Un contacto, de esos que experimentan una furia insólita contra supuestos "robos" del gobierno anterior que no le constan, que canaliza su ira golpeando frenéticamente la tecla de la letra "k", que se expresa constantemente desde hace años con sarcasmos y risitas, me hace un planteo muy interesante.
El sujeto, furioso con la tiranía de Venezuela que estaría robándole también al pueblo desde hace quince años, me espeta que nadie "va a ponerse a producir y arriesgar capital para que venga el Estado a robarle mas de la mitad".
Aclaro que no se trata de un multimillonario, ni un banquero, ni un Ceo corporativo, sino de un sujeto asalariado.
¿Quién sería el nadie que produce y arriesga capital?
¿El?
¿Qué es el capital?
La inmensa mayoría de personas sobre la Tierra no tiene capital de nada. Es decir, algunos de esa mayoría logran tener una vida minimamente confortable y ahorrar algo, quizás tener una casa y algunos elementos de confort.
Ninguno de ellos estaría en las condiciones de "arriesgar capital" para nada.
El capital, es decir, una masa acumulada de dinero que encuadraría en ese concepto, sólo lo poseen un pequeño grupo de empresas, corporaciones empresarias y millonarios.
El resto se divide entre quienes no tienen nada y venden su fuerza de trabajo personal para negocios ajenos, y algunos intermedios que pueden emprender negocios en pequeña escala.
Nadie de ellos puede, por caso, producir hidrocarburos, automóviles, electrónica.
Y estos últimos van en acelerado descenso conforme avanza el poder financiero en el planeta, el cual va concentrando cada día más el dinero en pocas corporaciones.
Quienes tienen la ilusión de llegar desde la nada a ser un zar de la industria, es que no han comprendido aún el rumbo de la humanidad.
Nuestros descendientes, si logran sobrevivir, serán cada vez más esclavos al servicio de una matrix centralizada.
Y los que poseen el gran capital son fundamentalmente los bancos. Es decir, quienes hacen el mayor negocio de la humanidad a costa de someter al resto a sus caprichos. A imponer las condiciones que se les canten sin el menor criterio de convivencia o comunidad.
Sin embargo, esos dueños del capital, un ente ficticio simbólico que sólo sostiene su poder en la credulidad de la mayoría, dado que se trata sólo de papelitos y asientos electrónicos, logran que el resto defienda sus intereses y repita sus consignas.
Como lo hace aquí este sujeto, creyéndose banquero.
En Venezuela, el gran capital era petrolero.
Desde hace casi un siglo, cuando comenzó la explotación masiva del petróleo venezolano, toda la estructura productiva y financiera del país fué apropiada por la Standard Oil y la Shell, dos de las "Siete hermanas", y una de ellas propiedad del magnate que dominó el 80% del negocio petrolero mundial.
Eran ellos, una pequeña oligarquía local que estaba a su servicio, una casta menor de comerciantes y financistas que les daban lo necesario, y el resto.
Y ese resto, el pueblo, era pobre.
Cuando llega el chavismo a Venezuela, ese resto comienza a tener vida de clase media, los bancos pierden negocio, la deuda se comienza a cancelar y el concepto de "democracia" comienza a dejar de ser sólo un cliché publicitario y tomar sentido económico y moral.
Las petroleras, los bancos, los oligarcas, los lacayos de ese antiguo régimen de miseria, entran en guerra.
Mas el dinero sólo no logra nada.
El dinero es unicamente un motivador de voluntades. Se requiere la voluntad humana para construir o para destruir.
Y para aplicar esos conceptos a una nación se requieren muchas voluntades, de muchas personas.
En esa necesidad comienza el trabajo de construir voluntades de los dominados.
Lograr que el pobre se rebele contra su propio interés y defienda el de su antiguo amo, aquel que lo hizo pobre.
Eso se logra con dinero, con publicidad, con acciones económicas y financieras.
Con engaños. Y con ilusos que los creen y los repiten.
Usando todo eso con las técnicas adecuadas, persistiendo si detenerse en el tiempo, se termina logrando que un empleado que recibe migajas crea que es el dueño de la empresa, o que lo será algún día.
Que defienda el interés de aquel que lo perjudica.
Aquel que podría no perjudicarlo sino ganar compartiendo, mas elige acumular desproporcionadamente a costa de producir pobreza.
Y así surgen entonces sujetos como éste que no tienen ni tendrán jamás "capital" alguno para invertir en nada significativo, sentándose en el sillón de Rockefeller o de Rotschild, diciéndonos que nadie va a invertir si el Estado se queda con la mitad.
Son los eternos lúmpenes.
Por: Martín Alcala
El sujeto, furioso con la tiranía de Venezuela que estaría robándole también al pueblo desde hace quince años, me espeta que nadie "va a ponerse a producir y arriesgar capital para que venga el Estado a robarle mas de la mitad".
Aclaro que no se trata de un multimillonario, ni un banquero, ni un Ceo corporativo, sino de un sujeto asalariado.
¿Quién sería el nadie que produce y arriesga capital?
¿El?
¿Qué es el capital?
La inmensa mayoría de personas sobre la Tierra no tiene capital de nada. Es decir, algunos de esa mayoría logran tener una vida minimamente confortable y ahorrar algo, quizás tener una casa y algunos elementos de confort.
Ninguno de ellos estaría en las condiciones de "arriesgar capital" para nada.
El capital, es decir, una masa acumulada de dinero que encuadraría en ese concepto, sólo lo poseen un pequeño grupo de empresas, corporaciones empresarias y millonarios.
El resto se divide entre quienes no tienen nada y venden su fuerza de trabajo personal para negocios ajenos, y algunos intermedios que pueden emprender negocios en pequeña escala.
Nadie de ellos puede, por caso, producir hidrocarburos, automóviles, electrónica.
Y estos últimos van en acelerado descenso conforme avanza el poder financiero en el planeta, el cual va concentrando cada día más el dinero en pocas corporaciones.
Quienes tienen la ilusión de llegar desde la nada a ser un zar de la industria, es que no han comprendido aún el rumbo de la humanidad.
Nuestros descendientes, si logran sobrevivir, serán cada vez más esclavos al servicio de una matrix centralizada.
Y los que poseen el gran capital son fundamentalmente los bancos. Es decir, quienes hacen el mayor negocio de la humanidad a costa de someter al resto a sus caprichos. A imponer las condiciones que se les canten sin el menor criterio de convivencia o comunidad.
Sin embargo, esos dueños del capital, un ente ficticio simbólico que sólo sostiene su poder en la credulidad de la mayoría, dado que se trata sólo de papelitos y asientos electrónicos, logran que el resto defienda sus intereses y repita sus consignas.
Como lo hace aquí este sujeto, creyéndose banquero.
En Venezuela, el gran capital era petrolero.
Desde hace casi un siglo, cuando comenzó la explotación masiva del petróleo venezolano, toda la estructura productiva y financiera del país fué apropiada por la Standard Oil y la Shell, dos de las "Siete hermanas", y una de ellas propiedad del magnate que dominó el 80% del negocio petrolero mundial.
Eran ellos, una pequeña oligarquía local que estaba a su servicio, una casta menor de comerciantes y financistas que les daban lo necesario, y el resto.
Y ese resto, el pueblo, era pobre.
Cuando llega el chavismo a Venezuela, ese resto comienza a tener vida de clase media, los bancos pierden negocio, la deuda se comienza a cancelar y el concepto de "democracia" comienza a dejar de ser sólo un cliché publicitario y tomar sentido económico y moral.
Las petroleras, los bancos, los oligarcas, los lacayos de ese antiguo régimen de miseria, entran en guerra.
Mas el dinero sólo no logra nada.
El dinero es unicamente un motivador de voluntades. Se requiere la voluntad humana para construir o para destruir.
Y para aplicar esos conceptos a una nación se requieren muchas voluntades, de muchas personas.
En esa necesidad comienza el trabajo de construir voluntades de los dominados.
Lograr que el pobre se rebele contra su propio interés y defienda el de su antiguo amo, aquel que lo hizo pobre.
Eso se logra con dinero, con publicidad, con acciones económicas y financieras.
Con engaños. Y con ilusos que los creen y los repiten.
Usando todo eso con las técnicas adecuadas, persistiendo si detenerse en el tiempo, se termina logrando que un empleado que recibe migajas crea que es el dueño de la empresa, o que lo será algún día.
Que defienda el interés de aquel que lo perjudica.
Aquel que podría no perjudicarlo sino ganar compartiendo, mas elige acumular desproporcionadamente a costa de producir pobreza.
Y así surgen entonces sujetos como éste que no tienen ni tendrán jamás "capital" alguno para invertir en nada significativo, sentándose en el sillón de Rockefeller o de Rotschild, diciéndonos que nadie va a invertir si el Estado se queda con la mitad.
Son los eternos lúmpenes.
Por: Martín Alcala