FAMILIA Y ESCUELA
Vivimos tiempos difíciles. Quizá los más difíciles de la historia, si es que se pudiera medir. Pero la verdad que muchos de nosotros nos sentimos cotidianamente presionados por innumerables causas: el trabajo, los requerimientos económicos, las cuestiones ambientales, la inseguridad social. Entre esas cusas de tensión y preocupación se destaca mucho y hoy en día la referida a la crianza y educación de los chicos.
¿Y por qué? Se preguntara usted, si chicos hubo siempre y adultos también, y familias, y escuelas… Claro, pero las condiciones de las sociedades actuales, la velocidad de los cambios en tecnología y en las costumbres hacen que ni los niños ni los grandes, ni las familias ni las escuelas de hoy sean como las de hace cien años. En otras épocas, por ejemplo, aquello de lo que tenía que ocuparse la familia y lo que correspondía a la escuela estaba bien determinado. Nos gustara o no, cada uno tenía su rol y además entre ambas instituciones había una especie de alianza tacita respecto de lo que era mejor para los chicos. Hoy, en cambio, ambas parecen estar disconformes con la tarea de la otra, además de la enorme diversidad de escuelas y familias y la multiplicación de los criterios acerca de lo que está bien y de lo que está mal.
En realidad, debemos decir que la tarea de criar adecuadamente a un chico en estos tiempos requiere un acuerdo entre ambas instituciones. En general, ninguna de las dos puede sola. Y, en lugar de rivalizar, sería bueno que pudieran aliarse para cuidar y promover mejor a sus chicos.
En realidad, debemos decir que la tarea de criar adecuadamente a un chico en estos tiempos requiere un acuerdo entre ambas instituciones. En general, ninguna de las dos puede sola. Y, en lugar de rivalizar, sería bueno que pudieran aliarse para cuidar y promover mejor a sus chicos.
Este es un tema complejo, pero en principio, vaya esta primera sugerencia: señor o señora, si usted es docente, piense unos minutos como padre o madre. Real o virtual. Sienta en lo más profundo de esa condición y trate de identificarse con sus enormes desafíos. Si usted es padre o madre, ubíquese por un momento como alguien que durante varias horas, todos los días, debe tratar de contener, cuidar y hacer crecer a chicos como el suyo, pero también a innumerables y muy diferentes otros. Esto en condiciones siempre favorables. Y bajo la mirada vigilante y a veces acusatoria de “todos esos padres”. Para empezar, creo que no está mal este ejercicio.
Vivimos tiempos difíciles. Quizá los más difíciles de la historia, si es que se pudiera medir. Pero la verdad que muchos de nosotros nos sentimos cotidianamente presionados por innumerables causas: el trabajo, los requerimientos económicos, las cuestiones ambientales, la inseguridad social. Entre esas cusas de tensión y preocupación se destaca mucho y hoy en día la referida a la crianza y educación de los chicos.
¿Y por qué? Se preguntara usted, si chicos hubo siempre y adultos también, y familias, y escuelas… Claro, pero las condiciones de las sociedades actuales, la velocidad de los cambios en tecnología y en las costumbres hacen que ni los niños ni los grandes, ni las familias ni las escuelas de hoy sean como las de hace cien años. En otras épocas, por ejemplo, aquello de lo que tenía que ocuparse la familia y lo que correspondía a la escuela estaba bien determinado. Nos gustara o no, cada uno tenía su rol y además entre ambas instituciones había una especie de alianza tacita respecto de lo que era mejor para los chicos. Hoy, en cambio, ambas parecen estar disconformes con la tarea de la otra, además de la enorme diversidad de escuelas y familias y la multiplicación de los criterios acerca de lo que está bien y de lo que está mal.
En realidad, debemos decir que la tarea de criar adecuadamente a un chico en estos tiempos requiere un acuerdo entre ambas instituciones. En general, ninguna de las dos puede sola. Y, en lugar de rivalizar, sería bueno que pudieran aliarse para cuidar y promover mejor a sus chicos.
En realidad, debemos decir que la tarea de criar adecuadamente a un chico en estos tiempos requiere un acuerdo entre ambas instituciones. En general, ninguna de las dos puede sola. Y, en lugar de rivalizar, sería bueno que pudieran aliarse para cuidar y promover mejor a sus chicos.
Este es un tema complejo, pero en principio, vaya esta primera sugerencia: señor o señora, si usted es docente, piense unos minutos como padre o madre. Real o virtual. Sienta en lo más profundo de esa condición y trate de identificarse con sus enormes desafíos. Si usted es padre o madre, ubíquese por un momento como alguien que durante varias horas, todos los días, debe tratar de contener, cuidar y hacer crecer a chicos como el suyo, pero también a innumerables y muy diferentes otros. Esto en condiciones siempre favorables. Y bajo la mirada vigilante y a veces acusatoria de “todos esos padres”. Para empezar, creo que no está mal este ejercicio.