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El día en que un Panzer Tiger venció a 21 tanques aliados

Offtopic•10/15/2017
Decía el general Patton (considerado por muchos como un petulante) que en la guerra no son válidos los héroes que mueren por su país, sino los soldados que hacen que «otros cabronazos» fallezcan por el suyo. Si interpretamos esta frase al pie de la letra, el capitán Michael Wittmann -uno de los tanquistas más condecorados del régimen nazi- sería el perfecto prototipo de militar, pues destruyó durante el Desembarco de Normandía la friolera de 21 carros de combate británicos y otros tantos vehículos de transporte a lomos de su «Panzerkampfwagen VITiger». La humillación fue de dimensiones gigantescas, pues el oficial perpetró esta acción en apenas 15 minutos, sin la ayuda de sus compañeros y a sabiendas de que se encontraba solo frente a cientos de enemigos.

La historia de Wittmann nos habla de valentía, de heroicidad y de maestría al volante. No es para menos, pues es el tercer «as» nazi de los carros de combate que más bajas causó durante la Segunda Guerra Mundial al acabar con 141 tanques enemigos, 132 cañones anticarro y otros tantos vehículos de transporte y reconocimiento.


Michael Wittmann sobre su carro.

Una batalla épica camino a Normandía.

Así pues, corrían aproximadamente las ocho de la mañana, llegando a Villers-Bocage, cuando, con la brisa mañanera rozando la cara de Wittmann, este explicó su plan a Kurt Sowa, Herbert Stief, Georg Hantusch y Jürgen Brandt –los comandantes del resto de carros-. Sus órdenes, según les dijo, eran llegar hasta la Cota 213 (ubicada a un kilómetro y medio del pueblo) y evitar que fuese tomada por las tropas británicas.

Allí le esperaban 4 carros de combate Sherman, muy veloces y maniobrables, pero poco efectivos contra su gigantesco ingenio nazi. Así pues, cuando llegó hasta esa zona (ubicada dentro del pueblo) solo tuvo que disparar en tres ocasiones y tres de estos vehículos explotaron al instante. Mientras el pánico cundía entre los soldados de Churchill, nuestro protagonista dio orden de rodar a toda máquina sobre Villers-Bocage. Al fin y al cabo, de momento nadie podía detenerle.

«Los restantes Cromwell supervivientes del cuartel regimental del 4º “City of London Yeomanry”, bajo el mando del Capitán Patrick Dryas -quien se había ocultado en una de las calles laterales para evitar ser alcanzado- entraron entonces en acción. Dryas esperó a que el Tiger de Wittmann pasase por delante suya para ir tras él e intentar destruirlo con un disparo por retaguardia. Por su parte, el Escuadrón “B” estaba ya en alerta y comenzó a maniobrar para enfrentarse a la amenaza. Cuando el Tiger pasó de largo de su posición de emboscada, Dyas dio la orden de marchar tras el carro alemán. Pocos metros más adelante, Wittmann se topó frontalmente con un Sherman “Firefly” perteneciente al Escuadrón “B”. El “Firefly” abrió fuego en primer lugar alcanzando al Tiger, pero el proyectil rebotó inofensivamente sobre su blindaje frontal», completa Ormeño Chicano. El nazi le devolvió el golpe.


Villers-Bocage luego del paso del Tiger de Wittmann.

Todavía sin creerse que aquel disparo no hubiese hecho explotar su carro de combate (los «Firefly» podían dañar a los «Tiger» si se encontraban a menos de 800 metros de ellos) Wittmann ordenó dar media vuelta a la mole de metal. Curiosamente, al hacer esta maniobra destrozó un trozo considerable de pared que cayó sobre el Cromwell que le perseguía, el de Dyas.

Este, por su parte, abrió fuego sobre aquel asesino sobre orugas. No obstante, la bala rebotó en el casco. Lo mismo sucedió con el siguiente disparo. Nuevamente, había quedado demostrado por qué este tanque germano era tan temido por los aliados. Con todo, y sabedor de que la parte trasera del vehículo (sobre la que estaba disparando el británico) era la más débil, el germano ordenó cargar un proyectil a toda prisa para acabar con su contrario. A los pocos segundos, del cañón de 88 salió un fogonazo que hizo saltar por los aires el carro inglés. Milagrosamente, Dyas logró salir vivo de la posterior bola de fuego que se creó.

Con la adrenalina recorriendo su cuerpo, Wittmann estuvo a punto de ordenar avanzar sobre una plaza en la que había ubicados 4 carros de combate enemigos (entre Cromwells y Shermans «Firefly») y un cañón contracarro de seis libras (unos 57 milímetros). Sin embargo, finalmente mantuvo la cabeza fría y ordenó al conductor seguir camino hacia la cota 213.

Allí, sería un buen refuerzo para sus compañeros. «Wittmann alcanzó pronto la Cota 213 y se reunió con sus cuatro Tiger. Con la incorporación de nuevos vehículos, un total de trece carros atacarían ahora la ciudad desde tres de sus lados. En la calle principal, el Tiger de Wittmann fue alcanzado por un cañón anticarro, pero sin consecuencias. Tras un certero disparo con un proyectil rompedor el cañón fue destruido», añade el experto.

No obstante, sus compañeros no tuvieron tanta suerte, pues dos «Tigers» fueron destruidos por el fuego combinado de tanques enemigos y cañones contracarro. Incluso el blindado del héroe nazi de Villers-Bocage recibió un disparo que acabó con sus orugas. Inmovilizada aquella perfecta máquina de combate, Wittmann dio la orden de abandonar el vehículo, coger los subfusiles y pistolas que hubiese a bordo, y correr a todo prisa hacia el campamento germano más cercano.

El ataque final habría fallado, pero este oficial había cumplido con creces su deber de cara a Adolf Hitler. «Wittmann había logrado destruir un total de 21 carros de combate enemigos y un número sin cuantificar de semirougas y transportes de tropas. Después, a pie, y en territorio enemigo, Wittmann y su tripulación lograron recorrer los quince kilómetros que los separaban de su unidad hasta alcanzar el cuartel de la “Panzer Lehr”, dónde informaron de la situación».

El total de bajas conseguido por su unidad no fue menos sorprendente. De hecho, aquel día quedó demostrado lo que podían hacer media docena de Tigers con comandantes veteranos a sus mandos.

«Tanto en los combates en el interior de la ciudad como en sus alrededores se destruyeron unos 30 carros de combate británicos así como un número significativo de otros tipos de vehículos durante la mañana de 13 de junio de 1944. Según las cifras oficiales del diario de guerra inglés se perdieron un total de 20 Cromwells, 4 Sherman "Fireflys", 3 M5A1 Stuarts y 3 M4 Shermans, junto con 16 transportes Bren-Carriers y 14 semiorugas M3, en total 60 vehículos.


Wittmann recibiendo una medalla de Hitler.

Muerto en combate

El 8 de agosto de ese mismo año, el «as» de los tanques nazis luchó su última batalla en una campiña cerca de Gaumesnil (al sur de Caen). Y es que, según informó el «SS-Hauptsturmführer» Höflinger -ubicado en un Tiger cercano al de nuestro protagonista- Wittmann fue alcanzado y su blindado, destruido. No hubo supervivientes. A día de hoy, existen multitud de teorías sobre quién acabó con el alemán, pues son decenas las unidades aliadas que se atribuyen su destrucción. Con todo, la más aceptada es que cayó por un disparo de un «Firefly» británico.


Sherman Firefly

Después de que este «as» de los tanques muriese, tanto sus restos como los de su tripulación fueron enterrados cerca de su carro de combate. Eso provocó que, en las semanas posteriores, fuera imposible para las autoridades germanas hallar su cuerpo. Hubo que esperar hasta 1983 para que, durante una obra rutinaria, se encontraran sus cuerpos, los cuales fueron identificados gracias a las piezas dentales. Una vez hallado, el cadáver de Wittmann fue llevado hasta el cementerio alemán de La Cambe, en Nomandía, donde su enterramiento fue decorado con una placa en su honor.


Panzerkampfwagen VI Tiger

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