¿Entonces quién es culpable?
Recién escuchaba a Leopoldo Moreau repetir la frase "pero no son culpables ellos", en medio de su explicación acerca de cómo este gobierno ha estafado a los jubilados con la famosa reparación histórica.
La dijo en respuesta a la puntualización de Rolando Graña, de "muchos de ellos lo votaron a Macri y apoyaron la ley".
Entonces pensé...
¿Quién es culpable? ¿quién asume la responsabilidad?
¿Somos todos iguales en eso?
Esta es una antigua discusión.
Cuando en mi gremio hacíamos una huelga, quienes corríamos los riesgos éramos los activos, quienes poníamos la cara para reclamar y eventualmente enfrentar sanciones.
Sin embargo, cuando triunfábamos y la medida salía, ninguno de los carneros la rechazaba por no haber participado.
Nadie decía "a mí no me corresponde".
El aumento o la mejora era para todos y todos los agarraban.
Hoy, por motivos publicitarios queda bien decir que todos quienes pusieron a este gobierno en el poder son pobres víctimas engañadas, aún con todas las advertencias, aún con todos los beneficios que recibieron, aún cuando el historial de Macri y sus secuaces estaba a la vista de todos, tanto en su actividad empresaria de estafador del Estado como en su gestión endeudadora y remarcadora de impuestos en la capital.
Pues, no es así.
En todo caso, no hay que cerrarles la puerta en la cara.
O no darles un cachetazo cuando insisten aún con el "se robaron todo".
Quizás sea bueno tener paciencia política, comprensión, cordialidad y tolerancia.
Mucha paciencia porque gran parte de ellos volverá a votarlo en octubre y sigue clavada frente al televisor cuando el monigote Lanata sale a envenenarlos de odio.
Mas igualar, de ningún modo.
Porque ellos no son pacientes, tolerantes, comprensivos, cordiales.
Ellos se sintieron libres para expresar sus furias e insultos durante años. Ellos nos acusaron de cosas horribles sólo por apoyar un modelo político justo e inclusivo.
Ellos chillaban de alimentar vagos, expresaban su egoísmo para no pagar impuestos y se burlaban de la yegua con sus cadenas nacionales mientras les iba bien.
Y les iba muy bien porque la yegua trabajaba por ese objetivo, no porque fueran vivos. Trabajaba por ellos aún cuando la mayoría conspiraba y negaba colaboración.
Esos jubilados hoy hambreados, de los cuales muchos morirán anticipadamente sin ver arreglo alguno a este desastre, eran los que vieron recomponerse sus ingresos y condiciones durante años, fueron los que accedieron al beneficio sin tener los aportes suficientes, son los que tuvieron medicamentos gratis, y muchos de ellos decidieron tirar todo a la basura, arrastrando con ellos a otros que sí lo valoraron.
Esos ciudadanos honestos son los que verán a nuestro Estado volver a fundirse, cerrar empresas y perderse cantidad de inmensos logros, y continuarán por mucho tiempo culpándonos a quienes no avalamos este salvajismo.
Esos trabajadores que hoy están en la calle, esos comerciantes que no venden, esos empresarios que cierran, son los que se reían y burlaban viendo a Lanata, y con su decisión pusieron en quiebra o riesgo a muchos otros que no disfrutaron de ninguna risa.
Todos ellos continúan insultándonos, difamándonos, ofendiéndonos libremente cada día.
Como si tuvieran razón.
Entonces no importa si son estúpidos.
Esa no es excusa suficiente.
Ellos son los responsables.
No el gobierno que les dió todo lo que habían ganado desde 2003, ni quienes apreciaron ese beneficio.
En todo caso deben sentirse satisfechos de sólo empobrecerse.
En naciones como Camboya o Corea, además deberían temer por la venganza si la tortilla se dá vuelta.
Martín Alcala
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