2018 se presenta como un año pos electoral pero con características propias. Un estado argentino liderado por Mauricio Macri como un dirigente que aprovecha su cuarto de hora tratando de imponer su propia agenda. Hasta el momento, el legislativo le dio la derecha y consiguió medidas de gran vuelo político que afianzaron su liderazgo pero que endurecieron aún más la grieta.
No es un tema menor despreocuparse de ese universo, sin intentar incluirlo pues en bruto es el voto negativo, y que al oficialismo el hablar de urnas le genera cierta incertidumbre por su escases de votos propios.
Si lo que hizo en dos años es profundizarla, esta sobre la base de su desequilibrio, y creando un monstruo a corto plazo, pues cada despechado se pasa de bando y cada vez resulta más difícil recuperarlo. Y por lo desacertado de sus medidas económicas mucha gente cae por derrame del sistema sin poder contenerlo por falta de ideas más que de recursos.
Por aquí podemos descubrir la primera falla, que la oposición va a capitalizar y si se organiza seriamente le puede dar serios dolores de cabeza.
Pero tampoco debemos olvidar a los socios del ejecutivo que observan detenidamente las jugadas del presidente. Por un lado lo tenemos a Héctor Magnetto, una pieza clave para su imagen en todo el proceso. Y por el otro al poder judicial un aliado estratégico para destruir a cualquier enemigo que les enfrente y tranquilidad en el orden interno.
Dos pilares donde se construyó su poder. Cualquiera podría decir que son sostenes para siempre, pues sin esas alianzas puede quedar al descubierto las falencias más oscuras de Cambiemos.-
¿Pero son amigos incondicionales?
Según se observan los editoriales del grupo Clarín, empiezan a sospechar que tal alianza está transitando sobre arena movediza. No ven con buena cara que el presidente imponga su propia agenda sin antes consultar. Soltarle la mano a Macri tiene dos lecturas, primero es asestarle un golpe duro a la estrategia de generar confianza con humo y segundo la posibilidad de que el mismo Magnetto con su poder marquetinero vuelque sus objetivos en otra plataforma.
La prisión de Cristóbal López no cayó muy bien en muchas editoriales, y lo tomaron como una advertencia del ejecutivo hacia la casa Clarín.
Del poder judicial poco se sabe, pero ya hay ciertas diferencias que salen a la luz. La prisión de muchos Kirschnerista flojos de papeles, ha impulsado un torbellino de miedos hasta en su propio seno. En muchos casos la falta de un contexto legal hace dudar de la credibilidad de sus decisiones. Se viven momentos de tensa preocupación por la posibilidad de que el efecto boomerang los salpique.
2018 va a ser un año de mesa de negociaciones, que el presidente va a tener que resolver con muchísima muñeca política porque se juega el liderazgo y la reelección. Parece una tarea difícil si armamos el andamiaje político actual con los desórdenes socio económicos que afrontamos.
Si los brotes verdes que tanto nos cuentan no los vemos en la calle, el esfuerzo será en vano. El cuento de que vamos por buen camino se angosta y la paciencia también.-