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Como Alemania pudo ganar la segunda guerra parte 4 - Hitler

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Note que en el ultimo post le tire mierda al Führer, pero la verdad que si era un gran estratega, aquí veremos que el pudo ganar la guerra sin ayuda, si no fuera por sus generales pechos fríos.
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Música para ambientar








Sacado del libro del ilustre escritor mexicano Salvador Borrego adolf hitler

OFENSIVA "AMARILLO", POSIBLE Y DECISIVA

Aunque Inglaterra y Francia le habían declarado la guerra a Alemania el 3 de septiembre (1939), en octubre aún no daban trazas de atacar. El ejército inglés apenas empezaba a llevar tropas a suelo francés.

Hitler consideró que era el momento más favorable para lanzarse sobre Francia (Ofensiva "Amarillo" y así se lo hizo saber al general Halder, jefe del Estado Mayor General, y al general Brauchitsch, jefe del Ejército. Ambos se inclinaban por continuar las gestiones de paz.

Hitler contestó que ya había tendido su mano varias veces animado por deseos de paz y amistad, y que en cada ocasión le habían contestado con un puñetazo en los ojos. Inglaterra insistía en el caso de Polonia, pero él, Hitler, planeaba restablecer el Estado polaco; no tenía el menor deseo de "empacharse con polacos". A Inglaterra no se le reclamaban sus atropellos en la India, Egipto y Palestina, pero todo era inútil. Inglaterra quería proseguir la guerra contra Alemania. En consecuencia, a fines de septiembre Hitler ordenó al Estado Mayor General que preparara la ofensiva sobre Francia (llamada Operación Amarillo). En un memorándum especificaba que la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) se encontraban en su punto más alto, después de su victoria en Polonia y que era el momento de capitalizar lo logrado. Había que aprovechar la superioridad aérea alemana, que era temporal, y lanzarla concentradamente contra las fuerzas enemigas, no contra ciudades.

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Por su parte, los tanques avanzarían adelante de la infantería sin pasar por el laberinto de las ciudades, sino rodeándolas. Los franceses tenían superioridad numérica en tropas y en tanques, pero manejaban éstos con la táctica antigua de vincularlos al paso de la infantería. Además, el tiempo trabajaba en favor de los aliados; más tropas inglesas iban llegando a Francia y era posible que atacaran a Alemania en su talón de Aquiles, o sea la cuenca del Rhur.

Pero nada de esto convencía al jefe del Estado Mayor General, Franz Halder, ni al jefe del Ejército, general Brauchitsch. Tampoco al general Von Leeb, comandante de un grupo de ejércitos, ni a su compañero Von Bock. Todos ellos habían participado en la campaña de Polonia porque creían que el pacto de no agresión firmado con la URSS evitaría que Inglaterra y Francia entraran en la guerra; porque la potencia polaca era inferior a la alemana y porque las demandas que se le hacían eran evidentemente justas, como las de construir una ferrovía y una carretera a través de territorio que había sido alemán y que, al cercenársele en la pasada guerra había dejado a Alemania separada de su provincia de Prusia.

Hitler insistía en que las circunstancias en 1939 eran diferentes. La guerra relámpago (blitzkrieg) tomaría de sorpresa a los anglobritánicos, en combinación con los aviones Stuka que atacaban en picada, con precisión sobre los objetivos militares. Sólo el almirante Raeder, jefe de la Marina, estuvo de acuerdo con Hitler. Sí—decía— es el momento de un ataque masivo. "Cuanto antes venzamos, más breve será la guerra y menores las bajas."

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Hitler fijó el 12 de noviembre para iniciar la ofensiva. Ante la resistencia del Estado Mayor, que invocó el mal tiempo, la fecha se pospuso para el día 17. Los generales Kluge y Reichenau tampoco creían en que se pudiera vencerá Francia. De todos era sabido que la poderosa Línea Maginot, erigida por Francia, era prácticamente invencible, pues se calculaba que escindirla costaría un millón de bajas. Por ahí "Amarillo" sólo realizaría un simulacro, a cargo del general Von Leeb. El ataque principal pasaría por Bélgica, y para cubrir ese flanco se invadiría también a Holanda. Al general Von Leeb y a varios comandantes les parecía que eso era violar principios, ya que ambos países eran neutrales.
¡Nada de neutrales!, decía Hitler. La reina Guillermina de Holanda se entendía con Londres, y algo parecido ocurría con el rey Leopoldo III de Bélgica. Sus cañones apuntaban hacia Alemania. Y cuando aviones alemanes sobrevolaban esos territorios para tomar fotos de Inglaterra, salían aviones a tratar de derribarlos, lo cual no ocurría cuando aviones ingleses pasaban para tomar fotos de Alemania.

El jefe del Estado Mayor, general Halder, señalaba que el paso por Bélgica tropezaba con la poderosa fortaleza de Eben Emael, cuya artillería de grueso calibre no podría ser anulada mediante bombardeo aéreo. Hitler pidió fotos, características, etc., y dijo que la fortaleza podía ser capturada por tropas llevadas en planeadores. Descenderían en el techo de Eben Emael y lanzarían poderosas granadas por las amplias hendiduras de los grandes cañones.

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—Vamos a ganar, incluso contradiciendo a cien doctrinas" de Estado Mayor—, dijo Hitler al general Jodl

Hasta el mariscal Goering llegó a abrigar dudas. Hitler les hacía ver a todos que la neutralidad de la URSS era temporal y que urgía aprovecharla. En efecto, Stalin había decidido que primero se hicieran pedazos angloamericanos y alemanes, y él entraría al final para recoger todo el botín. Pero nada convencía ni al Estado Mayor ni a los altos mandos. Así se iba perdiendo tiempo. Alguien puede preguntarse: ¿Por qué Hitler, siendo dictador, trataba de persuadir al alto mando en vez de someterlo? Era dictador, pero no tanto. No como Stalin, que al desconfiar del mariscal Tujachevky lo hizo fusilar junto con sus amigos y sus presuntos amigos, desde generales y coroneles hasta mayores y capitanes, en una "purga" que fue calculada en veinte mil ejecuciones. Churchill escribió que "no bajaba de cinco mil". En Alemania no era posible una cosa así, ni mucho menos. Hitler nunca pensó en fusilar a un general, ni siquiera a alguno de los muchos generales enemigos que hizo prisioneros. El 5 de noviembre el general Brauchitsch le llevó a Hitler datos y cifras recabados por el Estado Mayor, en el sentido de que el Ejército no estaba en buena forma para iniciar la ofensiva sobre Francia. Alegaba que en la campaña de Polonia hubo oficiales que perdieron el control de sus hombres y que se dieron casos de embriaguez y hasta de motines. Hitler levantó la voz, arrebató de las manos el memorando que el general llevaba y le exigió que identificara las unidades y el lugar donde habían ocurrido tales desórdenes, a fin de ir personalmente a confirmarlos. Von Brauchitsch titubeó, no pudo concretar nada, y visiblemente confundido fue a referirle al general Halder la penosa escena.

Hitler comentó con el general Westphal: "¿Qué clase de generales son estos a los que hay que empujar a la guerra, en lugar de que ellos sean los que lleven la iniciativa?" Por su parte, Inglaterra ya había tenido tiempo de enviar cinco divisiones (75,000 combatientes) para reforzar a Francia, y preparaba el envío de otras ocho. Francia había movilizado 110 divisiones y Bélgica 23. Von Brauchitsch y Halder pensaron en derrocar a Hitler, pero el general Fromm, jefe de las Fuerzas Domésticas, los disuadió haciéndoles ver que su plan no era viable. A regañadientes, el Estado Mayor General preparó el plan de la invasión de Francia, pero Hitler dijo que era el mismo que había fracasado en la Primera Guerra Mundial y que no tenía ningún factor sorpresa. En su lugar, Hitler trazó otro plan, según el cual la tenaza del sur sería la que llevara el golpeprincipal para envolver a los ej ércitos aliados. Sobre el particular cambió impresiones con el general Manstein, quien estuvo completamente de acuerdo con las razones expuestas por Hitler, y en consecuencia era indispensable colocar los ejércitos alemanes de diferente modo al adoptado por el Estado Mayor General, a cargo del general Halder. Entretanto, Hitler estuvo a punto de morir en la cervecería de Munich, donde se celebraba una ceremonia conmemorativa. Estalló una bomba minutos después de que él saliera y hubo 8 muertos y 6o heridos en el sitio donde él había hablado. El autor del atentado resultó ser un relojero plenamente identificado como marxista.

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"Amarillo", inicialmente fijada para el 12 de noviembre, se pospuso para el 3 de diciembre. Entre los generales prevalecía la idea de que Francia era una potencia de primer orden, con superioridad numérica sobre el Ejército alemán, y que allí no se podría repetir lo de Polonia. El alto mando francés tachaba de incompetente al mando polaco "por haber tratado de defender toda su frontera, en vez de concentrar sus fuerzas en los puntos esenciales," y decía que Francia tenía una estrategia muy diferente.


La alerta del 3 de diciembre también fue pospuesta. El Estado Mayor alegaba que ya Holanda conocía el plan alemán (cosa cierta debido a la infiltración del almirante Canaris), y que era necesario realizar maniobras para confundir al ejército holandés. El historiador inglés John Keegan, profesor de historia militar en la Real Academia Militar de Sandhurst, dice que Alemania perdió buenas oportunidades de atacar a Francia a fines de 1939. En estas fechas las tropas británicas aún no estaban preparadas. Y agrega: "Von Leeb, Brauchitsch y Halder trataron de persuadir a Hitler, no una vez, sino varias veces, de que la invasión de una potencia más fuerte como Francia por otra más débil como Alemania, estaba destinada al desastre. Al no poderlo convencer recurrieron a otros medios para retrasar el comienzo de la operación, poniendo sin ánimo diversos planes y saliendo al paso de propuestas más prometedoras, incluso del propio Hitler, con objeciones técnicas." En suma, Alemania perdía el tiempo manteniéndose a la defensiva después de su victoria en Polonia.

A fines de diciembre las nubes bajas y la niebla impedían que la Luftwaffe diera el planeado apoyo a las fuerzas de tierra, y "Amarillo" quedó aplazada para una fecha no determinada. Y así, durante el forcejeo de casi tres meses, Hitler perdió la oportunidad de vencer a Francia en 1939. Eso hubiera cambiado el curso de la guerra.

Que Hitler tenía razón se vio claramente cinco meses más tarde, cuando en mayo de 1940 derrotó a los ejércitos de Francia, Inglaterra, Bélgica y Holanda. Un total de 147 divisiones aliadas, vencidas por cien divisiones alemanas. En noviembre del año anterior hubiera sido más fácil.2

¡Y Alemania habría ganado un año!

Sí, un año, porque entonces la ofensiva contra la URSS empezaría en mayo de 1940, no en junio de 1941. En mayo del 40 Stalin no disponía del arsenal de EE.UU. El presidente Roosevelt se enfrentaba a problemas de su reelección y aún no terminaba de movilizar su producción de armas. En mayo de 1940 la URSS estaba sola.


CARL DÖNITZ TAMBIÉN TENÍA RAZÓN

Karl Dönitz
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Erich Raederalemania



A mediados de la década de 1930, en los altos mandos alemanes se discutió sobre la clase de programa a escoger. Hubo dos opiniones en aquel entonces: optar por una gran flota submarina destinada a atacar el comercio inglés o una gran flota para combatir a la Royal Navy.

El almirante Dónitz se inclinaba por el plan de los U-boots mientras que el Gran Almirante Erich Raeder tenía un plan encaminado a constituir una gran Flota Marítima. Aprovechando el desarrollo económico nacional hizo construir dos nuevos cruceros y tres "acorazados de bolsillo", de 10,000 toneladas cada uno.

Podía decirse que, hasta ahí, las necesidades de Alemania en el mar ya estaban cubiertas, aunque no en submarinos. Raeder creía que aumentando la flota de superficie podría enfrentarse ventajosamente a Inglaterra. En consecuencia, obtuvo que el mariscal Goering —administrador de materiales de guerra— le cediera 70,000 toneladas de acero para construir los cruceros pesados "Schamhorst" y "Gneisenau", de 34,000 toneladas cada uno. Esos dos barcos salieron por estrecha ruta para llegar al Atlántico y hundir mercantes enemigos, pero era imposible que regresaran a su base y tuvieron que refugiarse en el puerto francés de Brest, donde la aviación inglesa los bombardeó intensamente. El Gneisenau quedó fuera de servicio y su gemelo sobrevivió con graves daños. En ése momento, segundo año de la guerra, ya era evidente que la guerra se resolvería en tierra y no con acorazados. Pero Raeder insistió y obtuvo 80,000 toneladas más de acero para construir dos poderosos acorazados, el Bismarck y el Tirpitz. El Bismarck salió a cazar mercantes al Atlántico (como lo habían hecho infortunadamente los dos cruceros pesados); hundió a un acorazado británico y dañó a otro, pero luego sucumbió acosado por aviones y media docena de grandes barcos británicos.

adolf hitler


Cuando el primero de enero de 1943 Hitler volvió los ojos al mar se indignó sobremanera, dijo que ya había pasado el tiempo de los grandes barcos y ordenó desmantelar los que quedaban para usar sus cañones en donde fueran útiles. El gran almirante Raeder fue substituido por el almirante Doenitz, comandante de los submarinos. Hitler hizo ver que un submarino, de sólo 753 toneladas, era muchas veces superior a un acorazado.

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En suma, las 138,000 toneladas de acero utilizadas por Raeder para tan sólo 4 de sus barcos, habrían bastado para construir 2,500 tanques Panzer IV, de 23 toneladas cada uno, o sea el doble de los tanques empeñados en la invasión de la URSS. Y además, para botar cien submarinos como el U- 47 que el Cap. Prien llevó hasta la base británica de "Scapa FIow" donde hundió al acorazado "Royal Oak", de 33,500 toneladas. Doenitz logró que Hitler indultara a dos grandes barcos para darles una "segunda oportunidad". En cuanto al acorazado alemán Tirpitz de 45,000 toneladas, no llegó a hundir nada, pues aviones británicos lo hundieron con bombas de 5,500 kilos. Y el Scharnhorst pereció heroicamente en desigual batalla contra seis barcos británicos en el Círculo Polar Ártico, al tratar de interceptar un convoy que llevaba armas a la URSS.

De esa manera el plan del almirante Raeder—que se dejó avanzar inexplicablemente—, frustró la victoria alcanzable en 1941 sobre la URSS y grandes derrotas a las Armadas angloamericanas en el Atlántico cuando acarreaban armas y víveres para salvar al bolchevismo.



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