Trabajando como..
La cronista de esta revista trabajó en uno de los portales de Internet más visitados en España por los que buscan sexo a través de una cámara. Historia de una mujer que se desnudó para otros hombres y que también estuvo del otro lado, como un fisgón más dentro del mundo del cibersexo.
La cronista de esta revista trabajó en uno de los portales de Internet más visitados en España por los que buscan sexo a través de una cámara. Historia de una mujer que se desnudó para otros hombres y que también estuvo del otro lado, como un fisgón más dentro del mundo del cibersexo.
por Gabriela Wiener
Todo el día de hoy no he hecho más que portarme bien. Soy una chica normal, voy en subte, trabajo todos los días en una oficina, me llevo bien con mis vecinos. Pero, aunque es difícil de creer, la ilusión de normalidad, todo aquello que me une con la cajera del súper o la moza del bar de abajo, es un disparador para las fantasías de la legión de morbosos que hoy se conectarán a Fisgónclub. La normalidad te hará sexy. Fisgónclub es la web de sexo amateur, directo e interactivo, en la que me he instalado para dejarme ver desnuda por la mirilla de la puerta del siglo: mi webcam.
Es cierto que no soy precisamente virgen en esto del cibersexo, pero una cosa es hacerlo alguna noche por el MSN y otra muy distinta es ser parte de un club en línea de chicas que se exhiben y se tocan a gusto del cliente y a cambio de dinero.
Pese a que hay sexo y una transacción económica de por medio, no se trata precisamente de prostitución virtual. Para la empresa que nos reúne y programa —de aquí en adelante, Mátrix , porque aquí también estamos conectadas en calidad de fuentes de energía humana— somos “artistas” o, por lo general, “modelos”, aunque el término exacto para definirnos es “webcamers”.
Una webcamer es a una puta lo que una stripper es a una actriz porno. La webcam es una especialidad como cualquier otra dentro del mundo del entretenimiento. La mía es meterme en la cama para prestarservicios sexuales sin derecho a roce. Aunque ellos pagan, yo tengo el poder. En realidad soy mucho peor que una puta. Las putas entregan su cuerpo pero no su alma. Yo ni siquiera el cuerpo. Moraleja: ser objeto sexual es divertido cuando no te pueden echar mano.
Si algo está claro es que yo soy mejor que cualquier peli porno. Soy una película que te saluda, que te llama de manera cariñosa y si querés hasta puede charlar con vos. Algunas actuamos con antifaz o peluca, otras muestran la cara sin saber si el que se masturba al otro lado es un conocido, incluso un familiar. Allá ellos. A algunas les da morbo que un hombre las reconozca en el ascensor. Pero lo nuestro es la interpretación, la puesta en escena de fantasías de gente que ni siquiera es gente, de avatares, de espectros dueños de nicks ridículos que nos piden introducirnos los dedos en la vagina, introducirnos vibradores, cualquier cosa que puedan imaginar como sus penes. Los pocos fisgones que tienen encendidas sus webcams, las dejan fijas enfocando sus discretos miembros erectos mientras imaginan que la mano que los coge no es su propia mano sino nuestra mano. Pegan sus glandes a nuestras bocas hechas de píxeles y expulsan sus lluvias digitales sobre nuestros cuerpos de pantalla plana. ¿Qué nos diferencia de un personaje de videojuego? No somos Lara Croft, sino la perra de la vecina. Por eso nos aman.
La imagen tarda un poco en cargar, pero allí estoy. Éste es mi espejo. Sola y lista para transmitir. Mierda, mierda, mierda, digo como en el teatro. Yo soy: “Sexógrafa. 25 añitos. Empleada. Pechos grandes, lengua larga”. Así me he publicitado durante toda la semana, con una serie de mentiritas piadosas (para mí misma). Pero la mentira está apunto de acabar. Me verán en directo. Me dirán quién soy. Una imagen congelada de mi escote anuncia lo que está más allá de un clic.
Me he situado en mi habitación, el lugar más privado de casa, sobre mi cama matrimonial he desplegado una sábana blanca y posado sobre ella la portátil color labios-rojos-de-Lolita. La he abierto como si abriera una persiana y mis vecinos de decenas de edificios virtuales pudieran asomarse a ver cómo hago el amor conmigo misma.
¿Qué nos diferencia de un videojuego? No somos Lara Ccroft, sino la perra de la vecina.
Aunque todavía no estoy al aire puedo ver mi reflejo, puedo ver lo que verán. Me preparo como si fuera a tener sexo real. Sigo obedientemente la liturgia de la higiene, de la depilación, del vestuario sexy. Lencería negra, medias de red y maxigafas en la ilusión de no ser reconocida: mi disfraz. Pongo a mi alcance dos vibradores, uno negro y el otro groseramente grande. Me preparo para un puñado de internautas que están ahora mismo en sus casas, tan solitarios como yo y esperando que los acompañe, los abrace con mi cercanía sin olor, con mi suavidad sin tacto, con mi desnudez sin cuerpo. Tercera llamada. Debo admitir que ahora mismo atravieso un repentino ataque de pánico escénico.
Es distinto cuando se está del otro lado. Ayer no era sexógrafa sino un onanista en pijama y con la mano dentro del pantalón llamado Feliciano.Estuve chateando con las chicas. Tienen entre 18 y 50 años y, muchas de ellas, ni siquiera son lindas.
Mátrix tiene un servicio de moderación las 24 horas. El chico que se encarga es un testigo silencioso. Está presente en todas las conversaciones, atento a las vicisitudes de las webcamers y tiene la potestad de expulsar a las personas que insulten o intenten humillarlas. —La gente se conecta para masturbarse, para tener su rato de morbo, pero detrás hay chicas que son seres humanos y necesitan sentirse atendidas.
A Virginia, la psicóloga del sitio, le toca cumplir el papel de madre y guía espiritual. Las chicas la llaman para contarle que tienen una infección vaginal y preguntarle qué contestar en esos casos si alguien les pide que se metan algo. O para consultarle cómo pueden trabajar con la menstruación.
En la Home están todas como en un lujoso escaparate, pinchando sobre ellas puedo entrar a cada una de sus habitaciones. Para llegar aquí, todas pasaron por una entrevista y un casting en el que tuvieron que desnudarse. No buscaban cuerpos perfectos, operados y sin gramos de grasa, sino personalidades morbosas. Los criterios nunca son estéticos. Según Virginia, el usuario no quiere ver porno profesional. “Esto es casero, estamos acercándonos a la realidad, buscamos excitación”.
Fuera de la realidad virtual las webcamers son vendedoras, mozas, hay algunas amas de casa, estudiantes, profesoras de aeróbic, peluqueras, redactoras, varias administrativas, una de Recursos Humanos, una nutricionista, una publicista y una masajista. “Lo principal es que aquí la mayoría lo hace porque le divierte”.
Pueden organizar su horario, pero no pueden permitirse conocer al usuario ni dar datos personales. Está absolutamente prohibido. Para muchas es el trabajo ideal, si hoy no pueden lo dejan para el día siguiente. El pago va en función de las horas emitidas, del tráfico y de los usuarios que logren atraer. Pueden llegar a ganar 2.000 euros al mes por ocho horas diarias de emisión. Pero lo habitual son 900 euros por seis horas.
¿En serio se divierten?
Feliciano (o sea yo) me encontré excitándome un poco viendo y chateando con Alicia: 800 euros al mes por cinco horas emitiendo. Es la estrella de nuestra web, y está claro que no por sus medidas. Es pequeña, delgada, de ojos achinados, tiene el cabello oscuro y piercings en los labios. Lo que pasa con ella es que, precisamente, se divierte. Ahora por ejemplo junta sus delicados y blancos pechos y saca la lengua como si fuera a saborearlos. Hace cinco años se dedicaba a clavar agujas en las partes tensas de la gente.Tiene título de acupunturista, pero como con lo que ganaba no llegaba a fin de mes empezó a trabajar como telefonista en la línea erótica de Mátrix . Al poco tiempo, ya estaba trabajando con la webcam.
Mátrix la tiene como una de sus hijas predilectas y cuando a algún canal de televisión se le ocurre hacer un reportaje sobre webcamers ella va con una peluca a contar sus experiencias. Porque lo suyo es verdadera pasión por las cámaras. En sus ratos libres es autora y protagonista de pelis amateurs queno sólo tienen el componente pornográfico, también se diría que en ellas hay intención y ciertas ideas que entusiasman. A veces la filma su novio. Mi preferida: una parodia pornográfica de Alfred Hitchcock, en riguroso blanco y negro con todas las legendarias tomas calcadas, y en la que el clásico puñal asesino es reemplazado por un vibrador anal que deja a la protagonista literalmente muerta.
Las mujeres aquí Pueden llegar a ganar 2.000 euros al mes por ocho horas diarias de emisión. Pero lo habitual son 900 euros por seis horas.
—¿Puedes mostrarme el culo?
—le dijo tímidamente a Alicia mi álterego Feliciano.
—Claro, guapo. Lo que quieras. Míralo,ahí lo tienes.
Me sentí complacida con su obediencia. Alicia suele trabajar por las mañanas. Por lo general, atiende a ejecutivos, mandos medios, jefecitos con corbatas y despachitos propios que a las 11 ya empiezan a tener un poco de apetito y lo sacian con ella.
Hay algunos que están enganchados. Ya Alicia no sabe qué inventar para entretenerlos. Son sus clientes fijos y por tanto, dinero garantizado. Puede pasarse varios meses con un tipo que se ha obsesionado y que seconecta a veces sólo para conversar. Alicia es sin duda la relación más profunda en la vida de muchos de esos sujetos. Le piden de todo. Un pedido muy común es ver su habitación. La gente ya no quiere sexo, la gente demanda intimidad, se excita viendo los cajones donde guarda su ropa interior, viéndola jugar dominó con su novio o acariciando a sus gatitos.
—También me piden que tenga sexo con mis perros, pero están muy equivocados.
Yo siempre les digo que a los animalitos se los respeta. Dejé a Alicia con sus animales. En los últimos minutos, Feliciano se había hecho una fama de moledora entre las chicas y el resto de usuarios. Con mi privilegiado acceso VIP estuve con todas y el tiempo que me dio la gana. Pude jugar con ellas a mi antojo, usarlas un momento y dejarlas en lo mejor de sus performances para irme con otra. Allí estaban Sarita Dinamita, Tetoncita Deliciosa, Desvelada, MartaHot, LucySex, Ninfómana Motera y Desempleada Mimosa fingiendo desearme y enseñándome sin quererlo el arte de la seducción 2.0. Tuve algún intercambio sexual con cada una de ellas.
Y como Mátrix también tiene una sección “latinas”, Feliciano y yo no pudimos resistir la tentación de visitar a nuestras hermanas latinoamericanas. Sin darnos cuenta habíamos salido ya de España, del hemisferio norte y aparecido, como por arte de magia, en la habitación de un barrio pobre de una ciudad del Sur y escuchábamos esa entonación, esa “voz cantadita”, esos diminutivos a flor de boca que nos hicieron sentir como en casa:
—Hola Feli, mi amor, cómo estás, corazoncito. ¿Ya estás calientito? Huy, qué rico, mi vida. ¿Quieres que juguemos un ratito?
Era Perla, una chica colombiana que me trataba como el Elegido. Así que decidí que me masturbaría con ella. Le dije que me dijera J, el nombre de mi marido, como si yo me llamara así. Usé mi vibrador y acabé rápidamente, mientras me llamaba J, en perfecta sincronía con sus movimientos y gemidos, que fueron de menos a más hasta simular lo que podría definirse como la entrega absoluta de una webcamer: algo así como el punto culminante del servicio interactivo y que nunca sabrás si es realmente un orgasmo simultáneo. El tipo de experiencia que te deja vagamente satisfecho y te hace regresar pordonde viniste.
Feliciano (o sea yo) volvió a la carga, insaciable de experiencias, sobre todo porque llamó su atención una frágil y lánguida muchacha argentina, Melissa (20), que dormitaba en su cubículo. Porque las latin queens no emiten desde sus casas, sino desde estudios alquilados entre varias chicas, cada una con su computadora, en cuartos separados por vigas de madera que dejan filtrar el ruido de los costados. Y Feliciano, con la mente ágil y la frescura posorgasmo, empezó acoquetear con ella, haciendo chistes, un anónimo enamorándola en su ruinosa soledad, escribiendo frases ingeniosas y haciendo reíra la chica.
Finalmente, Feliciano y yo nos fuimos por donde vinimos, pero primero le dijimos cobardemente a Melissa que en realidad éramos sólo una chica en pijama. No me despedí de Melissa, sino que permanecí en silencio unos minutos viendo su cara de estupor justo antes de desaparecer para siempre.
Tercera llamada. Timbre. Salir. Ahora estoy del otro lado. Esta noche soy la única de las webcamers de Fisgónclub que se ofrece en la opción tarifa plana: 40 euros, aunque podés darte un paseo por mí durante 24 horas a sólo dos euros. Para las vips hay que pagar bonos que van de los 30 pormedia y 60 euros por una hora de voyerismo. Soy accesible pero tampoco barata.
Por fin estoy en directo, alguien entra al chat. Tímidillo: “Hola, estás muy buena”. Compruebo que escucha mi voz: “Es mi primera vez”, digo. “Relajate —dice Timidillo—, lo estás haciendo bien, tienes mucho arte, tu voz me calienta”. Y me pide que le muestre las tetas. Como no quiero hacerlo, agarro mi vibrador en forma de pene de color marrón y me lo meto a la boca. Les gusta.
El nudismo obligado me inquieta. Les muestro mi anillo de casada. Los chicos hacen bromas.“¿Por qué no traes a tu esposo?”, me dice Pollón54. Ya hay cuatro conectados. No puedo aguantar la risa. Qué me pasa. Son las pocas tablas o que todavía me queda algo de sentido del ridículo. Tengo que salir de la habitación. Les digo que voy por mi marido, que no sevayan.
Salgo para reírme a carcajadas y veo a J, que también está conectado a Mátrix . Veo en la pantalla de su computadora mi cama, el lugar que acabo de dejar vacío para salir a reírme llena de inseguridad, de miedo que alguien me diga fea, de que me dejen sola, de que me traten como Feliciano trataba ayer a las chicas. ¿Cuál de todos sos vos?, le digo a J. ¿Cuál es tu nick? Pero J no me lo quiere decir. ¿Sos Timidillo? No consigo que me lo diga. Tampoco que me acompañe. Esto lo tengo que hacer sola. No saber cuál de todos ésos es mi marido es un plus al delirio general que experimento. Regreso. Josetomás me pregunta que dónde está mi esposo. ¿Será el propio J que pide que venga J? Les digo que no quiere venir. Pienso en hacer algo trascendente para que sientan que no están tirando su dinero a la basura. Entonces memasturbo con otro de mis vibradores, supongo que un poco excitada por haber llamado su atención, y tengo un fuerte orgasmo en directo pero, como el audio falla, no se dan cuenta.
Pollón54 se impacienta: “Muestra las tetas”. Me las agarro con una mezcla de sentimiento de absurdo, cachondez y risa histérica. “Las tetas,coño”, grita Miron25. “Pezón, pezón, pezón”. Decido que es el momento de desnudarme por fin. Lo hago. Me pongo de pie. Pueden verme tal como soy, sin ningún filtro. Siento como si vitorearan. Estoy desnuda, a dos euros y un clic de quien me quiera. La excitación sube como una ola. Entonces apago la computadora y me pongoa ver la tele. No soy una webcamer, soy una calientapavas ·
Nota de la Revista SH, del Fan de Facebook.