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Muxe': el tercer sexo.
Precisamente en México, el "país del machismo", existe una localidad que se diferencia claramente de su entorno: es Juchitán, la ciudad con más de dos sexos.

Por Veronika Bennholdt-Thomsen

Juchitán es diferente: esta ciudad, situada en el istmo de Tehuantepec, tiene unos 90.000 habitantes y no responde en ab¬soluto a la imagen que se tiene del país. Las mujeres gobier¬nan la vida económica y social y los hombres pueden, si asilo desean, presentarse abiertamente como mujer. Los muxe's (probablemente derivado del español "mujer" no sólo son aceptados en su diferencia, sino además apreciados. Tienen fama de ser muy trabajadores, hecho que no sorprende, ya que demuestran a la sociedad su condición de tercer sexo destacando en los sectores laborales de las mujeres. Como en Juchitán los trabajos que realizan las mujeres son muy valora¬dos, a los muxe's les resulta más fácil que en cualquier otro sitio abandonar la identidad sexual masculina. Las mujeres y los muxe's son comerciantes y artesanos, se encargan sobre todo de los alimentos y los deliciosos platillos, de los borda¬dos, del oficio de curar, de la cerámica y de las numerosas fiestas que se celebran a lo largo del año, para las que prepa¬ran la comida, las bebidas y se ocupan de la decoración del lu¬gar de la fiesta. Los hombres tienen a su cargo los productos primarios de la agricultura y la pesca; realizan los oficios mas¬culinos de la construcción, la carpintería, la confección de hamacas y la orfebrería, pero también se dedican a la música, la pintura y la poesía. Los hombres ponen sus productos en manos de las mujeres, que los comercializan. Las mujeres ad¬ministran todo el dinero, también los ingresos de la venta de dichos productos, y los salarios de los hombres, que siguen entregando íntegros los pocos asalariados existentes. Porque las finanzas son asunto de mujer.
¿Qué pasa con el erotismo y la sexualidad? Los muxe's son considerados especialmente eróticos. Cuando aparecen en las fiestas, pintados, enjoyados, con sus flores en el pelo y se sientan junto a las mujeres en las primeras filas alrededor del espacio para el baile, atraen todas las miradas, también las de los hombres, sentados en las filas traseras. Aunque ellos miran con disimulo para no ser objeto de las bromas que se gritarían al descubrir su interés sexual por el muxe'. En los últimos años, los muxe's se atavían en las fiestas con el traje, profusamente bordado, de las juchitecas en lugar de ponerse los pantalones negros y la camisa blanca correspondientes, hecho que des¬pierta malestar entre algunas mujeres, porque de ese modo ya no se pueden distinguir de las mujeres, a través de sus tra¬jes transformadas en reinas y con un prestigio similar. Se cuenta que una vez un muxe' terco contestó a la que le criticó: "¡Si yo soy más mujer que tú!". También se rumorea que esas mujeres se muestran tan críticas porque compiten con los mu¬xe's por la atención sexual de los hombres o de algún hombre en concreto. Porque los compañeros sexuales de los muxe's son hombres, pero éstos, no obstante, de ninguna manera son considerados homosexuales ni bisexuales.
La mayoría de los hombres tienen sus primeras experien¬cias sexuales con un muxe', algunos vuelven a repetir esa vi¬vencia de adultos, casi siempre en un fuerte estado alcoholi¬zado. Pero también hay hombres, aunque no sea muy frecuente, que tienen una relación estable con un muxe' sin que quede alterada por eso su condición masculina. De la misma manera, aunque también rara vez, existen muxe's que vi¬ven con una mujer y tienen hijos, sin que cambie para nada su condición de muxe'. Sin embargo, se condena el encuentro sexual entre dos muxe's, puesto que supone la ruptura de un tabú en las reglas de la conducta sexual.
¿Cómo explica nuestro sistema de categorías centroeuropeo esta forma diferente de abordar la identidad sexual? O mejor, ¿cómo se crea tanto allí como aquí la identidad sexual? Para contestar esta cuestión, es muy esclarecedor el resulta¬do de una pequeña encuesta que realizó un amigo austríaco entre los muxe's de Juchitán en el año 2004. Georg Brandenburg les preguntó durante su trabajo de campo "Transgender y normas sociales" que qué harían si tuvieran la posibilidad, como existe en Austria, de recibir asistencia médica y de convertirse en mujer mediante tratamiento hormonal y operación quirúrgica. A ninguno de los muxe's encuestados le pareció in¬teresante la idea, sino más bien extraña. Uno contestó: "No, eso no cambiaría nada. Entonces sería un muxe' en cuerpo de mujer". La identidad del tercer sexo, mejor dicho, la existencia del tercer sexo no se puede manifestar de manera más clara. Pues en Juchitán, la naturaleza y la construcción social del sexo no están separadas una de la otra como ocurre en el tér¬mino "género/gender"; más bien se considera que la natura¬leza siempre es conformada también por la sociedad: tanto la naturaleza de los muxe's, como la de las mujeres y la de los hombres. Por así decirlo, no existe la biología en estado puro.
En la definición de la pertenencia a un sexo determinado desempeña un papel importante el trabajo. Precisamente por¬que en Juchitán existe una estricta división del trabajo masculi¬no y femenino, resulta más fácil que surja un tercer sexo capaz de definirse en relación con ésta. Por el contrario, en Europa, últimamente respaldado por el deconstructivismo y el discur¬so del género, se considera que la disolución de cualquier asignación de sexo de acuerdo a la biología es requisito im¬prescindible para poder elegir libremente una identidad se¬xual más allá de la norma heterosexual. Tras esta idea se es¬conde la visión occidental de la naturaleza como el restrictivo reino de la necesidad, de manera que el desprenderse de la naturaleza parece ser un paso hacia la liberación de la hetero-sexualidad impuesta.
Gracias a la estricta división del trabajo, en la región del istmo zapoteca surge también un cuarto sexo: la marimacha. Se trata de mujeres que se identifican con los roles sociales masculinos, realizan trabajos propios de los hombres y viven casi siempre en una relación con otra mujer. A diferencia de los muxe's, que suelen decir que ya desde niños se veían más del lado de las mujeres, no pocas marimachas han llegado a serlo de adultas, a veces después de haber tenido hijos. Igual¬mente, a diferencia de los muxe's, a las marimachas no se las acepta con facilidad como un sexo diferente. Tal vez se deba al gran prestigio que tienen las mujeres en la sociedad de los binnizá; prestigio al que las marimachas renuncian al convertirse en hombre, mientras que los muxe' lo conquistan para sí. En cualquier caso, es el trabajo el que para todos determina el sexo.
En juchitán el trabajo es expresión corporal, es la conexión de la corporeidad humana, de la naturaleza humana, con la naturaleza circundante, con las materias primas de la natura¬leza y, por tanto, mediador entre ésta y la comunidad. A través del trabajo, la persona se realiza en su totalidad en el mundo, con su espíritu, su alma, su cuerpo, su sexualidad y su habili¬dad. Por eso, ser comerciante es una capacidad con la que nace la mujer juchiteca, por así decirlo, como segunda carac¬terística sexual distintiva. Por eso, un hombre que se dedica al comercio también es un muxe'. Y consecuentemente, son mu¬jeres las que se encuentran en los puestos del mercado y de las calles adyacentes, así como las que dirigen el comercio a larga distancia y los negocios bancarios. Y cuando después, en las fiestas, muestran las joyas de oro que han conseguido gracias a su trabajo, el observador intuye que este hecho va estrechamente ligado a su atractivo sexual. Desarrollar su ta¬lento de comerciante llena a la mujer de satisfacción y orgullo. Lo mismo sucede con los hombres y su vocación para la agri¬cultura y la pesca. Las mujeres en cambio no son agriculturas ni pescadoras, de no ser que sean marimachas. Como la actividad en sí significa a la vez un desplie¬gue de la vida, las juchitecas y los juchitecos no aspi¬ran a ser asalariados y tampoco a contratar a gente que les realice el trabajo.
De este modo, la economía en Juchitán está for¬mada por numerosas empresas autónomas, o "tra¬bajo por cuenta propia", no sólo con una clara divi¬sión de las tareas entre los sexos, sino también con una considerable partición de las mismas entre las mujeres. En Juchitán no hay amas de casa, todas las actividades se aprecian como productivas y se pue¬de comerciar su producto como mercancía. Única¬mente la mano de obra no se transforma en mercan¬cía. Cada mujer y cada muxe' están especializados en diferentes áreas de producción, que en Europa se consideran labores del hogar y suelen desempeñar¬se por una sola mujer, pero que allí están destinadas a venderse en el mercado: preparar cacao, almibarar la fruta, hornear los tamales, lavar y almidonar el ho¬lán del traje festivo, etc. De modo que toda la ciudad es un gran hogar que confluye en el mercado. Con otras palabras: el trabajo de subsistencia, o sea, el trabajo diario en lo que es necesario para sobrevivir, no se desprecia en Juchitán. Y a diferencia de lo que ocurre en Europa, el objetivo no es librarse de ese trabajo, sino hacerlo bien.
¿Será la fortaleza económica de la mujer lo que favorece que los muxe's sean aceptados socialmente y que las madres se alegren cuando uno de sus hi¬jos declara ser muxe'? Esta suposición se mantiene con fre¬cuencia, pero están sólo una media verdad. La verdad completa es que ese sistema social, económico y cultural se basa en una concepción de la naturaleza diferente a la nues¬tra. En cuanto la mano de obra se transforma en mercancía y el ser humano no realiza una actividad concreta que adquiere sentido por la utilidad inmediata de su resultado, en cuanto se trabaja por un deseo abstracto de un salario, desaparece el erotismo del quehacer y con él la posibilidad de que se realice la naturaleza humana mediante el trabajo.
Visto desde esta perspectiva, los muxe's no se hacen nin¬gún favor cuando empiezan a autodenominarse gays, cuando transforman su fiesta anual más importante en un show de travestís, animados por las cámaras de los turistas y las cade¬nas de televisión internacionales, y cuando llevan en otras fiestas comunitarias el traje festivo femenino juchiteco como si fueran drag queens. ¡Que las diosas de sus antepasadas los protejan de esta pérdida de identidad!

• Traducción del alemán: Carmen García del Carrizo
Extraído:
De la Revista Humboldt nº149 –Revueltas 1968… y cuarenta años después-, Goethe-Institut 2008, página 54-55

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