En Hambre de poder, que estrena el jueves, encarna al hombre que volvió a McDonalds una franquicia internacional. Candidato a un Oscar, estuvo en los 80 en nuestro país rodando una película de Ron Howard.
En fantástica forma, delgado, de remera y jeans negros, híper activo, Michael Keaton enfrenta a los 65 una vez más la tarea de promocionar una de sus películas siendo quién es, nada de agregar misterio, despojado de todo farandulismo. Si hasta parece asombrado de que muchos piensen que es un actor ultra talentoso…
“A veces miro mis películas y si hay alguna escena mía que me gusta, me doy una palmadita. Estuviste bien, me digo. Pero puedo volverme loco cuando veo una en la que pude haber estado mejor”, asegura a propósito de una escena en la que habla a cámara al comienzo de Hambre de poder y que cree debió haber repetido. En este drama interpreta a Ray Kroc, un avispado vendedor que fundó la franquicia de comida rápida de McDonald’s sacando del medio a sus verdaderos creadores, los hermanos McDonald.
Michael Keaton estaba en medio de la temporada de premios que coronó con un Oscar a Birdman, la película de Alejandro González Iñárritu, que casi le dio también un Oscar a él como mejor actor en 2015, cuando el director John Lee Hancock lo buscó para ofrecerle el protagónico de Hambre de poder.
“Sólo él podía hacerlo, Michael es igual a Ray Kroc, porque cualquier habitación se ilumina en su presencia”, dice Hancock. Pero Keaton, que estaba a punto de transformarse en un periodista del Boston Globe en En primera plana, la película que ganaría también un Oscar al año siguiente, dice haber puesto una sola condición.
“Yo no quería endulzar al personaje para que la gente lo amara al final, el tipo estaba ahí con sus contradicciones y me interesó mostrar eso”, le comenta el actor a Clarín en Los Angeles, un rato antes de recordar que estuvo pescando en la Argentina cuando filmó una escena de una película de Ron Howard en 1986 y de hablar bien de Armando Bo y Nicolás Giacobone, los guionistas argentinos de Birdman.