Hola taringueros y taringueras. Hoy voy a contarles una historia que tiene como protagonista a Elliot Ness, El famoso policía, que metió en la cárcel al mafioso Al Capone, nunca pudo recuperarse del fracaso en sus esfuerzos por atrapar a Francis Sweeney, el primer criminal en serie norteamericano conocido como el asesino del torso.
Eliot Ness, quien realizó un trabajo excepcional como agente del Tesoro destinado al Departamento de la Prohibición en Chicago. Allí, junto a la brigada conocida como Los Intocables, luchó contra el crimen organizado y consiguió poner entre rejas a Al Capone, uno de los mayores criminales de la historia.
El 17 de octubre de 1931, Eliot Ness se convirtió en toda una celebridad cuando el mafioso Al Capone fue finalmente condenado a la cárcel por evasión de impuestos. Al frente de sus famosos 'intocables', Ness había protagonizado una guerra sin cuartel contra la mafia de Chicago y el formidable negocio ilegal crecido al calor de la Prohibición. Era, sin lugar a dudas, el héroe nacional.
La última formación de los intocables. Foto tomada en 1933 cuando, al derogarse la ley de la prohibición, se disuelve la Oficina de Prohibición de Chicago.
Posaron para la foto mientras estaban desalojando la oficina.
Posaron para la foto mientras estaban desalojando la oficina.
Y como tal llegó en 1935 a Cleveland, ciudad que le había nombrado director de Seguridad Pública, con competencias sobre todos los cuerpos, como la policía, los bomberos o protección civil. Su misión era luchar de nuevo contra el crimen organizado y el juego ilegal, pero se enfrentó con un caso totalmente distinto: el primer asesino en serie de Estados Unidos, que le mantuvo en jaque y acabó con su fama de eficacia, como relata J.M. Mulet en su reciente libro La ciencia en la sombra (Destino).
Cleveland durante los años 30
Los dos primeros cadáveres habían sido encontrados el 23 de septiembre por dos niños. Se trataba de dos hombres, uno de ellos identificado como Edward Andrassy y el otro sin identificar. Ambos, sin brazos ni cabeza y, en el caso del primero, con los órganos genitales también cercenados. La prensa, pues, lo tuvo fácil para bautizar al criminal: el Asesino del Torso (también conocido como el Carnicero Loco de Kingsbury Run, por la zona en la que fueron hallados).
Edward Andrassy, una de las primeras victimas
Los crímenes causaron conmoción, pero no fueron los únicos. Hasta doce cadáveres de ambos sexos fueron apareciendo hasta el 16 de agosto de 1938. La mayoría, compartían las características de las decapitaciones (en varios casos, fue ésa la causa de la muerte) y las mutilaciones. Nueve quedaron sin identificar y no se encontró ningún patrón consistente. La angustia se apoderó de una comunidad que aguardaba el hallazgo de nuevos cuerpos.
El agente de laboratorio de la Policía David Cowles junto a la máscara mortuoria de Edward Andrassy, la segunda víctima canónica de El Torso.
La presión llevó a Ness a involucrarse personalmente en la investigación. Confundiendo los métodos útiles para desarticular una organización mafiosa con los de caza de un asesino en serie, llegó a ordenar el desmantelamiento e incendio del enorme poblado donde se producían los hallazgos, infraviviendas construidas por el aluvión de trabajadores en paro que habían acudido a la ciudad buscando una oportunidad en plena Gran Depresión, y entre los que el asesino parecía escoger a sus víctimas. Esa intervención fue muy polémica, pero lo cierto fue que terminó con el conteo de víctimas, al menos con el oficial.
Momento en que se incendian las infraviviendas.
En cuanto a la autoría, la policía detuvo a Frank Dolezal, que había sido amante de Florence Polillo, una de las pocas víctimas identificadas. Tras un brutal interrogatorio, acabó confesando el crimen, pero en su relato existían muchas contradicciones que lo hacían poco creíble. El hecho de que apareciera convenientemente ahorcado en su celda antes del juicio, y de que la autopsia desvelase que tenía varias costillas rotas, lo que habría ocurrido durante su custodia policial, hizo que terminara descartándose "post mortem" que fuera el verdadero asesino.
Florence Polillo, la tercera víctima canónica de El Torso. A su lado, los restos de su cadáver hallados en enero de 1936.
En el centro, el falso sospechoso de los crímenes Frank Dolezal.
Quien sí estuvo convencido de haber hallado al culpable fue Ness. Una agente a sus órdenes, Virginia Allen, le había llamado la atención sobre Francis Sweeney, un médico con problemas psicóticos que tenía los medios y la capacidad para hacer las trabajosas manipulaciones que sufrían los cuerpos. El problema era que era sobrino de un famoso congresista, y pertenecía a una de las familias más poderosas de Cleveland. Aún así, Ness lo interrogó en una habitación de hotel durante largas sesiones, en las que Sweeney enfrentaba sus preguntas con una media sonrisa y sin responder realmente. Dos pruebas con el polígrafo indicaron que mentía. Cuando Ness llegó a acusarle directamente, él contestó, divertido: "¿De verdad cree que soy el asesino? Entonces, pruébelo".
Francis Sweeney, el excirujano alcohólico y violento que se convirtió en el sospechoso principal de los crímenes de El Torso.
Ness nunca lo consiguió. Sweeney se autorrecluyó en un psiquiátrico, lo que en la práctica hizo imposible que pudiera ser juzgado, y desde allí se dedicó a martirizar a Ness hasta la muerte de éste, enviándole constantemente postales en las que se burlaba de él por no haber resuelto el caso. Sweeney moriría en 1964. Para muchos, fue el verdadero Asesino del Torso, aunque el caso oficialmente nunca se resolvió, por más que algunos estudiosos hayan adjudicado al misterioso criminal la muerte de Elizabeth Short, la Dalia Negra, por las similares mutilaciones sufridas por ésta.
Algunas de las postales que Sweeney le mandaba a Ness. Las postales enviadas por Francis Sweeney fueron descubiertas cuando la mujer del hijo adoptivo de Eliot Ness legó a la Sociedad Histórica para la Conservación del Oeste un álbum de recortes con notas que había pertenecido a su suegro. En ellas, el sospechoso principal de los crímenes de El Torso se mofaba del exjefe de Los Intocables.
Ness acabó dejando el puesto en 1942, con el prestigio totalmente arruinado. Cayó en un grave pozo de depresión y alcoholismo, agravado por su fracaso cuando se presentó a alcalde y la pérdida de su trabajo en una empresa de seguridad. Convertido en una sombra de sí mismo, acabó poniendo su vida en forma de libro. Los intocables se convirtió, en 1957, en un sensacional best seller que acabaría trayendo consigo exitosas adaptaciones televisivas y cinematográficas. Ness nunca llegó a verlo: murió al poco de editarse por un infarto; tenía sólo 54 años.
Cartel de la candidatura de Eliot Ness para ocupar la alcaldía de Cleveland en 1947. El inspector nunca logró sobreponerse al caso de El Torso y todos los negocios en los que participó tras la Segunda Guerra Mundial resultaron un fracaso, al igual que sus pretensiones políticas.
SI DESEAN PASAR POR ALGUNOS DE MIS OTROS POST, ESTAN INVITADOS: