Heoibikuni, el oficio para solucionar la vergüenza de los pedos en la aristocracia japonesa
Heoibikuni
Cuando nos remitimos a detalles culturales de Japón en su periodo de paz y plenitud, nos encontramos con un sin número de creaciones, inventos, oficios y artes que no solo producen fascinación, algunos son realmente sorprendentes. Es el caso del Heoibikuni un oficio que surge durante el periodo Edo (entre 1603 y 1868) con el shogunato del Clan Tokugawa.
Una época de paz en la que vuelven a resurgir las artes y los buenos modales de la burguesía, un modelo ejemplar de seres humanos refinados, bellos y correctos como los que se conocieron en el Heian. Sin embargo, hay cosas que por mas refinado que seas son inevitables y para muchos te hacen quedar como el mas desagradable, indecente o inculto; hablamos del tan humano, animal, sonoro y oloroso “PEDO”
En la historia
Fueron muchas las ceremonias del té, negociaciones o casamientos que se vieron interrumpidos por ese sonoro viento que despedimos del trasero. Pueden imaginar ¿Cómo es la impresión de los asistentes a una reunión al percatarse de que las hermosas Geisha, tan ornamentadas y bien vestidas con exuberantes Kimono, involuntariamente sean las emisoras, de ese desagradable sonido que retumba el eco de una ceremonia de Té? Aquí es cuando los ingeniosos Japoneses crearon el oficio mas penoso de su historia.
Las Heoibikuni, siempre acompañaban a las damas de la aristocracia japonesa como damas de compañía, y eran las encargadas de atribuirse los pestilentes y sonoros pedos de su señora cuando estos fueran inevitables en una reunión social. Las elegantes señoras eran el ideal de belleza y el trabajo de sus heoibikuni era hacerles pensar a las demás personas, que hasta sus vientos sonaban a trinos de ruiseñor y olían a violetas; para ello se atribuían los pedos de su señora y se disculpaban insistentemente como si realmente fueran ellas las culpables.
Fue gracias a las heoibikuni que muchas elegantes damas superaron la humillación en la corte, en la reunión de presentación de su esposo y se sabe que incluso mas de un matrimonio llegó a buen termino gracias a la astuta intromisión de su dama de compañía en el momento preciso en que un viento mal habido pretendía dañar el instante de silenció y olor a té.
Heoibikuni
Cuando nos remitimos a detalles culturales de Japón en su periodo de paz y plenitud, nos encontramos con un sin número de creaciones, inventos, oficios y artes que no solo producen fascinación, algunos son realmente sorprendentes. Es el caso del Heoibikuni un oficio que surge durante el periodo Edo (entre 1603 y 1868) con el shogunato del Clan Tokugawa.
Una época de paz en la que vuelven a resurgir las artes y los buenos modales de la burguesía, un modelo ejemplar de seres humanos refinados, bellos y correctos como los que se conocieron en el Heian. Sin embargo, hay cosas que por mas refinado que seas son inevitables y para muchos te hacen quedar como el mas desagradable, indecente o inculto; hablamos del tan humano, animal, sonoro y oloroso “PEDO”
En la historia
Fueron muchas las ceremonias del té, negociaciones o casamientos que se vieron interrumpidos por ese sonoro viento que despedimos del trasero. Pueden imaginar ¿Cómo es la impresión de los asistentes a una reunión al percatarse de que las hermosas Geisha, tan ornamentadas y bien vestidas con exuberantes Kimono, involuntariamente sean las emisoras, de ese desagradable sonido que retumba el eco de una ceremonia de Té? Aquí es cuando los ingeniosos Japoneses crearon el oficio mas penoso de su historia.
Las Heoibikuni, siempre acompañaban a las damas de la aristocracia japonesa como damas de compañía, y eran las encargadas de atribuirse los pestilentes y sonoros pedos de su señora cuando estos fueran inevitables en una reunión social. Las elegantes señoras eran el ideal de belleza y el trabajo de sus heoibikuni era hacerles pensar a las demás personas, que hasta sus vientos sonaban a trinos de ruiseñor y olían a violetas; para ello se atribuían los pedos de su señora y se disculpaban insistentemente como si realmente fueran ellas las culpables.
Fue gracias a las heoibikuni que muchas elegantes damas superaron la humillación en la corte, en la reunión de presentación de su esposo y se sabe que incluso mas de un matrimonio llegó a buen termino gracias a la astuta intromisión de su dama de compañía en el momento preciso en que un viento mal habido pretendía dañar el instante de silenció y olor a té.