Bienvenidos a mi post
Para ambientar
Las lágrimas y la triste historia del último emperador bizantino.

Constantino XI
Nos situamos en Constantinopla, abril de 1453. La bella ciudad , último bastión de la cristiandad oriental está a punto de caer en manos de los otomanos y cambiar para siempre la historia. El protagonista de esta historia, su emperador: el último de Bizancio, Constantino XI. Corría el mes de abril cuando la flota otomana, monstruosa en tamaño (100 barcos) se acercaba peligrosamente a los bordes de la ciudad para imponer un bloqueo.
Constantino, solicitó ayuda a Occidente pero estos le dieron la espalda, el único apoyo que encontró fue en sus antiguos enemigos: los genoveses y los venecianos quienes accedieron al pedido en pos de defender al cristianismo. Unos 2.000 genoveses y venecianos arribaron a la ciudad antes que fuera completamente rodeada y se sumaron a las filas de la defensa con 16 barcos, más los 10 que poseía Bizancio, cifra diminuta al lado de la flota otomana que rodeó la ciudad . Los venecianos prometieron enviar 30 barcos y casi 5.000 defensores más en las próximas semanas, sin embargo esto no ocurriría. Los otomanos rodearon con 150.000 hombres la ciudad , mientras los defensores de la cristiandad eran 5.000 bizantinos y 2.000 genoveses-venecianos; algo que firmaba de antemano la derrota que para muchos era inminente. El sultán otomano envió una carta a Constantino solicitando la rendición, pero Constantino contestó lo siguiente: “Darle la ciudad no es mi decisión ni la de ninguno de sus habitantes; hemos decidido, por nuestra propia voluntad, combatir y no salvar nuestras vidas”. La batalla comenzó al día siguiente.
Los otomanos abrieron fuego con toda su artillería pesada, derribando en muchos puntos los enormes muros defensivos de la ciudad , para ello, su líder y emperador, Constantino, dividió diferentes grupos y alentándolos comenzó la defensa personalmente. Con el pasar de los días, los otomanos no podían romper las defensas bizantinas. Los antiguos enemigos, italianos y bizantinos se unieron y lucharon cuerpo a cuerpo dejando diferencias de lado. Se calcula que 1.000 defensores y 7.000 otomanos murieron en la primera semana de asedio. A finales de abril, los otomanos aumentaron su presencia en el mar, y la ciudad pasó a estar bajo asedio en todos los frentes. El emperador perdía las esperanzas que la flota veneciana llegara pero creía que un milagro era posible.
Todo se derrumbó el 3 de mayo, cuando un barco veneciano camuflado con bandera otomano arribó al puerto de la ciudad con 12 hombres. Las malas noticias llegaron: ningún barco veneciano llegaría, ni ningún hombre más pondría un pie en la ciudad , el cerco era enorme y sería una carnicería solo intentar romper el asedio desde afuera. Constantino consternado, miró a los doce hombres y les agradeció con un cálido abrazo mientras según las crónicas, lloraba desconsoladamente al saber que estaban completamente solos. Las lágrimas duraron pocos minutos, Constantino cargó su escudo y fue a pie junto a sus soldados a defender el Este de la ciudad donde se reanudaría un ataque otomano a la medianoche. Hacia el 26 de mayo, 2.500 defensores y 17.000 otomanos habían muerto, cuando Mehmed II, sultán otomano decidió el asalto final a la ciudad , cuyas murallas ya no existían más debido al brutal asedio. Los otomanos dedicaron todo el 27 de mayo para rezar a Ala y los cristianos decidieron realizar una última misa en la Iglesia de Santa Sofía. Constantino pronunció: “Mis señores, mis hermanos, mis amigos. El último honor de los cristianos está en nuestras manos. Morir a su lado es mi mayor legado. Pido disculpas por cualquier insulto que les haya hecho a ustedes en vida, es el momento de decirlo porque se avecina la batalla final, ustedes pasaran a la historia, el cristianismo nunca los olvidará. Salud a ustedes! Vida eterna a Bizancio!”. Acto seguido, Constantino, dejó sus vestimentas de emperador y se vistió como un soldado más.

Partió hacía las murallas junto con su mejor amigo Jorge Frantzes a defender la última posición. Los otomanos emprendieron el asalto final, el propio Emperador con sus manos asesinó a decenas de guerreros otomanos, en una lucha dispar. Pero al mediodía, todo terminó. Mehmed II envió a su cuerpo de elite: los Jenízaros, quienes barrieron las filas de los últimos defensores cristianos. Herido con dos cortes en el pecho en plena batalla, Constantino luchó hasta su último suspiro con sus hombres y fue muerto en combate en la puerta de San Romano. La batalla finalizó a las 20 horas, con la rendición del último bastión del cristianismo en Oriente. Unos 4.000 soldados cristianos murieron frente a 25.000 otomanos.
Constantinopla finalmente fue tomada por el Imperio otomano y con la caída de la ciudad , el Imperio bizantino, el Imperio romano en oriente, continuador del gran Imperio romano clásico, había dejado de existir.
Fin del post
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Las lágrimas y la triste historia del último emperador bizantino.

Constantino XI
Nos situamos en Constantinopla, abril de 1453. La bella ciudad , último bastión de la cristiandad oriental está a punto de caer en manos de los otomanos y cambiar para siempre la historia. El protagonista de esta historia, su emperador: el último de Bizancio, Constantino XI. Corría el mes de abril cuando la flota otomana, monstruosa en tamaño (100 barcos) se acercaba peligrosamente a los bordes de la ciudad para imponer un bloqueo.
Constantino, solicitó ayuda a Occidente pero estos le dieron la espalda, el único apoyo que encontró fue en sus antiguos enemigos: los genoveses y los venecianos quienes accedieron al pedido en pos de defender al cristianismo. Unos 2.000 genoveses y venecianos arribaron a la ciudad antes que fuera completamente rodeada y se sumaron a las filas de la defensa con 16 barcos, más los 10 que poseía Bizancio, cifra diminuta al lado de la flota otomana que rodeó la ciudad . Los venecianos prometieron enviar 30 barcos y casi 5.000 defensores más en las próximas semanas, sin embargo esto no ocurriría. Los otomanos rodearon con 150.000 hombres la ciudad , mientras los defensores de la cristiandad eran 5.000 bizantinos y 2.000 genoveses-venecianos; algo que firmaba de antemano la derrota que para muchos era inminente. El sultán otomano envió una carta a Constantino solicitando la rendición, pero Constantino contestó lo siguiente: “Darle la ciudad no es mi decisión ni la de ninguno de sus habitantes; hemos decidido, por nuestra propia voluntad, combatir y no salvar nuestras vidas”. La batalla comenzó al día siguiente.
Los otomanos abrieron fuego con toda su artillería pesada, derribando en muchos puntos los enormes muros defensivos de la ciudad , para ello, su líder y emperador, Constantino, dividió diferentes grupos y alentándolos comenzó la defensa personalmente. Con el pasar de los días, los otomanos no podían romper las defensas bizantinas. Los antiguos enemigos, italianos y bizantinos se unieron y lucharon cuerpo a cuerpo dejando diferencias de lado. Se calcula que 1.000 defensores y 7.000 otomanos murieron en la primera semana de asedio. A finales de abril, los otomanos aumentaron su presencia en el mar, y la ciudad pasó a estar bajo asedio en todos los frentes. El emperador perdía las esperanzas que la flota veneciana llegara pero creía que un milagro era posible.
Todo se derrumbó el 3 de mayo, cuando un barco veneciano camuflado con bandera otomano arribó al puerto de la ciudad con 12 hombres. Las malas noticias llegaron: ningún barco veneciano llegaría, ni ningún hombre más pondría un pie en la ciudad , el cerco era enorme y sería una carnicería solo intentar romper el asedio desde afuera. Constantino consternado, miró a los doce hombres y les agradeció con un cálido abrazo mientras según las crónicas, lloraba desconsoladamente al saber que estaban completamente solos. Las lágrimas duraron pocos minutos, Constantino cargó su escudo y fue a pie junto a sus soldados a defender el Este de la ciudad donde se reanudaría un ataque otomano a la medianoche. Hacia el 26 de mayo, 2.500 defensores y 17.000 otomanos habían muerto, cuando Mehmed II, sultán otomano decidió el asalto final a la ciudad , cuyas murallas ya no existían más debido al brutal asedio. Los otomanos dedicaron todo el 27 de mayo para rezar a Ala y los cristianos decidieron realizar una última misa en la Iglesia de Santa Sofía. Constantino pronunció: “Mis señores, mis hermanos, mis amigos. El último honor de los cristianos está en nuestras manos. Morir a su lado es mi mayor legado. Pido disculpas por cualquier insulto que les haya hecho a ustedes en vida, es el momento de decirlo porque se avecina la batalla final, ustedes pasaran a la historia, el cristianismo nunca los olvidará. Salud a ustedes! Vida eterna a Bizancio!”. Acto seguido, Constantino, dejó sus vestimentas de emperador y se vistió como un soldado más.

Partió hacía las murallas junto con su mejor amigo Jorge Frantzes a defender la última posición. Los otomanos emprendieron el asalto final, el propio Emperador con sus manos asesinó a decenas de guerreros otomanos, en una lucha dispar. Pero al mediodía, todo terminó. Mehmed II envió a su cuerpo de elite: los Jenízaros, quienes barrieron las filas de los últimos defensores cristianos. Herido con dos cortes en el pecho en plena batalla, Constantino luchó hasta su último suspiro con sus hombres y fue muerto en combate en la puerta de San Romano. La batalla finalizó a las 20 horas, con la rendición del último bastión del cristianismo en Oriente. Unos 4.000 soldados cristianos murieron frente a 25.000 otomanos.
Constantinopla finalmente fue tomada por el Imperio otomano y con la caída de la ciudad , el Imperio bizantino, el Imperio romano en oriente, continuador del gran Imperio romano clásico, había dejado de existir.
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