El maltrato y el abuso sexual a menores se ha cobrado casi 5.000 víctimas en lo que va de año y más de 20.000 en 2016. El sábado, una bebé de cuatro meses fue agredida y violada por un soldado
Desnutrida, con trauma craneoencefálico severo, múltiples heridas, parte de uno de sus dedos mutilado y signos de haber sido violada. Con solo tres años de edad, Sarita no pudo salvar la vida después de llegar el sábado de madrugada al hospital de Ibagué, en la región Centro-Oeste de Colombia.
El lunes pasado fue enterrada entre gritos de "¡Justicia!" en el cementerio de Armero Guayabal, según cuenta el diario colombiano El Espectador. Pero la mayor tragedia en Colombia es saber que su caso no será el último, como tampoco ha sido el primero, de 2017.
También el pasado domingo, una bebé de cuatro meses de edad fue violada y agredida en el departamento de Meta. Un soldado fue detenido y aceptó los cargos por acceso carnal violento agravado por tentativa de feminicidio.
El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) registró tan solo en 2017 4.889 casos de maltrato infantil y violencia sexual. En 2016, fueron 10.786 denuncias por violencia sexual y 11.032 por maltrato infantil en toda Colombia, según la misma institución citada por El Espectador.
Las explicaciones de la cuidadora de la niña, Ángela Guerra, eran contradictorias según el médico Juan David Pabón, que la atendió. Dijo que se había caído de la cama.
La madre de Sarita, Ruth Salazar, sufría estrecheces económicas y dio a su último hijo en adopción, según contó durante el sepelio el sacerdote de Armero también a El Espectador. Cuando llegó al entierro, Salazar tuvo que ser escoltada por la policía ante los gritos de "¡asesina!" de parte de la comunidad.
Un grupo especial de la policía fue creado para investigar lo sucedido.
Vecinos de Armero y las redes sociales han pedido para el caso la misma celeridad que en la investigación por la muerte de la menor Yuliana Andrea Samboni, secuestrada, torturada, violada y asesinada en la puerta de su casa en la localidad de Chapinero, al norte de Bogotá, en diciembre del pasado año.
El arquitecto de 37 años Rafael Uribe confesó el pasado mes de enero el crimen, que dijo haber cometido "en un momento de locura" y bajo los efectos de la cocaína y el alcohol.