Dicen que un clavo saca a otro clavo y creo que dependiendo de como se interprete esto cierto. Todo depende de como sea el nuevo clavo y de cuanto tiempo clavado lleve el clavo viejo. Meses después de terminada la relación con Agustina yo me encontraba en pleno proceso de recuperación, trabajando día a día en recuperarme. El proceso de desidealización de Agustina venía avanzando y los bajones eran cada vez menos frecuentes. Además me había comprado la segunda obra de Fabio Fusaro "La mujer de tus sueños"y estaba a full aprendiendo e internalizando la filosofía. Había entendido como resultar más atractivo para las mujeres y como conquistarlas. La cuestión es que un día como cualquier otro en el tren yo venía leyendo de dorapa una boludez de la facultad y veo una chica muy linda sentada cerquita. En un momento aparto la vista de mi apunte y veo que me está mirando. Hacemos contacto visual, le hago una breve sonrisa y sigo en la mía. Otro contacto visual más, mismo escenario. Al tercer contacto visual la mina rompe el hielo y me habla y se da la siguiente conversación. -Hola, disculpá que te miraba pero me llamó la atención lo que estabas leyendo. ¿Sos científico? -me dice la chica. -No, en realidad estudio ingeniería pero esto que estaba leyendo es de una materia que se llama Física Electrónica y es parte de la base científica de la carrera. -¡Ay, que interesante! Yo estudio Derecho pero esas cosas científicas siempre me dieron curiosidad. -Se desocupa el asiento al lado de ella.- Vení, sentate. Yo por dentro mío no lo podía creer. La mina con la mejor onda, hermosa, inteligente. ¡Y estaba hablando conmigo! Dos miradas, sonreír con seguridad, tener actitud (no mearse encima ni ponerse nervioso) y cuidar la apariencia habían servido para un encare exitoso en medio del tren. Más hablábamos mejor me caía. Nos contamos donde vivíamos, que estudiábamos, de que trabajábamos, que intereses teníamos. Nos bajamos del tren y seguimos charlando caminando juntos por el andén hasta atravesar los molinetes. Era el momento de despedirnos. Ella se queda parada mirándome con una sonrisa que debo reconocer que me encantó. Finalmente me dice sonriendo "bueno, fue un gusto conocerte" me da un beso en la mejilla y nos vamos cada uno por su lado. Y acá es donde viene el premio al boludo del siglo. El pibe por cagón no se animó a pedirle el número del celular. Bastaba con un simple "Un gusto conocerte. Si tenés ganas de seguir charlando otro día dame tu número y te llamo", pero no. El pibe SE CAGÓ y no se animó. Ni el nombre le sacó. Y bueno, todo bien no iba a salir a la primera. Los bueno de todo fracaso es que siempre se puede capitalizar algo y encontrar un lado bueno. Si bien no me llevé el teléfono de la chica ni mucho menos empezamos una relación de pareja, ese día me ayudó a bajar a las mujeres de un pedestal. Para verlas y a tratarlas de igual a igual, con seguridad, con actitud. Me sentía Maradona después de gambetearse a los ingleses, con la diferencia de que yo me asusté a último momento y no pateé al arco. No hice el gol. Sabía que la próxima vez iba a tener la seguridad de que podía gambetearme a todos los ingleses, pues ya lo había logrado una vez. Pero la próxima voy a patear, así la mande a la tribuna la próxima pateo. Y como si fuera poco ese día pasó algo muy importante en mi recuperación sin darme cuenta. Ese día fue el primer día que no pensé en Agustina ni una vez en todo el día. Y eso pasó porque pensé el resto del día en esta otra chica. ¡¡¡VAAAAAAMO NEEENE!!!
Que tren, que tren (relato de un fusariano)
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