
Jurgen Petersen alcanzó el grado de Sargento de Infantería en el Ejército nazi en octubre de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Peleó con heroísmo al responder al llamado de Hitler para que los jóvenes alemanes se unieran al ejército alemán. Los que se sumaron a las filas de los nazis no eran sólo soldados nacidos en
Alemania
, sino también en otras latitudes del planeta. Tal era el caso de Petersen, nacido en Puebla, en 1923. Su sangre alemana lo hizo sentir un súbito patriotismo, rechazar la nacionalidad mexicana y viajar a Europa para pelear en contra los de los Aliados.

El de Jurgen Petersen no fue el único caso de mexicanos de origen alemán que decidieron tomar las armas y pelar por los ideales del enloquecido
Adolf Hitler
. El poderío territorial y militar que el Tercer Reich estaba manifestando por aquellos años, aunado a un resentimiento hacia los Estados Unidos, que ya tenía en su puño a varias naciones latinoamericanas (México entre ellas), hizo que cientos de jóvenes nacidos en México vieran con buenos ojos pelear a favor de la nación de sus padres y abuelos. Participaron en la defensa del territorio oriente de
Alemania
para frenar la avanzada del ejército soviético.
La gran mayoría de estos alemanes nacidos y radicados en suelo mexicano vivían en las fincas cafetaleras de Chiapas y Veracruz. El discurso apasionado e incendiario de Hitler, que llegaba a México a través de la radio, cine o panfletos, tuvo una fuerte repercusión en sus mentes y cayeron rendidos ante la propaganda nazi que exaltaba los valores arios de pureza y orgullo.

Con la estrepitosa caída de los nazis a manos del ejército Aliado, estos jóvenes, que pelearon con valor y astucia en el frente de batalla, intentaron recuperar la nacionalidad mexicana y regresar a su país una vez que se dieron cuenta que en
Alemania
no había un futuro claro para ellos. Algunos lo intentaron por la vía legal con éxito a través del consulado mexicano en Frankfurt; sin embargo, hubo casos de combatientes que tuvieron que recurrir a la ilegalidad para regresar a tierras mexicanas. Los que no podían regresar a este lado del mundo fueron recluidos en campos de concentración administrados por los Aliados.
El Certificado de Desnazificación

El trámite que todos buscaban superar con éxito era su demostración de no-alianza con el partido nazi, conocido como Certificado de Desnazificación. Aguardar el resultado era como arrojar una moneda al aire. La tensión y la angustia que vivían los ahora orgullosos mexicanos se sentía cada día que pasaba en el que su situación no parecía tener solución posible. El presidente de México en aquel entonces, Miguel Alemán Valdés, partidario de bajo perfil de las ideas nazis, ayudó a que muchos de estos jóvenes regresaran al país.

Varios nazis nacidos en
Alemania
, en un intento de escapar de Europa y rehacer su vida, intentaron hacerse pasar por mexicanos y obtener la documentación necesaria para venir a México, aunque no tuvieran conocimiento de lo que había en este país y qué harían en caso de que lograran el permiso. Algunos lo consiguieron, casi siempre por la vía ilegal.
Una vez que ingresaron a México, escaparon hacia territorios aun más lejanos como Argentina o Bolivia donde permanecieron ocultos durante varios años. Para lograrlo, contaron con la ayuda de una red de contrabando en la que participaba la Cruz Roja Internacional y altos mandos del Vaticano. Entre los criminales de guerra más famosos que pudieron escapar de la justicia en Europa de manera secreta se encuentran nombres como Adolf Eichmann, Josef Mengele o Klaus Barbie, hombre que más tarde sería socio de Pablo Escobar.
Los vínculos entre México y el Tercer Reich

La repatriación de mexicanos-alemanes consta en documentos del Archivo General de la Nación y en los archivos “Genaro Estrada” de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Durante la Segunda Guerra Mundial, ésta no fue la única relación existente entre México y
Alemania
. Desde 1938 hasta 1941, los nazis compraron petróleo al gobierno mexicano hasta que por presiones de Estados Unidos, nuestra nación se vio obligada a cortar el suministro a los europeos. Además, en la frontera norte de México, se estableció uno de los puestos de vigilancia más importantes para los alemanes, el cual tenía el objetivo de espiar los desarrollos bélicos e industriales de los Estados Unidos.
Aunado a todo ello, desde México se desplegó toda una red de espionaje que pretendía abarcar toda América Latina. La situación geográfica de este país era vital para los fines alemanes.
