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Laburé gratis 2 meses y te lo cuento

Offtopic•3/21/2017
Hola gente como les va. Hoy les quiero contar una historia de miseria humana y escoria social que me arruinó gran parte de mis expectativas y me obligó a ver el mundo de otro modo.

Se que el post es muy largo pero es que me quedan escuetas las palabras para describirles el infierno que viví... Lean hasta donde quieran ya que todo el relato refleja miseria e indignación...


Introducción

Corría el mes de febrero del 2016, yo acababa de dar el último final de la tecnicatura de mi carrera (no voy a decir que estudio pero algunos podrán deducirlo) y esperaba con ansias arrancar el último año para obtener el segundo título, me iba muy bien, tenía muy buenas notas y era muy elogiado en el ámbito. Sin haberme recibido ya había tenido mis primeras experiencias laborales freelance en relación a esta profesión y estaba bastante seguro de mi mismo, era cuestión de tiempo para que se me recomendara para ocupar algún puesto privilegiado.

Una tarde de ese mismo mes, mientras yo papaba moscas disfrutando de las últimas tardes de calorcito, recibí un llamado de una ex-profesora, una mujer con un carácter bastante particular, siempre exaltada, muy manipuladora y con criterios muy cuestionables. Ella se había comunicado conmigo para hacerme una propuesta, resulta que un tipo que ella conocía había puesto un negocio relacionado con mi carrera y necesitaba de gente capacitada para contratar. Yo exploté de emoción al oír semejante noticia, por fin tendría trabajo y encima de lo que me apasionaba. Pero no se trataba de una contratación común y corriente sino que el tipo quería emplearme por medio del sistema de pasantías (para los que no saben las pasantías son contratos laborales en donde una empresa emplea a estudiantes mediante la supervisión de una institución educativa). Eso no me molestó, por el contrario me pareció más interesante ya que este tipo de contrataciones representan menos presiones y responsabilidades para el empleado ya que se entiende de antemano que el objetivo es el aprendizaje.
De inmediato acepté por lo que la profesora me propuso ir al otro día a reunirme con ella y el empleador para charlar; además me pidió que le comunicara la propuesta a un compañero ya que el también había sido solicitado. Al oír esto mi alegría fue aún mayor ya que no solo tendría un trabajo, sino que lo compartiría con mi amigo y colega.
De inmediato me puse en contacto con mi compañero, el cual no estaba en la ciudad, y al otro día, en la mañana, nos reunimos para ir juntos a la reunión con nuestro futuro jefe.
Llegamos al lugar y tuvimos una especie de entrevista en la cual el tipo nos habló de lo maravilloso que éramos y las grandes cosas que haríamos juntos, además nos dio una especie de discurso motivacional. Nos mostró el lugar, las maquinarias, y nos explicó como funcionarían las cosas más o menos. Más tarde llego un supuesto socio y amigo del dueño con el cual compartiríamos las jornadas. La profesora jamás dio la cara pero nos importé demasiado ya que esta mujer era bastante irritante.
Una vez concluida la reunión nos citó para arrancar esa misma tarde y nos retiramos del local con muchas ganas de empezar.
Acudimos al sitio en el horario estipulado y comenzamos nuestra primera jornada laboral. Se nos explico el manejo de unas maquinarias, algunos procesos y se nos asignaron tareas bastante acordes a nuestras expectativas.
El lugar aún no había abierto al público por lo cual casi todo lo que realizamos durante los primeros días estaba relacionado a los preparativos para la gran inauguración.
Por el momento solo se nos exigía pasar un rato a la tarde para ayudar en algunas cosas pero luego de la apertura ya se nos impondría un horario fijo, eso significaba poder tomarse las cosas con tranquilidad, había tiempo para acostumbrarse al lugar y perder el miedo. Se nos había prometido una paga que nunca se terminaba de redondear y desayunos gratuitos… pero tarde o temprano las cosas se empezarían a poner feas de a poco.

Llegada tarde

Una tarde de esa primera semana nos reunimos con mi compañero para ir juntos al trabajo pero nos habíamos tomado literal el tema de los horarios permisivos y aparecimos a cualquier hora. Recibimos una cagada a pedos demasiado exagerada, se nos trato muy mal como para ser pasantes (así se le llama a quienes hacen pasantías) y se nos puso a trabajar de inmediato con mucha rigurosidad… Comenzamos a notar la hostilidad con la que se manejaba el dueño y con el correr de los días pudimos darnos cuenta de los motivos por los cuales imponía semejante autoridad. El era policía y de esos que están pasados de gimnasio, además enseñaba artes marciales y en más de una ocasión insinuó el consumo de merca. Esa tarde, a modo de castigo, se nos obligó a limpiar la vidriera, rasquetear la pintura y limpiar los pisos; además se me ordenó aplicar veneno para hormigas en un pequeño patio, tarea que me produjo una leve intoxicación.
En otra ocasión se nos ordenó ir a comprar una zapatilla (artefacto con varios tomacorrientes para hacer conexiones múltiples) a un negocio de baratijas, compramos una que nos costó solo $27 y al regresar y probar el producto nos dimos cuenta el porque de su bajo precio. Se generó un cortocircuito que hizo saltar la térmica e inmediatamente se nos obligó a ir a devolver esa porquería, al llegar al comercio en donde la habíamos comprado nos negaron la devolución pero nos propusieron cambiarla por otra cosa… sin saber que hacer optamos por pedir una ‘’nota de crédito’’, algo así como un ‘’vale por $27’’ para una futura compra. La cara de la empleada ante nuestra petición reflejo vergüenza ajena.
En fin, así pasamos los primeros días, viendo al tipo ir y venir con el tema de la habilitación, haciendo mandados, a veces iban amigos de él al local para ver como marchaba todo, cosa que me ponía bastante incómodo; en otras jornadas se nos explicaban algunas reglas del lugar entre las cuales se encontraba la que estipulaba que debíamos limpiar el baño, baldear la vereda, sacar la basura, organizar la vidriera, entre otras cosa. Pronto nos enteramos de que tendríamos dos compañeros más entre los cuales se encontraba el hermano menor del dueño.


Los papeles

De a poco nos empezamos a dar cuenta de que este puesto no era mara nada privilegiado y a medida que se nos iban imponiendo las condiciones la desilusión aumentaba. Resulta que nada de lo que nos había dicho en la entrevista era como pensábamos, pronto se nos comunicó el rol que se nos asignaría y los horarios que debíamos cumplir a partir del día de apertura. Tendríamos que trabajar 6 horas cada uno pero repartidas de una forma extraña. Uno estaría atendiendo el lugar en la planta baja durante 4 horas a la mañana y el otro durante 4 horas a la tarde, pero cada uno trabajaría 2 horas en el turno opuesto en la planta alta del local. Es decir mientras que uno laburaba de 8:30 a 12:30 el otro lo haría de 10:30 a 12:30; y luego este último asistiría en la tarde de 16:30 a 20:30 mientras que el otro lo haría de 18:30 a 20:30.
A partir de aquí comenzamos a arrepentirnos de haber puesto un pie dentro de ese miserable lugar. Nos chocaba la idea de tener que atender clientes como si se tratase de cualquier puesto de empleado de comercio, no era para lo que se nos había llamado, además la cantidad de horas excedía lo permitido para una pasantía y lo más importante, jamás se nos había presentado ningún papel ni contrato escrito, tampoco estaba bien claro quien sería el tutor designado por la institución. Cuando quisimos hablar de esto el tipo se irritó bastante y de mala manera nos explico que todo el papelerío se realizaría al empezar las clases, que mientras tanto no se podía hacer nada.
Nos preocupamos bastante pero decidimos esperar a comienzo de las cursadas para poder aclarar bien todas las cosas…
Una tarde, a pocos días de la inauguración del local, se nos ocurrió apurar las cosas y decidimos ir a la institución para hablar con la directora acerca de las pasantías, pero nos llevamos una gran sorpresa cuando esta nos comunicó su total desconocimiento acerca del tema. Estaba claro que la escuela no tenía nada que ver por el momento, nos explicaron bien como se debía solicitar una pasantía y se nos dio una copia del contrato de pasantía con todas sus normas. De inmediato acudimos al local en el horario que debíamos y con la mejor cara le comunicamos nuestro hallazgo al ´´jefe´´ creyendo que ante esta situación se vería obligado a apurar los trámites o esclarecer nuestro contrato. Pero lejos de eso, lo que ocurrió fue algo similar a una sentencia a prisión. El tipo se puso muy violento, nos acusó de ‘’flojos’’, irresponsables, nos tildó de infantiles, sin compromiso ni voluntad para crecer. Nos decía que el mundo real no era como pensábamos, que las cosas eran distintas y que si andábamos con tantas pretensiones que nos vallásemos pero nos advertía que si no aprovechábamos esa oportunidad de laburar y aprender, no llegaríamos lejos. El tipo tenía un enorme poder de manipulación y era un experto en intimidar, en pocos segundos te daba vuelta tus argumentos y te hacía creer que debíamos estar agradecidos por todo. Decidimos seguir unos días más, aunque sea hasta que el lugar abriera y si no nos gustaba atender al público nos iríamos sin dudarlo, lo que no sabíamos era que cada minuto en ese lugar te sentenciaba a quedarte ahí por un largo período.

La gran inauguración

Había llegado el viernes de esa última semana de preparativos, el lunes siguiente abrirían las puertas al público y debíamos terminar de capacitarnos ya que ese día llegarían las maquinarias más importantes. Teníamos a penas unas horas para aprender a usar lo que, según el dueño, sería la fuente principal de ingresos del lugar. Nos parecía una locura pero de todas formas aceptamos el desafía y luego de ayudar a instalar los artefactos comenzamos a aprender todas sus funciones. Además de ser capaces de manejar las máquinas, debíamos estar preparados para resolver problemas técnicos y fallas en el mecanismo; todo eso en unas horas, ya que durante el fin de semana el tipo se iría de la ciudad y el local permanecería cerrado.
Pasó el fin de semana y llegó el gran día, yo estaba muy nervioso ya que no me sentía demasiado seguro como para atender al público, siempre fui bastante tímido, y si a eso le sumamos mi poca práctica con las maquinas el augurio es poco alentador.
Lo bueno era que habíamos decidido ir todos (los 4 empleados) a laburar en esos primeros días, cosa que nos daba más seguridad, pero que nos obligaba a cumplir un horario de 8 horas cada uno. A minutos de abrir aparecieron el dueño y su socio quienes al notar nuestros nervios comenzaron a someternos a todo tipo de pruebas que solo empeoraban la situación. Por ejemplo, simuló ser un cliente a quien yo debía a tender y me critico varias cosas, desde mi postura, mis gestos y mi desempeño general; repito, a pocos minutos de abrir… Luego decidió irse para que nos hagamos cargo nosotros y así fue como luego de unas horas apareció la primera clienta con un encargo bastante sencillo el cual resolvimos eficazmente. Dentro de nuestra labor se enmarcaba la tarea de cobrar y administrar la caja, además de la de llevar un conteo diario de la mercadería y regular el uso de las maquinarias y los recursos mediante anotaciones en planillas que también tuvimos que diseñar y armar. Al finalizar el turno de la mañana habíamos atendido a varios clientes y los nervios se habían disipado, estábamos conformes con nuestro desempeño y listos para irnos a descansar, ya que debíamos volver al trabajo en el turno tarde. Olvidé mencionarles que estábamos obligados a usar unas remeras a modo de uniformes y a repartir folletos en la vía pública, a estas alturas la lista de tareas que no nos correspondían era bastante larga y cada vez nos alejábamos más de la labor para la cual se nos había solicitado.

Comienzo de cursadas

Habían pasado dos semanas desde la apertura del lugar y por fin comenzarían las clases, lo que significaba una reducción de la carga horaria en el trabajo y la posibilidad de esclarecer nuestra situación laboral. Al tipo no le quedó otra opción que separarnos a los 4 en dos grupos, mi amigo y yo cubriríamos el turno de la mañana (de 8:30 a 12:30) y los otros dos el de la tarde (de 4:30 a 8:30). De esa forma podríamos arrancar a cursar y trabajar a la vez. Esa mañana en el trabajo el tipo nos pidió que repartiéramos folletos del negocio en la escuela aprovechando que arrancaríamos esa tarde. Aceptamos sin objeción alguna y luego de cumplir nuestro horario y descansar un par de horas acudimos a nuestra primera jornada estudiantil con las mochilas cargadas de panfletos publicitarios. Hablando de repartir folletería, recuerdo que en una ocasión el tipo me mandó a hacer publicidad a un instituto privado, al llegar al lugar no me dejaron pasar por lo cual yo le entregué los 120 folletos a la persona de la administración de dicho instituto, ella los repartiría a los alumnos; al regresar con las manos vacías al local recibí un gran regaño seguido de humillación y ninguneo por no haber insistido en que me dejasen pasar a repartir los panfletos yo mismo.
Esa tarde intentamos resolver por nuestra cuenta el tema de la pasantía pero no obteníamos respuestas de ninguna parte, la directora de la escuela nos decía que hasta el momento no tenía ninguna responsabilidad y que era nuestro jefe quién debía ir a hablar, por otra parte la profesora que en un principio nos había recomendado desapareció y jamás dio la cara; y por último el tipo no quería hablar el tema y cada vez se volvía más agresivo… llegamos a temerle y por eso nos callábamos la boca, estábamos totalmente sometidos, nos daba miedo irnos ya que eso significaba el cierre del negocio ya que terminamos convirtiéndonos en la fuente de ingresos. Las habían llegado demasiado lejos y no nos habíamos dado cuenta, nosotros sustentábamos al lugar con nuestro trabajo, no podíamos irnos ya que eso enfadaría mucho al dueño. Yo se que quien lea esto pensará que fuimos unos idiotas, al fin y al cabo ¿Qué nos importaba a nosotros el porvenir del negocio?... hasta el día de hoy no lo puedo entender… no se como aguantamos tanto tiempo en ese lugar, sometidos, humillados, maltratados, básicamente esclavizados porque en todos esos días las exigencias iban en aumento pero jamás recibimos ni un centavo.
Éramos víctimas de una alienación extraordinaria, sabíamos que nos dominaban pero no hacíamos nada al respecto. Mucha gente nos sugirió denunciar nuestra actividad laboral en negro, otros tantos nos advertían de los peligros de meterse con un policía (recuerden que el tipo era milico)… Optamos por aguantar un poco más y esperar a cumplir un mes para ver que ocurría… Y así fue como pasamos las siguientes semanas, yendo a trabajar de muy mala gana por las mañanas y cursando las materias a la tarde; generalmente el horario de trabajo se extendía hasta las 13:30 mientras que las clases comenzaban a las 14:00, motivo que generaba llegadas tardes y un descenso en nuestro rendimiento académico muy drástico. Nuestra tarea en el trabajo, a esas alturas, era pura y exclusivamente la de un empleado de comercio común y corriente, no requería para nada de nuestra capacitación y eso era frustrante. Muchas veces nos mandábamos alguna macana mínima como olvidar anotar algo en el libro diario, cobrar mal a un cliente o desperdiciar algún recurso, hechos que significaban pérdidas mínimas de unos cuantos centavos, pero que para el dueño significaban el camino a la quiebra. Por esto en varias ocasiones fuimos sermoneados, descalificados, amenazados y hasta citados en días y horarios no laborables para supuestas capacitaciones. Nada se nos reconocía, todo lo hacíamos mal para él, siempre había un error y todo el tiempo nos ponían a prueba. Se nos acusaba de no ‘’ponernos la camiseta del lugar’’ por no asistir a ayudar en horarios que no nos correspondían, para ellos eso significaba poca voluntad y poco afán de aprendizaje. Se nos obligaba a resolver situaciones que ni el propio dueño sabría encarar, si pedíamos ayuda la respuesta era ‘’quiero soluciones no problemas’’, así que si faltaba algún recurso o alguna maquinaria no funcionaba, debíamos resolver todo por arte de magia. Muchas veces, si había algún problema con un cliente, se nos ordenaba llamarlo con nuestros celulares y arreglar las cosas. Se nos echaba la culpa de prácticamente todo, más que nada a mí, ya que por alguna razón se me había asignado la responsabilidad de mies otros tres compañeros, incluso de los dos que trabajaban en el otro turno. En contraposición a lo prometido en la primera reunión, jamás se nos dio nada para desayunar, ni siquiera un mate o un café, sin embargo el dueño y su secuaz iban y venían todos los días con facturas y otras cosas que devoraban en la planta alta del lugar (sitio que ya ni pisábamos a menos que necesitáramos el baño).

Primer mes

Por fin habíamos cumplido un mes y con mis compañeros creímos que tanto esfuerzo daría frutos de una vez por todas, supusimos que se nos pagaría aunque sea algo por ese período de trabajo. Pero se nos comentó que lo recaudado en esos 30 días solo había alcanzado para sustentar el lugar (impuestos, alquiler, insumos)… lo que no se consideró como complemento principal de sustento fue a los empleados, es decir, a nosotros. Esa situación nos desconcertó bastante, no se nos pagaría nada después de tanto esfuerzo y maltrato soportado, todo me parecía absurdo, acaso el tipo pensaría que nos habíamos tragado el discurso del ‘’equipo’’, a caso pretendía que sigamos apostando a SU negocio sin cobrar como si fuésemos parte de una sociedad… No éramos socios, éramos empleados y los empleados deben cobrar, estén o no estén blanqueados.
Para entonces ya todo se había ido de las manos, consideramos irnos lo antes posible pero ahora pretendíamos un resarcimiento económico. El problema era que nadie se animaba a enfrentar al tipo y cada vez que se mencionaba el tema, él daba vuelta la situación y volvía a enajenarnos haciéndonos creer un discurso que predicaba el esfuerzo, el afán de progreso y el sacrificio. Era tal el pánico que sentíamos a fallar que en ocasiones nos auto-acusábamos luego cometer algún error que podría pasar desapercibido en condiciones normales.
Muchas veces asistían al lugar amigos del tipo, patovicas, tipos del ejército u otros policías que se paseaban con inmunidad por todo el local observándonos mientras exclamaban entre risas ‘’los tenés bien entrenados a los muchachos’’. Siempre se reunían en la planta alta y nosotros podíamos oír las historias que rememoraban acerca de cómo habían cagado a trompadas a medio mundo.
Ya estábamos muy cansados de todo eso, estábamos muy desganados, con mi amigo solo hablábamos de ese tema y sacábamos conjeturas acerca de que pasaría si dejábamos de ir sin decir nada. Queríamos abandonar el trabajo, ya estábamos artos de tantas condiciones absurdas y exigencias, pero nos aterraba confrontarlo ya que en más de una ocasión había demostrado ser muy violento.
No sabíamos a quien recurrir, ya nos habíamos resignado a la idea de que la escuela jamás intervendría y que tampoco se nos pagaría ni un centavo así que debíamos actuar de inmediato, solo nos faltaba un empujón.

El final

Decidimos comenzar a trabajar sin ganas, a hacer las cosas mal a propósito para que se nos despida sin tener que lidiar con una confrontación. En ocasiones el tipo mencionó que echaría a uno de los 4 al finalizar el mes ya que no veía un buen desempeño y todos queríamos ser el despedido. Pero no podíamos esperar otro mes más así que intentamos apresurar las cosas, pero ante nuestra desprolijidad solo recibíamos sermones, denigradas, maltratos, castigos, entre otras cosas, pero nunca se nos mostraba la salida.
Pronto nos dimos cuenta de que jamás nos echaría ya que no le convenía para nada y era capaz de sacrificar algunos recursos con tal de no perder mano de obra gratuita y sometida. Una mañana, luego de recibir la peor de las basureadas tras haber cometido un error que, encima, no había sido por culpa nuestra; mi amigo decidió tomar el toro por las astas e ir a hablar esa misma tarde para notificar nuestra renuncia. Yo lo apoyé tomando coraje acudimos al lugar al culminar el turno tarde para enfrentarlo.
Cuando nos vio cruzar la puerta notamos en su cara una expresión de preocupación, él sabía bien que vernos a esa hora era sinónimo de problemas. Nos preguntó para que habíamos ido y sin dejarnos terminar de explicarles nos obligo a ir a la parte de arriba del local. Una vez ahí nos amedrentó de manera violenta, se sacó la campera y se arremangó la camiseta, se cruzó de brazos y se nos puso en frente mientras nos miraba con rabia. Nos interrogó, nos gritó, nos amenazó y cuando percibió la firmeza de nuestra decisión, se resignó a la idea de que no podía hacer nada al respecto. Pudimos ver su impotencia por primera vez, su vulnerabilidad y su falta de recursos reales como para someternos. Se calmó, aceptó nuestra decisión y nos dio la mano. Nos pidió por favor que lo aguantemos unos días para poder acomodarse y por alguna razón aceptamos. Pero mi amigo no quería pasar ni un día más en ese infierno así que al otro día regresó solo al lugar para dejar bien claro que no volvería. Mientras tanto yo continué yendo hasta completar esa semana y tras unos días me fui sin despedirme.
El tipo nos dijo que nos convocaría para pagarnos lo que nos debía en los días próximos pero jamás lo hizo, nosotros nunca reclamamos nada con tal de no volver a verle la cara.

El tiempo pasó y pudimos reflexionar bastante acerca de lo que nos había sucedido… nos dimos cuenta de que podríamos haber tomado el control de la situación desde mucho antes, podríamos haber exigido lo que nos correspondía o denunciado la semejante atrocidad. Pero el miedo nos paralizó y dejamos que nos manipularan. Con el tiempo desarrollamos una especie de síndrome de Estocolmo que nos hacía quedarnos a pesar del maltrato. Lamentablemente vivimos en una sociedad en donde la corrupción y el chantaje dominan todos los ámbitos y en donde las personas con autoridad son inmunes. Mi consejo es no caer en lugares en donde halla gente así, porque por más que uno quiera a veces es poco lo que se puede hacer al respecto porque esas personas generalmente tienen la espalda cubierta y cualquier acción en contra de ellos puede perjudicarnos más de lo que puede ayudarnos.

Por último les quiero contar que estas experiencias no acaban cuando uno se va, las inseguridades, el rencor y la desconfianza te persiguen por siempre, el autoestima queda por los suelos y el entusiasmo y la motivación se atenúan bastante.
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