Yesika Medina notó que la gente la miraba de manera diferente, tu que dices ella era diferente?...
Trabajaba de camarera detrás de una barra. «Pensaban que era travesti». Su cara cambió poco a poco con los años. «Yo me veía fea pero lo asociaba a la edad», asegura. El diagnóstico de acromegalia le llegó a los 32 años pero diez años antes empezó con los síntomas que se controlaban con los periodos en los que tomaba la pastilla anticonceptiva.
Para que sepas, la acromegalia es una enfermedad crónica, causada por una lesión de la glándula pituitaria, que se caracteriza por un aumento de tamaño de las manos, de los pies, de las mandíbulas y de la nariz.
«Empecé a tomar pastillas anticonceptivas a los 19 años y creo que eso hizo que se retrasara la aparición de los síntomas. «Me veía la cara más rara, el pie me creció un número, aumenté de estatura». Los síntomas aumentaron con el embarazo «pensé que desaparecerían cuando tuviera a mi hijo, pero no fue así. Mi médico no sabía qué hacer conmigo y me envió al internista. Tuve la suerte de que conocía la enfermedad y en cuanto me vio lo sospechó».
A Yesika le extirparon el tumor de la hipófisis y ahora sólo acude a revisiones periódicas.
Trabajaba de camarera detrás de una barra. «Pensaban que era travesti». Su cara cambió poco a poco con los años. «Yo me veía fea pero lo asociaba a la edad», asegura. El diagnóstico de acromegalia le llegó a los 32 años pero diez años antes empezó con los síntomas que se controlaban con los periodos en los que tomaba la pastilla anticonceptiva.
Para que sepas, la acromegalia es una enfermedad crónica, causada por una lesión de la glándula pituitaria, que se caracteriza por un aumento de tamaño de las manos, de los pies, de las mandíbulas y de la nariz.
«Empecé a tomar pastillas anticonceptivas a los 19 años y creo que eso hizo que se retrasara la aparición de los síntomas. «Me veía la cara más rara, el pie me creció un número, aumenté de estatura». Los síntomas aumentaron con el embarazo «pensé que desaparecerían cuando tuviera a mi hijo, pero no fue así. Mi médico no sabía qué hacer conmigo y me envió al internista. Tuve la suerte de que conocía la enfermedad y en cuanto me vio lo sospechó».
A Yesika le extirparon el tumor de la hipófisis y ahora sólo acude a revisiones periódicas.