazo. Cuando termina de limpiar la cena del piso, Carla toma su bolso. Lo da vuelta sobre la mesa y toma una tableta entera de la medicación de aquel anciano. De repente habían reemplazado todas las lamparitas de su casa por faroles de un estadio de fútbol. Hay tanta luz que se marea y cae. El ruido sordo de su cabeza golpeando contra la mesa antecede al de la puerta abriéndose. Su novio entra y la sube a su auto.
Mientras una pareja intenta hacerle entender a la recepcionista del hospital lo que había sucedido con aquel chico repleto de sangre que se encuentra en ese momento en su auto, una ambulancia derrapa en la esquina y se estaciona frente a la guardia de aquel lugar. Ingresan dos camilleros y trasladan un cuerpo inmóvil. Con un solo empujón la pareja cae al suelo. Ahora, frente a la recepcionista hay un hombre con una mujer en brazos con la piel blanca como el papel. Los gritos de la recepción se escuchan desde donde se encuentra Diego, aunque él no escuche nada. Los médicos intentan vaciar el estómago de Carla sin mucho éxito. El fuerte dolor de espalda de Iván se debía a un tumor en sus pulmones, como comprueban los médicos al realizarle los estudios. Diego muere por la pérdida de sangre esa misma noche en el hospital. A Iván le toma dos días para que sus pulmones colapsen y él muera. Carla sufre una sobredosis tan grande que a las cinco de esa misma tarde largó su último suspiro.















La caja de zapatos
Yo tengo una historia. Bueno en realidad tengo un montón. No es que sean tantas pero están todas ahí y son como la ropa que dejan apilada en la pieza, parece más de lo que es.
Yo siempre miento, pero la gente cree. Me parece que necesitan creer. ¡A veces soy tan gracioso! Tengo mis días igual, cuando estoy de mal humor soy más chistoso que de costumbre. Ahora no se me ocurre ningún chiste pero seguro que ya se están riendo. O a lo mejor no, a ustedes no los puedo ver.
Había un tipo que conocí una vez, hace mucho. Bueno, mucho para ustedes, para mí no es tanto. Ese sí que no veía nada de nada. Le gustaba llenarse la palma de plasticola, esperaba que se secara y después sacaba la capa seca que quedaba pegada con la otra mano. Una vez la madre lo vio y le preguntó qué era lo que hacía pero nunca pudo responder. Después de eso nunca más pude verlo haciéndolo. Era alto y desgarbado y tenía un amigo. Sí, uno solo. Y es gracioso porque su amigo era tan chiquito y ancho que parecía que se le hubiese caído algo muy pesado en la cabeza. Vivian muy cerca uno del otro, creo que se dice vecinos.
A veces me gusta hacer como que me olvido de algo porque si siempre dijese todo tal cual es ustedes se aburrirían.
Una vez le vi la cara a una persona. Es raro porque casi nunca se dejan ver, ¿vieron? Bueno, no. Claro, no vieron. No sé si era alto o no este. Le gustaba agarrarse todo el tiempo el estómago, no sé para qué. Creo que quería mostrar las tripas. Pobre, no sabía que eso duele. Mira si a alguien no le gustan tus tripas, capaz te dice algo feo de tus pobres entrañas y vos después de eso andas por ahí pensando que no son muy lindas. Debe ser lindo tener tripas, todo ese movimiento. Pero claro, la cara, la cara. Esa no sé, era común creo, todas son más o menos iguales.
Ahora si les voy a contar un chiste. Como para romper el hielo. No sé bien que significa romper el hielo pero debe ser algún antiguo ritual o por lo menos eso es lo que yo entiendo.
Una mujer se va a una isla desierta y piensa en silencio. Piensa tanto que desaparece. Pero nadie se da cuenta que desaparece. Entonces vuelve y piensa pero esta vez en voz alta. Y desaparece. Pero nadie se da cuenta tampoco. Así que va y se sienta en una silla y hace que habla pero en realidad esta callada porque ya no piensa. No de la manera que hacen ustedes por lo menos.
Cerca de donde vivían esos dos del principio había uno que andaba todo de blanco. Ese sí que era raro. Se metía en un edificio muy grande, lleno de camas y mujeres limpiando los pasillos, y recibía gente. Era extraño porque algunos iban a visitarlo ahí, no sé de donde lo conocerían pero algunos salían tapados como los fantasmas pero sin los agujeros para los ojos y la verdad que las ruedas son una pobre imitación de su inconfundible levitación.
Me olvide de preguntar si les gustó el chiste. Pero no necesito preguntar, sé que soy gracioso pero bueno, también soy amable, por supuesto.
Había una chica que era casi tan graciosa como yo. Pero digo casi porque nunca hacia que la gente se riese. Sí que sonreían, eso siempre, pero nunca lloraban de risa. Pasa que no se esforzaba, soltaba unas palabras así nomás y listo. Parece que con eso se conformaba. O a lo mejor con eso se conformaba el resto. Es raro porque nunca le miraban la cara cuando hablaba. A mí me gustaba decirle Roca. Todo el tiempo le cambio los nombres a las cosas y a la gente porque los nombres que les eligen a veces me parecen tontos. Roca se llamaba Sofía o Laura o algo así, es lo mismo, yo le decía Roca. Los únicos nombres que me gustan son los de esos que les molesta mucho el sol. Esos petizos aunque este nublado igual el sol les molesta. Esos sí tienen lindos nombres para las cosas.
Les voy a dar un momento para que se rían.
Espero que ustedes tengan un lindo nombre, sino se pueden llamar Florero a partir de ahora. A mí me parece la mejor palabra. Es que suena lindo, no importa cómo lo digas.
Casi todo tiene un derecho y un revés, las palabras no, eso es lo que me gusta de ellas. Uno nunca se cansa aunque se repitan. Pero apenas creemos que las dominamos un nuevo significado cobra en ellas.
Amor. Esa sí que es la más fácil de todas. No entiendo porque tanto alboroto siempre. Yo una vez creo que sentí eso, no me pareció la gran cosa. Les voy a solucionar algo, está bien no me lo agradezcan, pero gracias por los aplausos. Amor es sentir que uno se puso un par de medias nuevas, uno siente al instante que se deslizan por su pie que no han sido usadas nunca, son suaves y cada paso es único, incluso las ojotas le sientan bien a unas medias nuevas. No vacilan a cada paso, así el camino va todo en bajada.
Pero no se sientan mal por no haber sentido amor nunca, solo hace falta conseguir medias nuevas.
De todos esos que conocí había uno, sí, y aunque no lo crean era uno solo, no era para nada pretencioso. Pero bueno era imponente, alto de cuerpo estilizado, siempre pendiente de su interior. Y por lo consiguiente de su exterior, jamás le vi asomar de adentro algo que no fuese colorido. Todo lo que permitía ver de su interior era lo más nutrido por lo más cristalino, el exterior deleitaba la vista de cualquiera, sí, a veces una espina, pero valía la pena. Para nada cobarde pero si cuidadoso.
Es que uno debe ser cuidadoso, y no porque lo diga yo, sino porque las palabras le pasan de largo a uno cuando lee o la vida cuando observa o el amor cuando uno no se compra medias muy seguido o los floreros, bueno no me voy a inmiscuir tanto.
Para mí son muy difíciles las despedidas así que simplemente no voy a despedirme.





GÓMEZ, LÓPEZ Y RODRIGUEZ


Gómez, López y Suarez. Sentados, muy derechos los tres, alrededor de una mesa circular de algarrobo pesada y maciza sostenida por cuatro patas como arcos que apenas llegan a rosarse en el punto exacto donde comienzan a separarse, para extenderse cada una hacia su lado haciendo que la mesa sea tan firme, que da la impresión de estar adherida al suelo. La mesa es tan grande que la habitación parece pequeña, y da la impresión de que las paredes de ladrillo a la vista se ciernen sobre estos tres tipos. Como si intentara atraparlos tan lentamente que no pudieran sospechar que son una presa hasta que sea muy tarde.
El humo del tabaco flota por toda la habitación y se escurre, apenas, por el hueco de la puerta detrás de López. La lamparita que cuelga de unos cables en el centro exacto de la mesa a menos de medio metro de esta, alcanza apenas a iluminar el resto de la habitación y deposita toda la luz sobre el algarrobo formando un círculo amarillo.
Las cartas están repartidas y Suarez con sus tres cartas en la mano y 33 de envido no se inmutó en lo más mínimo al verlas y juega, “demasiado obvio” piensa. López, a su derecha suelta un débil eructo que hace que el olor a tabaco se mezcle con el de la ginebra, todas de diferente palo ni siquiera mira a su compañero, juega. Gómez, que sabe que su compañero siempre “liga” calla, “que ellos lo canten”. Y juega.
El tiempo en aquella habitación se mide al compás de los suspiros, el juego parece truncarse y cierta impaciencia parece apoderarse de los jugadores, que hacen vibrar apenas la mesa con fuertes e impacientes temblores en las piernas.

Ya sin poder aguantar un segundo más López le da unos golpecitos en la espalda a Rodríguez que ni siquiera tocó sus cartas y esperan. Nada. Un golpe seco, y la cara de Rodríguez va de lleno a la mesa. Las cartas que aún se encontraban frente a él, comienzan a teñirse de un rojo tan oscuro como los ladrillos de las paredes y dejan ver, al humedecerse con el líquido que corre desde la boca de Rodríguez, su mano. Un tres, un siete y el ancho. Todo el mundo perdió el interés por aquel juego. Nadie podía tener tanta suerte.



(TAMBORES)
Y AHORA LA YAPA




















SALUDOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
20visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

g
glas_lleuad🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts3
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.