Existen muchas leyendas sobre científicos locos que hacían experimentos con cadáveres, también algunas sobre Nazis que no veían problema en tomar alguno que otro ser humano vivo para ampliar sus conocimientos sobre anatomía, pero no creo que esas historias se comparen con la que te voy a contar.
En un pueblo muy a las afueras de Sinsheim Alemania, hay una casa, que así como el pueblo, está apartada de todo lo demás, en la época en que sucedieron las cosas, esta casa era muy bella, encerrada en muros de dos metros de alto y con dos entradas a la mansión, una hacia el norte y otra hacia el sur, con un antejardín de hierba verde muy bien cortada y una fuente justo antes de llegar a la entrada de la casa. Blanca, imponente, con muchas habitaciones y una entrada que te haría sentir pequeño, como si entrases a un palacio.
Tras su muerte, todos pensaron que el horror de este hombre había terminado... ¿o no?
Arte: Norman Leguizamon
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